Marcos 10
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Dejó aquel lugar y se dirigió a la región de Judea y al otro lado del Jordán. De nuevo acudió la gente donde él y, como acostumbraba, se puso a enseñarles.
2Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaron: «¿Puede el marido repudiar a la mujer?»
3Él, a su vez, les preguntó: «¿Qué os prescribió Moisés?»
4Ellos le respondieron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla.»
5Jesús les dijo: «Escribió para vosotros este precepto a causa de vuestra cerrazón de mente.
6Pero desde el comienzo de la creación, Él los hizo varón y hembra.
7Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre * ,
8y los dos se harán una sola carne . De manera que ya no son dos, sino una sola carne.
9Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre.»
10Ya en casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre esto.
11Él les dijo: «Quien repudie a su mujer y se case con otra comete adulterio contra aquélla;
12y si ella repudia a su marido * y se casa con otro, comete adulterio.»
13Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían.
14Mas Jesús, al ver la escena, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí; no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios.
15Yo os aseguro: el que no acoja el Reino de Dios como un niño no entrará en él.»
16Y abrazaba a los niños y los bendecía poniendo las manos sobre ellos.
17Se ponía ya en camino, cuando uno corrió a su encuentro y, arrodillándose ante él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para tener en herencia vida eterna?»
18Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios.
19Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio , no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.»
20Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.»
21Jesús, fijando en él su mirada con cariño, le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Luego, ven y sígueme.»
22Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.
23Jesús, mirando a su alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!»
24Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras * . Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios!
25Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja que el que un rico entre en el Reino de Dios.»
26Pero ellos se asombraron aún más y se decían unos a otros: «¿Quién se podrá salvar entonces?»
27Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.»
28Pedro se puso a decirle: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
29Jesús dijo: «Yo os aseguro que nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio,
30quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna.
31Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos, primeros.»
32Iban de camino, subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante. Ellos estaban sorprendidos, y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder:
33«Ya veis que subimos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos;
34se burlarán de él, le escupirán, le azotarán y lo matarán. Pero a los tres días resucitará.»
35Se acercaron a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte.»
36Él respondió: «¿Qué queréis que os conceda?»
37Ellos le dijeron: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria * , uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»
38Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado * ?»
39Ellos respondieron: «Sí, podemos.» Jesús añadió: «Desde luego que beberéis la copa que yo voy a beber, y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado.
40Pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no está en mis manos concederlo. Será para quienes así esté dispuesto.»
41Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan.
42Jesús los llamó y les dijo: «Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos, y sus grandes las oprimen con su poder.
43Pero no ha de ser así entre vosotros, pues el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor,
44y el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea esclavo de todos;
45que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.»
46Llegaron a Jericó. Y un día que Jesús salía de allí acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, coincidió que el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino.
47Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!»
48Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
49Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.» Llamaron al ciego y le dijeron: «¡Ánimo, levántate! Te llama.»
50Él, arrojando su manto, dio un brinco y vino ante Jesús.
51Jesús, dirigiéndose a él, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego respondió: «Rabbuní * , ¡quiero ver!»
52Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» Al instante recobró la vista y le seguía por el camino.