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Marcos 9

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Les decía también: «Yo os aseguro que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios.»

2Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos:

3sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo.

4Se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con Jesús.

5Tomó Pedro la palabra y dijo a Jesús: «Rabbí, está bien que nos quedemos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»

6—es que no sabía qué responder, pues estaban atemorizados—.

7Entonces se formó una nube que los cubrió con su sombra, y llegó una voz desde la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadle.»

8Al momento miraron en derredor y ya no vieron a nadie más que a Jesús con ellos.

9Cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.

10Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de «resucitar de entre los muertos.»

11Y le preguntaron: «¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?»

12Él les contestó: «Elías vendrá primero y restablecerá todo; mas, ¿cómo está escrito del Hijo del hombre que sufrirá mucho y que será despreciado?

13Pues bien, yo os digo: Elías ha venido ya y han hecho con él cuanto han querido, según estaba escrito de él.»

14Al llegar junto a los discípulos, vio * a mucha gente que los rodeaba y a unos escribas que discutían con ellos.

15Toda la gente, al verle, quedó sorprendida y corrieron a saludarle.

16Él les preguntó: «¿De qué discutís con ellos?»

17Uno de entre la gente le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu mudo.

18Dondequiera que se apodera de él, lo derriba, le hace echar espumarajos y rechinar los dientes, y lo deja rígido. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.»

19Jesús exclamó: «¡Ay, generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo!»

20Y se lo trajeron. Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos.

21Entonces él preguntó a su padre: «¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?» Le respondió: «Desde niño.

22Y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él. Así que, si algo puedes, ayúdanos; compadécete de nosotros.»

23Jesús le dijo: «¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!»

24Al instante gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!»

25Viendo Jesús que se agolpaba la gente, increpó al espíritu inmundo: «Espíritu sordo y mudo, yo te lo mando: sal de él y no entres más en él.»

26Entonces el espíritu salió dando gritos y agitándolo con violencia. El muchacho quedó como muerto, hasta el punto de que muchos comentaban que había fallecido.

27Pero Jesús, tomándole de la mano, lo levantó y él se puso en pie.

28Cuando Jesús entró en casa, le preguntaron en privado sus discípulos: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?»

29Les respondió: «Esta clase con nada puede ser arrojada, si no es con la oración * .»

30Salieron de allí y fueron caminando por Galilea. Él no quería que se supiera,

31porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; lo matarán, mas a los tres días de haber muerto resucitará.»

32Pero ellos, que no entendían sus palabras, tenían miedo de preguntarle.

33Llegaron a Cafarnaún y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?»

34Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor.

35Entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Si uno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»

36Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo estrechó entre sus brazos y les dijo:

37«El que acoja a un niño como éste en mi nombre, a mí me acoge; y el que me acoja a mí, no me acoge a mí, sino a Aquel que me ha enviado.»

38Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, pero, como no viene con nosotros, hemos tratado de impedírselo.»

39Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí.

40Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros.

41«Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa.

42«Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen * , le iría mejor si le pusieran al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que lo echasen al mar.

43Si tu mano te es ocasión de tropiezo, córtatela; más vale que entres manco en la Vida que ir con las dos manos a la Gehenna, al fuego que no se apaga *

44[[]] .

45Y si tu pie te es ocasión de tropiezo, córtatelo; más vale que entres cojo en la Vida que ser arrojado a la Gehenna con los dos pies

46[[]] .

47Y si tu ojo te es ocasión de tropiezo, sácatelo; más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos a la Gehenna,

48donde su gusano no muere y el fuego no se apaga ;

49pues todos han de ser salados con fuego * .

50Buena es la sal; mas, si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros y tened paz unos con otros.»

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