4. Las guerras religiosas de ¡os Macabeos
4. Las guerras religiosas de ¡os Macabeos
En los libros de los Macabeos se descubren, en época judía, ciertos rasgos de la guerra santa. Judas y sus hermanos combaten «el combate de Israel», 1Mac 3:2. La leva del ejército de liberación trae a la memoria no pocos recuerdos antiguos, 1Mac 3:46-60: se convoca la asamblea en Mispá, como en otro tiempo para la guerra santa contra Benjamín, Jue 20:1; se ayuna, se consulta a Dios abriendo el libro de la ley, porque ya no hay ni efod ni profetas, se toca la trompeta y se lanzan aclamaciones, cf. Núm10:9 y teru'ah; la movilización se efectúa según las reglas establecidas por Dt 20:5-8, Judas exhorta al pueblo a ser valiente y a ponerse en manos de Dios. Antes de la batalla de Emaús, Judas invita a no temer y a invocar a Dios: «Todas las naciones reconocerán que hay alguien que salva a Israel», 1Mac 4:8-11; cf. ISam17:46; después de la victoria se bendice a Dios por la «gran salvación» operada en Israel, 1Mac 4:24-25; cf. ISam14:45. En país filisteo, Judas derrumba los altares, quema las efigies de los dioses, saquea las ciudades, 1Mac5:18; cf. Dt7:5.Dt7:25. En el segundo libro es menos perceptible el eco de los antiguos textos, pero nos encontramos con las mismas ideas: se preparan a la batalla con la oración y el ayuno, 2Mac 13:10-12; Judas exhorta a sus tropas: «Los enemigos se fían de las armas y de la audacia, mientras nosotros hemos puesto nuestra confianza en Dios, señor de todas las cosas», 2Mac 8:18. Las consignas son: «Socorro de Dios», 2 Mac 8:23, o «Victoria de Dios», 2 Mac 13:15. Judas pide al Señor «que envíe un ángel delante de nosotros para sembrar el temor y el terror», 2 Mac 15:23.
A pesar de estas coincidencias, el espíritu no es ya el de la guerra santa: los Macabeos y sus hombres no están inspirados por Dios, que no ha ordenado la guerra ni interviene directamente. Lo más que se osa pedir es que envíe un ángel, 2Mac 15:23, y Dios responde a tal ruego haciendo aparecer un caballero armado en el camino de Betsur, 2 Mac 11:6-8, pero el enviado del cielo tiene sólo un papel simbólico; este combate, como todos los demás, se arrostró y se ganó con medios puramente humanos. Es significativo que las alusiones al auxilio prestado antiguamente por Dios a su pueblo se refieran al paso del mar Rojo, 1Mac 4:9, y a la liberación de Jerusalén bajo Senaquerib,1 Mac 7:40-42; 2Mac 8:19;2 Mac 15:22, pero nunca a las guerras santas de la conquista y de la época de los jueces.
Todo esto nos impide considerar como guerra santa la guerra de los Macabeos. Por el contrario, tiene todo el carácter de una guerra de religión. Matatías invita a seguirle «a quienquiera que tenga celo por la ley y mantenga la alianza», 1 Mac 2:27, Judas lucha por el pueblo y por el lugar santo, 1Mac 3:43-59, por «la ciudad, la religión, el templo», 2Mac 15:17. Los participantes combaten por la libertad religiosa contra los señores extranjeros que prohiben Ja observancia de Ja ley, pero no menos contra Jos hermanos perjuros, «los que abandonan la alianza santa», 1Mac10:14; cf.1Mac1:52. La rebelión comienza cuando Matatías degüella a un judío que aceptaba sacrificar en el altar de Modín, 1Mac2:24. Siempre y en todas partes, los Macabeos combatirán contra los «malvados», los «impíos», los «pecadores»,1Mac2:44-48;1Mac3:5-6; 1Mac 6:21;1Mac 7:23-24, que se constituían en aliados de los paganos, 1Mac 3:15; 1Mac 4:2; 1Mac 7:5; 1Mac 9:25; 1Mac 11:21-25. Fue una guerra de religión, en que se enfrentaban los judíos fieles con los judíos adictos al helenismo o a sus protectores extranjeros. Como no se podía evitar, no tardaron a mezclarse por ambas partes intereses políticos, como en las guerras de religión en Francia en el siglo xvi, o en Holanda en el xvn.
5. La «Regla de la guerra», de Qumrán
Desde hace poco poseemos un testimonio sorprendente sobre el renacimiento de las ideas de guerra santa en un grupo del judaismo. Es la Regla de la guerra, descubierta en las cuevas de Qumrán. Este escrito, que data probablemente del siglo primero antes de nuestra era, contiene el reglamento del combate que al fin de los tiempos habrá de oponer a los «hijos de la luz» y a los «hijos de las tinieblas», es decir, a los judíos fieles, los de la comunidad de Qumrán, contra todas las naciones paganas. Se podrían, desde luego, descubrir relaciones exteriores con los libros de los Macabeos, pero aquí se concibe evidentemente la lucha como una guerra santa. Es notable que de cinco citas explícitas del Antiguo Testamento, tres se refieren a textos que antes hemos utilizado: Núm 10:9; Dt7:21-22; Dt20:2-5, a los cuales habría que añadir todas las expresiones que recuerdan la antigua ideología. Como la guerra santa de otros tiempos, ésta también tiene sus ritos, convirtiéndose en una ceremonia en que los sacerdotes y los levitas desempeñan un papel esencial. El ejército es «el pueblo de Dios», los soldados son voluntarios llamados a los combates de Dios. En la batalla, se inscribe en los estandartes: «Diestra de Dios», «Momento de Dios», «Pelea de Dios», «Matanza de Dios». De hecho, Dios, al que se llama «el Valiente del combate», marcha con sus fieles, acompañado por el ejército de los ángeles. Es la mano de Dios que se alza contra Belial y su imperio. La victoria es cierta: puede haber momentos de apuro, pero los enemigos de ísrael y de Dios acabarán por ser aniquiiados y entonces se inaugurará el reinado eterno de la luz.
No se trata de una conquista religiosa del mundo, de una conversión impuesta por las armas, de algo que tenga el menor parecido con el yihád musulmán. El mundo se halla actualmente dividido entre la luz y las tinieblas, entre el bien y el mal, y no se llegará a restablecer el orden sino mediante la destrucción total de las fuerzas de las tinieblas y del mal, y el triunfo absoluto de Dios y de los hijos de la luz. Esta concepción dualista comunica a la antigua noción de la guerra santa una violencia particular, ampliándola hasta las dimensiones del universo; pero al mismo tiempo se remite al fin del tiempo presente: es una guerra apocalíptica.
No obstante, los que compusieron este texto curioso, en el que sueños de visionario se mezclan con disposiciones prácticas que pudieron muy bien tomarse de algún manual militar romano, creían, a lo que parece, en la realidad de esta guerra futura, y la esperaban. El texto fue copiado con frecuencia y se han descubierto fragmentos de diversos ejemplares. Los que lo leían alimentaban con él su odio contra los hijos de Belial, a los que reconocían en los paganos que ocupaban la tierra santa. Es posible que haya inspirado el fanatismo de los zelotas que tomaron parte en las revueltas contra los romanos y quizá pensasen que había llegado ya el tiempo de la lucha suprema entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas.
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