Eclesiástico (Sirácide) 33
Santa Biblia Martín Nieto ›1El que teme al Señor no sufrirá daño, y aun en sus pruebas será librado.
2El sabio no desprecia la ley, pero el hipócrita será como nave en tempestad.
3El hombre sensato confía en la ley, y la ley es para él fidedigna como la respuesta del oráculo.
4Prepara el discurso, y así serás escuchado; reúne tu saber, y responde.
5El corazón del necio es como rueda de carro, y sus razonamientos como eje que gira.
6El amigo burlón es como un semental, que relincha siempre que se lo monta.
7¿Por qué un día es más largo que otro, cuando la luz todo el año procede del sol?
8Es la sabiduría del Señor la que los diferencia, que ha diversificado las estaciones y las fiestas.
9A unos los distinguió y santificó, y a otros los hizo días ordinarios.
10Todos los hombres proceden del polvo, Adán fue creado de la tierra.
11Con su gran sabiduría el Señor los ha distinguido, ha diversificado sus destinos.
12A unos los bendijo y exaltó, a otros los santificó y acercó a sí; a otros los maldijo, los humilló y los derribó de sus puestos.
13Como barro en manos de alfarero todos los caminos son según su beneplácito , así los hombres en manos de su hacedor, que dará a cada uno según su voluntad.
14Enfrente del mal está el bien, enfrente de la muerte la vida; así frente al piadoso, el pecador.
15Considera así todas las obras del altísimo, todas dos a dos, una frente a otra.
16Yo he llegado el último de todos, como un rebuscador detrás de los rebuscadores.
17Con la bendición del Señor me aventajé a otros, y como vendimiador llené mi lagar.
18Ya veis que no he trabajado para mí solo, sino para todos cuantos buscan la doctrina.
19Oídme, pues, grandes del pueblo, y los que presidís la asamblea prestad oídos.
20Ni a tu hijo, ni a tu mujer, ni a tu hermano, ni a tu amigo des poder sobre ti en tu vida; ni des a otros tus riquezas, no sea que arrepentido tengas que mendigar de ellos.
21Mientras vivas y haya en ti aliento, no te dejes dominar por nadie.
22Porque más vale que tus hijos te pidan a ti que tú tengas que depender de ellos.
23En todas tus obras sé el dueño, y no dejes que se manche tu reputación.
24En el último día de tu vida, al tiempo de morir, reparte tu herencia.
25Al asno, forraje, palo y carga; al siervo, pan, corrección y trabajo.
26Haz trabajar a tu siervo, y tendrás reposo; déjale las manos libres, y buscará la libertad.
27El yugo y las coyundas hacen bajar el cuello; y al siervo díscolo, el azote y el tormento.
28Ponle al trabajo; que no esté ocioso, porque la ociosidad enseña muchas maldades.
29Ponle en el trabajo que le convenga; y si no obedece, mételo en el cepo.
30No te excedas con nadie, y no hagas nada contrario a la justicia.
31Si tienes un esclavo, trátale como a ti mismo, pues lo has comprado a precio de sangre.
32Si tienes un esclavo, trátale como a hermano, porque necesitas de él como de ti mismo.
33Si lo maltratas, se marcha y se extravía, ¿por qué caminos lo buscarás?