Sin alma inteligente no podríamos comprender las ideas abstractas, ni sentir el deber y la virtud
Dios
9. Sin alma inteligente no podríamos comprender las ideas abstractas, ni sentir el deber y la virtud
9,1. En el hombre hay algo que no es materia; ilusión, emoción, odio, intuición esperanza, etc. Tenemos capacidad para lo no material. El espacio y el tiempo son conceptos no materiales, no se captan con los sentidos, pues ni se ven ni se tocan.
Espacio es lo que hay entre las cosas; y tiempo es la duración del movimiento. Si no hay cosas, no hay espacio; y si no cambian, no hay tiempo.
Los sentidos sólo captan lo material: con mis ojos puedo distinguir un triángulo equilátero de otro isósceles o escaleno; pero con mis ojos no puedo captar la triangularidad. Con mi entendimiento, sí.
Hay cosas que superan lo material. Yo puedo medir con aparatos la miopía y la sordera; pero no el remordimiento.
Yo puedo ver un hombre justo, pero no puedo ver la justicia que es una idea abstracta. Las ideas abstractas las capta el entendimiento.
Los animales al no captar ideas abstractas no pueden preocuparse de los problemas filosóficos o religiosos, que son exclusivos del hombre.
El hombre, por tener alma inteligente, comprende lo abstracto, lo que no se ve ni se toca, lo que no es cuadrado ni redondo, lo que no tiene sabor ni color: la honradez, la gratitud, el deber. Pues, ¿crees que te haría mucho caso un burro si le hablaras del deber?
El burro sólo obedece al palo. El animal nada sabe del deber, pues el deber no se ve ni se toca; se entiende. Y el animal no tiene alma inteligente: ve y siente, pero no entiende nada. El animal sólo tiene vida sensitiva. Se le puede educar y amaestrar, pero a base de palo y golosinas. No entiende de razonamientos. No capta relaciones de ideas. Sólo capta sensaciones: si tú te haces amigo del perro de tu cuñado, el perro terminará por conocerte al verte, al olerte, o al oír tu voz. Por sensaciones. Por los sentidos. Pero nunca te conocerá como cuñado de su dueño. El animal sólo tiene conocimientos sensitivos, no puede captar ideas.
Por instinto de conservación el perro me puede conocer como amigo o como enemigo. Si me conoce como amigo, mueve el rabo; si como enemigo, gruñe. Pero estos conocimientos son sensitivos. Por un lenguaje inadecuado, a veces, se da a estas sensaciones sensitivas un significado espiritual, y decimos que el perro tiene alegría, por la satisfacción que siente junto a su amo; y que está triste cuando lo pierde. Pero estos sentimientos son de orden sensitivo. Lo mismo que nuestro bienestar depende de la temperatura de la habitación, lo cual es puramente sensitivo.
Este lenguaje inadecuado es muy frecuente. También decimos que el ordenador está pensando, cuando lo que hace es buscar una palabra o un documento. Y esta operación es puramente material, no tiene nada de reflexión, que es de orden espiritual.
«Mientras que nuestros sentidos son comunes con los animales, el entendimiento capaz de raciocinio abstracto es propio del hombre».
Un perro ante un libro abierto sólo aprecia el papel blanco, la tinta negra y los colores de las fotos; pero se queda indiferente ante los que diga esa página, pues no capta las ideas porque éstas no son materiales. El hombre no se queda indiferente ante las ideas porque tiene alma espiritual que capta lo que no es material.
Si no tuviéramos alma espiritual, capaz de captar ideas, ante un escrito nos quedaríamos igual que el que no entiende el telégrafo morse, ante una tira de puntos y rayas, que se queda lo mismo si la noticia recibida es buena o es mala.
«Fuera de la especie humana no conocemos ningún animal capaz de hacer razonamientos abstractos... La actividad mental humana basada en conceptos abstractos es cualitativamente diferente a los procesos bioeléctricos que ocurren en el cerebro... Existe en nosotros un ente no material capaz de razonamientos abstractos».
Si un profesor de matemáticas traza una circunferencia en la pizarra y señala el centro la define así: «La circunferencia es una curva cerrada en la que todos los puntos equidistan de otro llamado centro».
El alumno que le ha escuchado comprueba la correspondencia entre la definición que ha escuchado y el dibujo que tiene delante. Pero un hipotético gato presente en la clase ha oído lo mismo y ve el mismo dibujo, pero es incapaz de comprobar nada.
Los animales sólo se mueven por el instinto de conservación del individuo y de la especie: reproducción y supervivencia (alimentación y defensa de la vida).
Al hombre le gusta celebrar grandes acontecimientos de su vida: nacimientos, bodas, muertes, aniversarios, etc. Los animales no entienden de celebraciones.
El Premio Nobel de Medicina, Alexis Carrel, dice: «el alma es el aspecto de nosotros mismos que es específico de nuestra naturaleza, y que distingue al hombre de los demás animales».
Los animales tienen modo de comunicarse. Pero esto no es prueba de inteligencia.
Esta comunicación entra en el campo de los instintos. Un canario puede emitir un conjunto de sonidos instintivos, pero es incapaz de interpretar la partitura de una sinfonía de Beethoven.
El animal no tiene escritura. El hombre inventó la escritura: la cuneiforme en Mesopotamia y los jeroglíficos en Egipto. Después inventó el alfabeto, uno de los descubrimientos más grandes, similares a la rueda y el fuego.
«Entre el lenguaje humano y la comunicación de los animales existe un foso insalvable. Los animales son capaces de expresar distintos estados afectivos: amistad, temor, sorpresa, etc.; pero son incapaces de expresar juicios. Algunos chimpancés pueden repetir palabras sencillas, pero son incapaces de construir frases». A pesar de que un chimpancé tiene un aparato vocal capaz de pronunciar toda clase de palabras, después de seis años de instrucción, sólo se consiguió que pronunciara seis palabras; mientras que un niño en ese tiempo es capaz de conocer y pronunciar más de dos mil. Es que no se trata de voz, sino de inteligencia.«La posesión de un lenguaje articulado es prueba evidente de la supremacía del hombre. El lenguaje de los animales, cualesquiera que sean sus modalidades, no va más allá de un encadenamiento de automatismos».
Los animales tampoco ríen, pues para captar el humor hace falta inteligencia. Si le das un libro de cuentos a un niño, se divierte y se ríe con los dibujos. Pero si ese libro se lo das a un gato, se queda indiferente. Los animales no captan el humor, porque no tienen inteligencia.
Los animales no captan la causalidad, pues para eso hace falta tener inteligencia.
En octubre del año 2003 hubo en Los Ángeles (California) un tremendo incendio que, además de producir muchos muertos, dejó sin hogar a más de diez mil personas. Parece que fue provocado. Esto causó general indignación; pero los perros que presenciaron el incendio no pudieron indignarse pues nada podían saber de las causas del incendio: no tienen inteligencia.
9,2. Nuestra alma inteligente es el gran abismo que nos separa de los animales. Gracias a Dios, los hombres somos algo más que animales. Tenemos un alma inteligente, espiritual e inmortal, destinada a conocer a Dios y a gozar de la gloria por toda la eternidad.
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