V INSTITUCIONES RELIGIOSAS PREÁMBULO
V INSTITUCIONES RELIGIOSAS
PREÁMBULO
Instituciones religiosas... El título de esta sección se ha escogido en contraposición con las instituciones familiares, civiles y militares, que hemos estudiado hasta aquí. El título es, no obstante, imperfecto, puesto que la distinción no es totalmente adecuada: toda la vida social de Israel estaba penetrada por la religión. La circuncisión tenía sentido religioso, la realeza era, en el sentido que hemos definido, una institución religiosa, como lo era también la guerra, por lo menos a los comienzos de la historia de Israel; la ley, incluso profana, era una ley religiosa, y el procedimiento judicial podía recurrir al juicio de Dios. Pero todavía nos queda por tratar de las instituciones cultuales, y en este caso la distinción es ya más concreta.
El culto es el conjunto de actos sensibles que la comunidad o el individuo realizan para exteriorizar su vida religiosa y entrar en relación con Dios. El culto, además, establece efectivamente esta relación. Mas, dado que Dios es necesariamente el primero, la acción del hombre es segunda, y así el culto es la respuesta de la criatura a su Creador. El culto es esencialmente un fenómeno social: aun practicado por el individuo, se realiza conforme a reglas determinadas, a ser posible en lugares determinados y, generalmente, a tiempos determinados. El culto así entendido, y éste es su sentido propio, no existe sin cierto ritual.
En hebreo, el culto se dice ordinariamente 'ábodah: es un «servicio», como el servicio del rey, 1Cr 26:30. «Servir» a Dios es, en primer lugar, darle culto, Éx3:12; Ex9:1.Ex9:13, etc. Se habla del «servicio» de Yahveh, Jos 22:27, del «servicio» de la tienda, Éx 30:16, etc., de la habitación, Éx 27:19, etc., del templo, Ez 44:14, etcétera. El mismo término se emplea para designar un acto particular de culto, Éx 12:25-26; Ex13:5.
Las formas exteriores de este servicio, los ritos, pueden ser semejantes a los de otras religiones, y hasta pueden haber sido tomadas de ellas, mas lo importante en ellos es el sentido que han recibido, el cual en nuestro caso depende de las ideas religiosas de la fe de Israel. Sin entrar en el terreno de la teología bíblica, debemos subrayar lo que caracteriza el culto israelita y lo contrapone a los otros cultos orientales, aun cuando los ritos sean los mismos.
1) Es el culto a un Dios único. Esto no excluye, desde comienzos de la instalación en Canaán hasta los últimos tiempos de la monarquía, la multiplicidad de los santuarios, pero esto impone cierta unidad de intención, así como la condenación de todo culto ofrecido a otros dioses fuera de Yahveh, cf. el primer precepto del decálogo, Éx 20:3; Dt5:7, y Dt6:13: «A Yahveh, tu Dios, temerás y a Él solo servirás.» Esto excluye en particular la existencia de una divinidad femenina asociada a Yahveh, así como todos los ritos sensuales derivados de la creencia en parejas divinas. Este Dios único es un Dios santo, frente al cual adquiere el hombre conciencia de su impureza y de sus faltas; el culto israelita tendrá, en diversos grados según sus actos particulares y las etapas de su evolución, una finalidad de purificación y de expiación.
2) Es el culto de un Dios personal que actúa en la historia: Yahveh es el Dios de la alianza. El culto israelita no es la actualización de mitos de los orígenes, como en Mesopotamia, o de mitos naturalistas, como en Canaán. Conmemora, refuerza o restablece la alianza que Yahveh concluyó con su pueblo en un momento determinado de la historia. Esta sustitución de mitos extra temporales por una historia de la salud humana, es una originalidad de Israel, que no pueden mermar los ecos de antiguos mitos que se perciben en ciertos pasajes del Antiguo Testamento. Estas dependencias históricas y no míticas del culto israelita deben subrayarse contra una corriente reciente de opinión que considera que el ritual es también en Israel la expresión de un mito.
3) Es un culto sin imagen. La prohibición de las imágenes está contenida en las dos versiones del decálogo, Éx 20:4 y Dt 5:8, y se remonta ciertamente a la época de Moisés. Es un rasgo primitivo y característico del yahvismo. El motivo de esta prohibición es que Yahveh es un Dios al que no se ve y que, por consiguiente, no se puede representar: Yahveh habló desde lo alto del cielo, Éx 20:22-23; los israelitas en el Sinaí no vieron ninguna forma cuando Yahveh les habló desde en medio del fuego, Dt4:15-18; estos dos textos tienen la misma conclusión: no hay, pues, que hacer imágenes cultuales. Esto no significa que desde un principio se concibiera a Yahveh como un ser puramente espiritual, cosa que no evocaba' nada al pensamiento hebraico, sino que significa que toda imagen de Él sería inadecuada: se reconoce la trascendencia de Dios en tanto se avanza hasta definirlo como espíritu. Y desde los orígenes esta prohibición era una salvaguardia contra la imitación de los cultos extranjeros, destinados a dioses que se representaban a la manera humana y cuyas necesidades sensibles y sensuales había que satisfacer. Las consecuencias para el culto israelita son importantes: nunca hubo —por mucho que se haya dicho— imagen de Yahveh en el arca, ni en Siló, ni en el templo de Salomón, y los «becerros de oro» de Jeroboam no eran originariamente sino soportes de la divinidad invisible; el santo de los santos, donde Yahveh se hace presente, era inaccesible a los fieles; el altar de Yahveh no está, como en otras partes, en relación con una estatua o un símbolo divino, y los sacrificios israelitas ascienden en forma de humo al cielo donde Yahveh reside.
Como el estudio de las instituciones cultuales está así ligado con la teología bíblica, está también en relación con la historia de las religiones: busca en ella analogías, que tienen quizá su origen en la explicación de los ritos. Pero aquí no tratamos de hacer una historia de la religión tal como fue efectivamente practicada por los israelitas, quienes, sobre todo en determinadas épocas, se vieron arrastrados a un culto sincretista o simplemente pagano. Son desviaciones a que sólo nos referiremos indirectamente en los capítulos que siguen. Su objeto propio consiste en exponer las instituciones cultuales que el Antiguo Testamento presenta como propias del yahvismo legítimo. Estudiaremos sucesivamente el lugar del culto, el personal del culto, los actos del culto y especialmente el sacrificio, que es su acto principal, y finalmente el calendario religioso y las fiestas.
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