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Marcos 11

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Cuando se aproximaban a Jerusalén, cerca ya de Betfagé y Betania, al pie del monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos

2con este encargo: «Id al pueblo que tenéis enfrente y, no bien hayáis entrado en él, encontraréis un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía ningún hombre. Desatadlo y traedlo.

3Y si alguien os pregunta: ‘¿Por qué hacéis eso?’, decid: ‘El Señor lo necesita, pero lo devolverá en seguida’.»

4Fueron y encontraron el pollino atado junto a una puerta, fuera, en la calle, y lo desataron.

5Algunos de los que estaban allí les dijeron: «¿Qué hacéis desatando el pollino?»

6Ellos les contestaron según les había dicho Jesús, y les dejaron.

7Llevaron el pollino ante Jesús, echaron encima sus mantos y se sentó sobre él.

8Muchos extendieron sus mantos por el camino; otros, follaje cortado de los campos.

9Los que iban delante y los que le seguían, gritaban: « ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

10¡Bendito el reino que viene, de nuestro padre David! ¡ Hosanna en las alturas!»

11Jesús entró en Jerusalén, en el Templo, y, después de observar todo a su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania.

12Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre.

13Al ver de lejos una higuera con hojas, fue a ver si encontraba algo en ella. Se acercó a ella, pero no encontró más que hojas. (Es que no era tiempo de higos.)

14Entonces le dijo: «¡Que nunca jamás coma nadie fruto de ti!» Sus discípulos oyeron lo que decía.

15Llegaron a Jerusalén. Una vez allí, entró Jesús en el Templo y comenzó a echar fuera a los vendedores y compradores; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas,

16y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo.

17Y les enseñaba, diciendo: «¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las gentes * ? ¡Pero vosotros la tenéis hecha una cueva de bandidos! »

18Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas, que buscaban la forma de poder matarle. Y es que le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina.

19Al caer la tarde, salió de la ciudad.

20Al pasar muy de mañana, vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz.

21Pedro se acordó y le dijo: «¡Rabbí, mira!, la higuera que maldijiste está seca.»

22Jesús les respondió: «Tened fe en Dios.

23Yo os aseguro que quien diga a este monte: ‘Quítate y arrójate al mar’, sin vacilar en su interior y creyendo que va a suceder lo que dice, lo obtendrá.

24Por eso os digo que obtendréis todo cuanto pidáis en la oración, si creéis que ya lo habéis recibido.

25Y si, cuando os pongáis de pie para orar, tenéis algo contra alguno, perdonadle, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas *

26[[]] .»

27Volvieron a Jerusalén. Un día, mientras paseaba por el Templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos,

28y le preguntaron: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado tal autoridad para hacerlo?»

29Jesús les respondió: «Os voy a preguntar yo una cosa. Si me respondéis, os diré con qué autoridad hago esto.

30El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme.»

31Ellos discurrían entre sí: «Si decimos que es del cielo, dirá: ‘Entonces, ¿por qué no le creísteis?’

32Pero ¿cómo vamos a decir que es de los hombres?» Es que temían a la gente, pues todos tenían a Juan por un verdadero profeta.

33Así que respondieron a Jesús: «No sabemos.» Jesús les dijo entonces: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.»

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