Biblia
Entrar Crear cuenta

Esquema de color

Tamaño de letra

Mateo 16

Nuevo Testamento CEBIHA

1SEÑAL DEL CIELO (Mc 8,11).— Llegáronse los fariseos y saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase una señal del cielo.

2Mas Él les respondió: Llegada la tarde, decís: buen tiempo, porque se arrebola el cielo;

3y por la mañana: hoy tempestad, porque el cielo se anubla con arreboles oscuros. Sabéis discernir el aspecto del cielo, ¿y las señales de los tiempos no?

4Una generación mala y adúltera desea una señal; pero no se le dará sino la señal de Jonás. Los dejó y se fue.

5LEVADURA DE FARISEOS Y SADUCEOS.— Al ir los discípulos a la orilla, se olvidaron de llevar pan.

6Y les dijo Jesús: Mirad y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos.

7Ellos pensaban entre sí diciéndose: Es que no hemos traído pan.

8Conociéndolo Jesús, dijo: ¿A qué pensáis, hombres de poca fe, entre vosotros, en que no tenéis pan?

9¿Aún no entendéis, ni recordáis los cinco panes de los cinco mil hombres, y cuántos cestos recogisteis?

10¿Ni los siete panes de los cuatro mil hombres, cuántas espuertas recogisteis?

11¿Cómo no entendéis que no os hablé de panes? Mas guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos.

12Entonces comprendieron que no les dijo que se guardasen del fermento del pan, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos.

13CONFESIÓN DE S. PEDRO (Mc 8,27; Lc 9,12).— Llagado Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntaba a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?

14Ellos dijeron: Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que Jeremías o uno de los profetas.

15Díceles: Y vosotros, ¿quién decís que soy?

16Y tomando la palabra Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente.

17Respondió Jesús: Dichoso eres, Simón Baryoná, porque no te lo reveló la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

18Y Yo, a mi vez, te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

19Te daré las llaves del Reino de los cielos, y lo que atares en la tierra será atado en los cielos, y lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

20Entonces ordenó a sus discípulos que a nadie dijesen que Él era el Cristo.

21MISTERIO DE LA CRUZ (Mc 8,31; Lc 9,22).— Desde entonces comenzó Jesús a indicar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén, y padecer mucho de parte de los ancianos, pontífices y escribas, y ser muerto, y al tercer día resucitar.

22Y Pedro, tomándolo aparte, púsose a reconvenirlo, diciendo: Dios te libre, Señor; no te ocurrirá eso.

23Pero Él, volviéndose, dijo a Pedro: Lejos de mí, Satanás, que eres mi tropiezo, porque no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres.

24Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.

25Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero quien perdiere su vida por mí, la hallará.

26Porque, ¿qué aprovechará al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma? O ¿qué dará el hombre a cambio de su alma?

27Porque ha de venir el Hijo del hombre en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces dará a cada uno según sus obras.

28Os aseguro que hay algunos de los aquí presentes, que no morirán antes que vean al Hijo del hombre venir en su reino.

WhatsApp