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Eclesiástico (Sirácide) 36

Santa Biblia Martín Nieto

1Ten piedad de nosotros, oh Dios del universo, míranos y derrama tu temor sobre todas las gentes.

2Levanta tu mano contra las naciones extranjeras, para que vean tu potencia.

3De la misma manera que les mostraste tu santidad obrando contra nosotros, muéstranos a nosotros tu grandeza obrando contra ellos,

4para que te conozcan como nosotros te conocimos, porque no hay Dios fuera de ti, Señor.

5Renueva los prodigios y repite los portentos, glorifica tu mano y tu brazo derecho.

6Despierta tu ira y derrama tu cólera, destruye al adversario, tritura al enemigo.

7Acelera el tiempo y acuérdate del juramento, y que se cuenten tus obras portentosas.

8Que tu fuego vengador devore al que intenta escapar, y los opresores de tu pueblo encuentren la destrucción.

9Tritura la cabeza de los jefes enemigos, que dicen: "No hay nadie fuera de nosotros".

10Reúne a todas las tribus de Jacob y dales su heredad como al comienzo.

11Apiádate de tu pueblo, que lleva tu nombre; de Israel, a quien hiciste tu primogénito.

12Compadécete de tu ciudad santa, Jerusalén, la ciudad de tu descanso.

13Llena a Sión con la alabanza de tus maravillas, y al templo de tu gloria.

14Da testimonio a tus primeras criaturas, y cumple las promesas hechas en tu nombre.

15Premia a los que en ti esperan, para dar la razón a tus profetas.

16Escucha, Señor, la plegaria de tus siervos, por la benevolencia que tienes con tu pueblo.

17Y conocerán todos los habitantes de la tierra que tú eres el Señor, Dios eterno.

18El estómago recibe toda clase de alimentos, pero hay unos mejores que otros.

19El paladar distingue al gustarla la carne de caza; así el corazón prudente las palabras mentirosas.

20Un corazón perverso ocasiona dolores, pero el hombre muy experimentado le da su merecido.

21La mujer acepta cualquier marido, pero hay mujeres más hermosas que otras.

22La belleza de la mujer alegra el rostro, es el deseo más fuerte del hombre.

23Si tiene además bondad y dulzura en su hablar, su marido se juzga el más feliz de los hombres.

24El que tiene una mujer tiene ya el comienzo de la fortuna, una ayuda semejante a sí y columna en que apoyarse.

25Donde falta la cerca, la posesión será robada; y donde no hay mujer, el hombre va gimiendo a la deriva.

26Porque, ¿quién se fiará de ladrón ligero, que corre de ciudad en ciudad? Así sucede al hombre que no tiene nido y duerme donde le sorprende la noche.

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