Job 21
Sagrada Biblia (CEE 2011) ›1Job respondió así:
2«Escuchad atentos mis palabras, | dadme siquiera ese consuelo.
3Sed pacientes mientras hablo, | después os podréis burlar.
4¿Me quejo quizá de algún hombre | o pierdo la paciencia sin razón?
5Escuchadme, quedaréis pasmados | y os llevaréis la mano a la boca.
6Lo pienso y me horrorizo, | y el pavor atenaza mi carne.
7¿Por qué siguen vivos los malvados, | que envejecen y aumenta su poder?
8Ven a sus hijos crecer seguros, | contemplan cómo medran sus retoños:
9sus casas, en paz y sin temor, | la vara de Dios no los alcanza.
10Sus toros engendran sin fallar, | sus vacas nunca malparen.
11Sus hijos trotan como corderos, | sus niños juegan satisfechos.
12Cantan con liras y tambores, | se alegran al son de la flauta;
13disfrutan dichosos de la vida | y bajan en paz al Abismo.
14Y eso que decían a Dios: | “¡Déjanos en paz!, | no nos interesa para nada | conocer tus caminos.
15¿Por qué hemos de servir al Todopoderoso?, | ¿qué sacamos con invocarlo?”.
16¿No depende del impío su dicha, | aunque su plan esté lejos de Dios?
17¿Cuándo se apaga la lámpara del malvado?, | ¿cuándo se abate sobre él la desgracia, | o la ira divina lo colma de dolor?
18¿Son paja perseguida por el viento | o tamo que arrastra el huracán?
19¿Va a castigar Dios a sus hijos? | ¡Que lo pague él y escarmiente! *21:19 Avance de la doctrina de la retribución: se pasa de la responsabilidad colectiva a la individual.
20¡Que él mismo contemple su ruina, | que beba la cólera del Todopoderoso!
21¿Qué le importa su casa una vez muerto, | cuando cese la cuenta de sus meses?
22¿Quién puede dar lecciones a Dios, | cuando gobierna también el cielo?
23Hay quien muere en pleno vigor, | rebosante de dicha y de paz,
24con sus lomos cubiertos de grasa | y jugosa la médula de sus huesos.
25Y hay quien muere lleno de amargura, | sin haber probado cosa buena.
26Pero ambos se acuestan en el polvo, | bajo una cubierta de gusanos.
27De sobra sé lo que pensáis, | todo lo que opináis sobre mi caso.
28Decís: “¿Dónde está la casa del prepotente, | la tienda que habitaban los impíos?”.
29¿Por qué no lo preguntáis a los viajeros?, | entonces sabríais lo que piensan:
30El malvado se libra el día del desastre, | se encuentra a salvo el día del castigo.
31¿Quién le reprocha su conducta | o le hace pagar lo que ha hecho?
32Muere y lo llevan al cementerio, | la gente vela junto a su tumba,
33ni siquiera le pesa la tierra. | Tras él desfila todo el mundo, | por delante una turba innumerable.
34Pues ¿a qué consolarme con vaciedades? | ¡Si tan solo respondéis con engaños!».