El pecado original se lava con el sacramento del bautismo
Otros sacramentos
96. El pecado original se lava con el sacramento del bautismo
96,1. El sacramento del bautismo, al lavarnos el pecado original, infunde en nuestra alma la gracia santificante y nos hace miembros de la Iglesia, hijos de Dios y herederos del cielo.
En el mundo hay muchos paganos sin bautizar. Por eso, los misioneros dejando familia, patria y todo, se van a lejanas tierras para instruirlos, bautizarlos y hacerlos hijos de Dios.
Jesús dijo a los apóstoles: Seréis mis testigos hasta los confines de la tierra.
Podemos y debemos ayudar a la obra de los misioneros con nuestras oraciones, nuestros sacrificios y nuestras limosnas. Tenemos obligación de esto, pero según las posibilidades de cada uno.
Las Obras Misionales Pontificias mantienen en el Tercer Mundo:
Ochocientas ochenta y tres leproserías. Cinco mil Hospitales. Ocho mil Orfanatos. Doce mil Asilos Diecisiete mil Dispensarios y Ambulatorios.
La iglesia Católica está en más de mil territorios de misión, en los cuales atiende: - 81.400 seminaristas. - 10.000 novicios/as. - 22.500 centros de asistencia sanitaria. - 183.000 centros educativos.
El Vaticano ha podido distribuir, por petición del Papa, cinco millones de dólares en 1997, siete millones en 1998, y nueve millones en
1999. Estas ayudas han sido destinadas a ayudar a las poblaciones afectadas por catástrofes naturales o humanas.
La Iglesia Católica educa en el Tercer Mundo a un millón de universitarios, a seis millones de alumnos de Enseñanza Media y a quince millones en la Enseñanza Primaria.
Sólo la Compañía de Jesús educa en Hispanoamérica más de UN MILLÓN de niños en las Escuelas Gratuitas de Promoción Popular, Fe y Alegría. Su sede en España está en Barquillo, 40, 2º, dcha. 28004-Madrid. FAX: 91 319 40 28. Correo electrónico (e-mail):fya@eurosur.org
Para mantener todo esto hace falta mucho dinero, y muchos misioneros y misioneras. España es el país del mundo que tiene más misioneros: 25.0006. Los misioneros católicos en el mundo son más de 200.0007. Según el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), el 85% de los españoles se declaran católicos.
Según reciente estudio en España se declaran católicos el 90% de los españoles. Sólo el 1,6 % se declara creyente en otras religiones.
aquí».
A veces se oye decir:
«Dejaos de ir a las misiones. Primero instalemos bien la Iglesia
Esto es no entender la catolicidad de la Iglesia.
La Iglesia es católica, es decir, universal.
Tiene que instalarse en la humanidad entera.
No puede limitarse a un pueblo o a una raza.
Su caridad universal se extiende a todos sin distinción.
Lo mismo a los pueblos en decadencia, que a los de brillante porvenir.
Donde haya un alma, allí está la Iglesia.
Las misiones son una actualización de la catolicidad de la Iglesia.
Dijo el Papa Juan Pablo II: «Al afirmar que la Iglesia es católica, queremos decir que es evangelizadora, misionera y apostólica; si no tuviera estas características no sería la verdadera Iglesia de Jesucristo».
Julián Marías en una entrevista publicada en el diario LA RAZÓN dijo: «El que el clero se ocupe tanto de las cosas puramente temporales es un problema. (...) Hace años vi en televisión unas declaraciones de unos misioneros. Decían: “Les enseñamos a cultivar la tierra y a curar las enfermedades. No tratamos de convertir a nadie”. Yo pensé: “Entonces, ¿para qué son misioneros? Para esas labores sería mejor mandar peritos agrícolas, médicos y enfermeros. Si un misionero no comunica la religión, no es misionero”. Las otras cosas son muy buenas. Pero no es la labor propia de un misionero. Y desde luego, no la principal».
«Suma perplejidad produce en el cristiano de a pie el escuchar (...) que las misiones no tienen razón de ser en nuestro mundo actual, donde han de prevalecer las libertades personales. Se trata de suplantar el deber de evangelizar de la Iglesia Católica por el diálogo interreligioso entre las diversas culturas y religiones. (...) Lo verdaderamente importante es la promoción humana de las gentes, sacándolas del estado de injusticia o pobreza en que se hallan. (...)
»Juan Pablo II sale al paso de estas opiniones en su encíclica Ad gentes diciendo: “Esta concepción es irreconciliable con el mandato de Cristo a sus Apóstoles: ‘Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura; enseñándoles a guardar todo lo que Yo os he mandado15’”
»Por eso dice San Pablo: «Ay de mí si no evangelizo».16
»Quede bien claro que hoy como ayer y como siempre son necesarias las misiones.
»Una cosa son la misiones, y otra muy distinta el diálogo interreligioso».
España, a lo largo de su historia, se ha distinguido siempre en la defensa y propagación de la fe católica. Vittorio Messori, ese gran luchador de nuestro tiempo en defensa de la Iglesia Católica, en el campo del periodismo, dice: «Los creyentes en Cristo le debemos mucho a España».
Dos palabras sobre la obra de España en América: la mayor obra de evangelización de la historia.
LA MITAD DE LOS CATÓLICOS DEL MUNDO está en HISPANOAMÉRICA.
Es para España un honor que la mayoría de las oraciones que llegan al cielo lo hacen en lengua española.
Todo comenzó con Isabel la Católica, pues su esposo el rey Fernando de Aragón no quiso comprometer el dinero de su Corona.
El principal motivo de la reina fue la evangelización.
«Confirma en su testamento que el principio inspirador de toda la conquista fue especialmente la evangelización».
Escribió el 23 de Noviembre de 1504, tres días antes de morir, que su principal intención en la conquista de América no fue aumentar los territorios de su Corona, sino la conversión de los indios a la Fe Católica.
Su preocupación evangelizadora se evidencia en las normas que dio al gobernador Nicolás de Ovando en 1501: «Nos deseamos que los indios se conviertan a nuestra santa fe católica e sus ánimas se salven».
Recientemente se ha introducido la causa de beatificación de Isabel la Católica.
El cardenal Darío Castrillón Hoyos, prefecto de la Congregación para el Clero, apoyó este martes la propuesta de beatificación de la reina española Isabel la Católica, a la que calificó de «una gran humanista, verdadero paladín de su época y entusiasta del Evangelio». «Sin Isabel la Católica, América no sería lo que es» afirmó el cardenal Castrillón, al subrayar el «humanismo cristiano» de la reina castellana.
Evidentemente que en una obra tan gigantesca como fue la evangelización de América hubo luces y sombras, como en toda obra humana.
Lo mismo que en la conducta en América de ingleses, franceses y holandeses.
Pero como dijo Juan Pablo II: «En la evangelización de América hay mucha más luz que sombras».
El premio Nobel Octavio Paz ha dicho que la diferencia entre la colonización de España y las colonizaciones de otros países está en la preocupación de España por evangelizar.
Es indiscutible la conciencia evangelizadora de España, que en multitud de ocasiones salió en defensa de los indios oprimidos.
Unos con ideas, como los dominicos Bartolomé de las Casas, a pesar de sus exageraciones, motivadas por su celo apostólico, y Francisco de Vitoria, desde la cátedra donde repetía que la fe no se puede imponer por la fuerza.
Otros con el ejemplo de su vida, como el jesuita San Pedro Claver, que se hizo «esclavo de los esclavos» para llevarlos a Jesucristo.
Los indios americanos fueron también defendidos por la CORONA ESPAÑOLA, que promulgó unas LEYES DE INDIAS, que no tienen igual en las legislaciones de otros países de aquel tiempo.
La misma Isabel la Católica escribió en su testamento: «no consientan ni den lugar que los indios y moradores de aquellas tierras reciban agravio alguno en sus personas y bienes: sean bien y justamente tratados.».
La obra colonizadora de España no se limitó a evangelizar, también elevó el nivel cultural de los indios.
Se levantaron colegios y universidades, se instalaron imprentas, se hicieron diccionarios y gramáticas que han perpetuado las lenguas indígenas, y algunos indios llegaron a hablar el latín mejor que los españoles. Incluso, en opinión de Pedro Borges, Profesor de la Universidad Complutense de Madrid, el nivel de alfabetización de muchos guaraníes y aztecas era superior al de los españoles de Castilla.
Pero, sobre todo, se erradicó el canibalismo y los sacrificios humanos.
96,2. «Los sacramentos son signos sensibles, instituidos por Cristo, para conferir la gracia que significan».
Los sacramentos son ritos, ceremonias sagradas (que incluyen palabra y acción), instituidos por Jesucristo, que, si se reciben con buenas disposiciones, dan vida sobrenatural al alma, es decir, nos dan la gracia santificante, o nos la aumentan cuando ya estamos en gracia.
Los sacramentos son los medios de salvación que Jesucristo dejó en su Iglesia para los hombres.
Son siete: bautismo, confirmación, penitencia (confesión), eucaristía, unción de los enfermos, orden sacerdotal y matrimonio.
El Concilio de Trento definió que los siete sacramentos fueron instituidos por Jesucristo.
El Evangelio nos habla de la institución de cinco sacramentos: bautismo, eucaristía, penitencia, orden sacerdotal y matrimonio.
De la confirmación y de la unción de los enfermos no habla el Evangelio, pero nos dice el Nuevo Testamento que existían en tiempo de los Apóstoles; por lo tanto, tuvieron que ser instituidos por Jesucristo como los anteriores. De la confirmación se nos habla en los Hechos de los Apóstoles. Y de la extremaunción en la Epístola de Santiago. También se habla de la institución del sacerdocio en los Hechos de los Apóstoles, y del matrimonio en San Pablo.
Los sacramentos deben celebrarse según las normas litúrgicas. Dice el Código de Derecho Canónico: «En la celebración de los sacramentos, deben observarse fielmente los libros litúrgicos aprobados por la autoridad competente; por consiguiente nadie añada, suprima o cambie nada por propia iniciativa».
Para que haya sacramento se requiere: a) Un signo sensible. b) Instituido por Cristo.
c) Que tenga la virtud de producir la gracia.
Todo sacramento consta de cuatro elementos: a) Materia o cosa sensible: son los elementos materiales que se utilizan, agua, óleo... b) Forma o palabras que utiliza el ministro con la intención de hacer lo que hace la Iglesia, es decir, administrar el sacramento de acuerdo con la voluntad de Cristo.
c) Ministro o persona que lo ejecuta. d) Sujeto o persona que lo recibe.
Hay tres sacramentos que imprimen carácter. «Carácter» significa en griego «sello imborrable».
Estos sacramentos imprimen un sello indeleble. Es decir, ponen un sello espiritual en el alma que no se borra jamás.
Por eso sólo se pueden recibir una vez. No se pueden repetir. Son: bautismo, confirmación y orden sacerdotal. Es de fe que el bautismo, la confirmación y el orden sacerdotal imprimen carácter.
Los sacramentos son fundamentalmente acciones de Cristo: «Cuando Pedro bautiza es Cristo quien bautiza».
«La gracia sacramental no depende de la santidad del ministro, sino de Cristo que actúa por medio de él». Esto, técnicamente, se llama «ex opere operato».
Pero el provecho espiritual del sacramento, sí depende de la disposición del que lo recibe. Esto, técnicamente, se llama «ex opere operantis».
«Al celebrar un sacramento, el ministro ha de tener la intención de realizar la acción sacramental que Cristo confió a su Iglesia. Sin embargo, el poder santificador de los sacramentos no depende ni de la fe, ni de la santidad de los ministros, porque cuando alguien bautiza o perdona, es el mismo Cristo quien bautiza o perdona».
Las condiciones de validez y licitud de cada sacramento compete a la Iglesia determinarlo, pues a ella confió Cristo esta misión.
Cada sacramento añade una gracia específica a la gracia ordinaria. No es una diferencia entitativa, sino moral: según los fines de cada sacramento.
Para la recepción válida y lícita de los sacramentos se requiere estar bautizado (menos para recibir el bautismo) y en gracia de Dios (menos para recibir la absolución)48.
«Los sacramentos son la principal fuente de santificación que tiene la Iglesia de Jesucristo.
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