Los efectos del pecado venial son: poner enferma la vida sobrenatural del alma, y disponernos para el pecado mortal
La Confesión
60. Los efectos del pecado venial son: poner enferma la vida sobrenatural del alma, y disponernos para el pecado mortal
60,1. -El pecado venial es una transgresión voluntaria de la ley de Dios en materia leve.
Una tos pequeña, pero descuidada, puede llevar a la sepultura.
Un punto negro en un diente no es nada, pero si no se lo enseñas al dentista, pronto todo el diente quedará dañado, y hasta puede ser necesaria la extracción.
No es que el pecado leve se convierta en grave. Ni siquiera que muchos pecados leves hagan un pecado grave. Sino que el pecado leve dispone al pecado grave, pues debilita la voluntad y nos priva de gracias sobrenaturales con las cuales podríamos luchar mejor contra el pecado grave. «Pero los pecados veniales no nos excluyen del Reino de Dios». Deberíamos poner especial diligencia en evitar los pecados veniales plenamente advertidos y voluntarios.
Evitar también todos los semideliberados supone especial gracia de Dios. Este privilegio lo tuvo María Santísima.
60,2. Un pecado que de suyo es leve, por ser la materia leve, puede ser grave:
a) si el que lo comete cree, por error, que es grave: robar una peseta.
b) si se comete con fin gravemente malo: insultar a otro para que blasfeme.
c) si se hace a otro un daño grave o se pretende hacerlo, o se es causa de grave escándalo: parejas pecando en público.
d) si al cometerlo, se expone uno al peligro próximo de pecar gravemente: entrar por curiosidad en un cabaret.
e) en algunos casos especiales, en que se acumulan las materias, como ocurre en algunos robos pequeños repetidos con cierta frecuencia.
60,3. Hay personas a quienes les gusta preguntar siempre el límite entre el pecado leve y grave. Pero esto a veces es tan difícil como señalar en el arco iris dónde termina un color y dónde empieza otro.
Por eso, en la duda, muchos dicen al confesor: «Me arrepiento tal como esté en la presencia de Dios». «Los límites entre el pecado mortal y el venial varían de penitente a penitente, y hasta en el mismo penitente varían de una vez a otra. En efecto, el penitente no siempre presta la misma atención, ni se da la misma cuenta, de la gravedad de sus acciones frente a la santa voluntad de Dios».
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