Eclesiástico (Sirácide) 32
Santa Biblia Martín Nieto ›1¿Te han elegido para presidir un banquete? No presumas de ello. Pórtate como uno más de los invitados. Cuida de ellos primero, y siéntate después.
2Cuando hayas cumplido tu deber siéntate, para que goces con ellos y seas alabado por el buen orden de todo.
3Habla, anciano, pues te corresponde; pero con discreción; y no interrumpas la música.
4Mientras actúan los músicos no te des a charlar, ni alardees de sabio a destiempo.
5Como sello de rubí engastado en oro es la música en el banquete.
6Sello de esmeralda engastado en oro, la melodía del festín con vino selecto.
7Habla, joven, si fuere necesario; pero a lo sumo dos veces, y si se te pregunta.
8Resume el discurso, di mucho en pocas palabras; sé como quien sabe y al mismo tiempo calla.
9En medio de los grandes no trates de igualarte a ellos, cuando habla otro sé sobrio en palabras.
10El relámpago precede al trueno, y la gracia precede al modesto.
11Levántate a tiempo y no te retrases, corre a tu casa y no callejees.
12Allí diviértete y haz lo que gustes, pero no peques con palabras insolentes.
13Y después bendice a tu hacedor, al que te colmó de sus bienes.
14El que teme al Señor acepta la disciplina, y los que le buscan encuentran su favor.
15El que busca la ley se gozará en ella, pero el hipócrita en ella tropezará.
16Los que temen al Señor sabrán lo que es justo y harán brillar como luz sus obras justas.
17El pecador rehúye la corrección y para sus caprichos halla excusas.
18El hombre juicioso no desprecia los avisos; el orgulloso y petulante no conoce el temor.
19Sin consejo nada emprendas; así no tendrás que arrepentirte de lo hecho.
20No vayas por camino escabroso, y no chocarás en las piedras.
21No te fíes del camino llano, y guárdate de tus propios hijos.
22Con toda tu alma vigílate a ti mismo, porque esto es guardar los mandamientos.
23El que confía en la ley guarda sus preceptos, y el que confía en el Señor no será defraudado.