Mateo 17
Nuevo Testamento CEBIHA ›1LA TRANSFIGURACIÓN (Mc 9,1; Lc 9,28).— Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano, y los lleva a un monte alto a solas.
2Y se transfiguró ante ellos, y brilló su rostro como el sol, y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.
3De pronto, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con Él.
4Y tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: ¡Señor!, bueno es quedarnos aquí; si quieres, haré aquí tres tiendas; para ti una, otra para Moisés y otra para Elías.
5Aún hablaba, y una nube luminosa los cubrió, y una voz desde la nube decía: Éste es mi Hijo, el amado, en el cual me complazco; escuchadle.
6Al oírlo, los discípulos cayeron sobre su rostro, aterrados de miedo.
7Jesús se acercó, los tocó y dijo: Levantaos y no temáis.
8Alzando sus ojos, a nadie vieron, sino a Jesús solo.
9Y mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: A nadie digáis esta visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.
10Y le preguntaron sus discípulos: ¿por qué, pues, dicen los escribas
11Y Él respondió: Elías ciertamente viene a restablecer todo.
12Y aun os digo: Elías vino ya, y no lo reconocieron,
13Entonces entendieron los discípulos que les había hablado de Juan el Bautista.
14EL MUCHACHO LUNÁTICO (Mc 9,13; Lc 9,37).— Al llegar ellos junto a la turba, se les acercó un hombre que se arrodilló ante Él,
15diciendo: ¡Señor!, ¡ten piedad de mi hijo, que es lunático y está muy mal!, pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua;
16y lo presenté a tus discípulos y no pudieron curarlo.
17Jesús respondió: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros ¿Hasta cuándo os sufriré? Traédmelo aquí.
18Lo increpó Jesús y salió de él el demonio, y quedó curado el muchacho desde aquel momento.
19Entonces, llegándose los discípulos a Jesús, le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos lanzarlo?
20Díjoles: Por vuestra poca fe; porque os aseguro que, si tuviérais fe como un granito de mostaza, diríais a este monte: vete de aquí allá, y se trasladaría, y nada os sería imposible.
21Mas esta clase no sale sino por la oración y el ayuno.
22SEGUNDO ANUNCIO DE LA PASIÓN (Mc 9, 29; Lc 9, 44).— Girando ellos por Galilea, les dijo Jesús: El Hijo del hombre ha de ser entregado en manos de los hombres;
23le darán muerte, y al tercer día resucitará. Y se entristecieron mucho.
24EL TRIBUTO DEL TEMPLO.— Cuando llegaron a Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban los didracmas y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga el didracma?
25Dice: Sí. Y al llegar a casa, se anticipó Jesús a decirle: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran tributos o censos? ¿De sus hijos o de los extraños?
26Contestando él: De los extraños; dijóle Jesús: Luego libres están los hijos.
27Mas para no escandalizarlos, vete al mar a echar el anzuelo, y al primer pez que suba, sácalo, ábrele la boca y encontrarás en ella un estater. Tómalo y dáselo a ellos por mí y por ti.