Mateo 18
Nuevo Testamento CEBIHA ›1EL MAYOR EN EL REINO DE LOS CIELOS (Mc 9, 32; Lc 9, 46).— En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Quién es, pues el mayor en el Reino de los cielos?
2Y, llamando a un niño, le puso en el centro de ellos,
3y dijo: Os aseguro que, si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los cielos.
4Así, pues, el que se humillare como este niño, ése es el mayor en el Reino de los cielos.
5EL ESCÁNDALO.— Y quien recibiere a un niño, como éste, en mi nombre, a mí me recibe;
6y al que escandalizare a uno de estos pequeñuelos que cree en mí, más valdría que le colgasen una piedra de molino de asno y lo hundieran en alta mar.
7¡Ay del mundo por los escándalos!; tienen, ciertamente, que venir escándalos; pero ¡ay de aquél por quien viniere el escándalo!
8Si, pues, tu mano o tu pie te escandaliza, córtalo y arrójalo de ti. Más te vale entrar en la vida manco o cojo, que con las dos manos o los dos pies ser arrojado al fuego eterno.
9Y si tu ojo te escandaliza, sácatelo y arrójalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que con dos ojos ser arrojado al fuego del infierno.
10Mirad que no despreciéis a uno de estos pequeñuelos; porque os aseguro que sus ángeles en los cielos de continuo contemplan la faz de mi Padre celestial.
11Porque el Hijo del hombre vino a salvar lo perdido.
12LA OVEJA PERDIDA.— ¿Qué os parece? Si tiene un hombre cien ovejas, y se extravía una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve e irá a buscar la descarriada?
13Y si la encuentra, os aseguro que se alegra por ella más que por las noventa y nueve no descarriadas.
14Así no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda ni uno solo de esos pequeñuelos.
15CORRECCIÓN FRATERNA Y POTESTAD DE LA IGLESIA.— Si, pues, pecare tu hermano, ve y repréndelo a solas tú con él; si te escuchare, ganaste a tu hermano;
16pero si no te escuchare, toma contigo todavía uno o dos, para que por la palabra de dos o tres testigos sea fallada toda causa.
17Si los desoyere, dilo a la Iglesia; y si también a la Iglesia desoyere, sea para ti como gentil y publicano.
18Os aseguro que cuanto atareis sobre la tierra, atado quedará en el cielo; y cuanto desatareis en la tierra, desatado quedará en el cielo.
19ORACIÓN EN COMÚN.— También os aseguro que, si dos de vosotros se pusieran de acuerdo sobre lu. tierra, cualquier cosa que pidieren, la tendrán de mi Padre que está en los cielos.
20Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
21Entonces, acercándose Pedro, le dijo: ¡Señor! ¿Cuántas veces he de perdonar a mi hermano, si pecare contra mí? ¿Hasta siete veces?
22Dícele Jesús: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
23Por esto semeja el Reino de los cielos a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos.
24EL SIERVO DESPIADADO.— Al comenzar a tomarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.
25No pudiendo él pagar, mandó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, para pagar la deuda.
26Cayendo entonces el siervo aquel a sus pies, decía: ¡Ten paciencia conmigo, y todo te lo pagaré!
27Apiadado el señor de aquel siervo, dejólo ir, y le perdonó la deuda.
28Pero, al salir aquel siervo, encontró uno de sus compañeros que le debía cien denarios; agarróle y lo ahogaba diciendo: ¡Paga lo que debes!
29Arrojándose a sus pies el compañero, le suplicaba: ¡Ten paciencia conmigo, y te pagaré!
30Mas él no quiso, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara la deuda.
31Al ver sus compañeros lo ocurrido, se disgustaron mucho y fueron a contar a su señor todo lo que pasaba.
32Entonces, llamándolo su señor, le dice: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te perdoné, porque me lo suplicaste.
33¿No debías también tú apiadarte de tu compañero, como yo me apiadé de ti?
34E irritado su señor, lo entregó a los torturadores, hasta que pagase toda la deuda.
35Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de corazón cada cual a vuestro hermano.