El Espíritu Santo es Dios
La Santísima Trinidad
23. El Espíritu Santo es Dios
23,1. Dijo Cristo: «Os es conveniente que yo me vaya, porque si no me voy no vendrá con vosotros el Consolador; pero si me voy, os lo enviaré». La realidad del Espíritu Santo está patente en el Evangelio: Jesús fue concebido por el Espíritu Santo en el seno de María. Iluminó a Isabel y Simeón a descubrir a Jesús como Mesías. Llevó a Jesús al desierto. Jesús promete enviárnoslo. Etc., etc. El Espíritu Santo es también una Persona Divina, por lo tanto debe recibir la misma adoración y honor que las otras dos.
Los Testigos de Jehová niegan que el Espíritu Santo sea Persona Divina; sin embargo, la Sagrada Escritura da al Espíritu Santo atributos de Dios: Omnisciencia, omnipresencia, omnipotencia.
El Espíritu Santo es el poder activo de Dios; es Dios en acción.
DiceJesucristo que el Espíritu Santo nos inspira, nos enseña y nos guía.
Y San Lucas que el Espíritu Santo nos ordena, y que mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios.
San Juan dice que nos inspira, y nos consuela.
San Pablo dice que es dador de la vida, que nos santifica e intercede por nosotros.
El Espíritu Santo nos ayuda a comprender mejor lo que Jesús nos dijo, y nos da fuerza para seguir al Señor.
En el Credo del Concilio Niceno-Constantinopolitano se dice que el Espíritu Santo procede del Padre: ex Patre. Esta fórmula significa que tiene la misma naturaleza del Padre, es decir, que es Dios como el Padre.
Cuando vivimos en gracia de Dios, tenemos la gracia santificante que nos hace templos vivos del Espíritu Santo. Él habita en nosotros y nos llena de sus dones. Sin su inspiración y ayuda, nada bueno podemos hacer.
Dice Jesucristo que el pecado contra el Espíritu Santo no se perdona. Los teólogos lo interpretan como la voluntad de no querer arrepentirse. Y Dios no puede perdonar a quien no quiere arrepentirse.
Quien «rechaza la gracia de Dios y voluntariamente se obstina en su maldad, es imposible que, mientras permanezca en esas disposiciones, se le perdone su pecado».
«Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna».
23,2. El Catecismo habla de los Dones del Espíritu Santo, que son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo. Son siete:
Don de Sabiduría: Es un gusto especial para lo espiritual.
Don de Entendimiento: Es una gracia del Espíritu Santo para comprender la Palabra de Dios y profundizar en las verdades reveladas.
Don de Consejo: Es una luz para saber en cada momento lo que es la voluntad de Dios. Nos ayuda a obrar rectamente.
Don de Ciencia: Nos hace saber distinguir entre lo verdadero y lo falso en orden a la vida eterna.
Don de Fortaleza: Es una fuerza especial para obrar valerosamente lo que Dios quiere de nosotros, y sobrellevar las contrariedades de la vida.
Don de Piedad: Es un afecto filial a Dios como Padre, y a los hermanos como hijos del mismo Padre.
Don de Temor de Dios: Es una humilde actitud de temor a ofender a Dios, reconociendo nuestra debilidad.
«Los dones del Espíritu Santo son unas gracias especiales y permanentes que potencian nuestras virtudes cristianas y nos hacen reaccionar más en sintonía con Dios».
Además de los dones del Espíritu Santo, están los frutos. Son: amor, alegría, paz, bondad, etc.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.