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Isaías 64

Nueva Biblia de Jerusalén (1998)

1(63:19) ¡Ah! si rompieses los cielos y descendieses 63:19 La frase prosigue en Is 64:1b [ Is 64:2 ]. La evocación de los rasgos ordinarios de las teofanías, ver Sal 18:6-7 [ Sal 18:5-6 ]; Sal 144:5 , etc., interrumpe este llamamiento a la venida de Yahvé. Ap 19:11 ; Sal 144:5 —ante tu faz los montes se derretirían,

2(1) como prende el fuego en la hojarasca, como el fuego hace Sal 18:8s [ Sal 18:7 ]; Sal 50:3 hervir al agua— para dar a conocer tu nombre a tus adversarios, y hacer temblar a las naciones ante ti,

3(2) haciendo tú cosas terribles, inesperadas. (Tú descendiste: ante tu faz, los montes se derritieron 64:2 Glosa que repite a Is 63:19 [ Is 64:1 ]. .)

4(3) Nunca se oyó. No se oyó decir, ni 1 Co 2:9 se escuchó, ni ojo vio 64:3 San Pablo, 1 Co 2:9 , parece citar este texto en una fórmula más rítmica: «lo que ni el ojo vio ni el oído oyó...». Es difícil asegurar si cita libremente o si poseía algún texto de Isaías diferente del nuestro. a un Dios, sino a ti, que tal hiciese para el que espera en él.

5(4) Te haces encontradizo de quienes se alegran y practican justicia y recuerdan tus caminos. He aquí que estuviste enojado, pero es que fuimos pecadores; estamos para siempre en tu camino y nos salvaremos 64:4 Lit. «en ellos estamos desde antiguo...»; la expresión puede referirse a los «caminos» del comienzo del v., pero otros interpretan de manera muy diferente: «en nuestros pecados estamos desde antiguo y seríamos salvados». En este caso se trataría de un clamor de desánimo. La duda persiste, y es posible que el texto se halle corrompido. .

6(5) Somos como impuros todos nosotros, como paño inmundo Lv 15:19-24 todas nuestras obras justas. Caímos 64:5 «caímos» griego; hebr. dudoso. como la hoja todos nosotros, y nuestras culpas como el viento nos llevaron.

7(6) No hay quien invoque tu nombre, quien se despierte para asirse a ti. Pues encubriste tu rostro de nosotros, y nos dejaste 64:6 «nos dejaste» versiones; «nos haces temblar» (?) hebr. a merced de nuestras culpas.

8(7) Pues bien, Yahvé, tú eres nuestro Padre. Nosotros la arcilla, Is 29:16+ y tú nuestro alfarero, la hechura de tus manos todos nosotros.

9(8) No te irrites, Yahvé, demasiado, ni para siempre recuerdes la culpa. Ea, mira, todos nosotros somos tu pueblo.

10(9) Tus ciudades santas han quedado desiertas, Sión desierta ha quedado, Jerusalén desolada.

11(10) Nuestro templo santo y glorioso, en donde te alabaron nuestros padres, ha parado en hoguera de fuego, y todas nuestras cosas más queridas han parado en ruinas.

12(11) ¿Es que ante esto te endurecerás, Yahvé, callarás y nos humillarás sin medida?

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