IV INSTITUCIONES MILITARES Capítulo primero LOS EJÉRCITOS DE ISRAEL
IV INSTITUCIONES MILITARES
Capítulo I
LOS EJÉRCITOS DE ISRAEL
Acerca de la organización militar de los egipcios, de los asirobabiiónicos y de Jos hititas, estamos informados por ias representaciones figuradas que nos dejaron de sus soldados y de las batallas que libraban, de sus campamentos y de sus plazas fuertes, así como por las inscripciones que relatan sus campañas, reproducen los tratados que ponían fin a las guerras y mencionan los títulos, las atribuciones, la carrera de tal o cual oficial del ejército.
En cambio, respecto a Israel estamos relativamente menos informados: diseños militares —si es que alguna vez los hubo — no han llegado hasta nosotros, y las excavaciones de Palestina nos dan a conocer las fortificaciones y el armamento de los cananeos mejor que los de los israelitas que los vencieron y suplantaron. Poseemos, desde luego, textos, y los libros históricos de la Biblia están llenos de relatos de guerreros. Pero tales relatos raras veces son contemporáneos de los acontecimientos que refieren. Se hallan viejas tradiciones en los libros de Josué y de los Jueces; sin embargo, la historia militar de la conquista y de las luchas que siguieron a la misma, no recibieron su última forma literaria sino poco antes de la cautividad. En los libros de Samuel y de los Reyes tenemos narraciones escritas casi a raíz de los hechos, pero la vivacidad y el carácter de verdad de estos fragmentos no compensa — para nuestro objeto presente— su falta de precisión técnica, y por otra parte los informes más detallados sobre la organización militar de la monarquía los encontramos en las Crónicas, escritas en una época en que no había ya ni independencia ni ejército para defenderla. El éxodo de Egipto y la permanencia en el desierto fueron relatados muchos siglos después, como desplazamientos de un ejército bien disciplinado. No obstante, todos estos informes tienen su utilidad, a condición de ser verificados y fechados por la crítica literaria e histórica: las investigaciones militares de un pueblo cambian con más rapidez que otras formas sociales, conforme a los modos de gobierno, a los progresos de los armamentos. Entre la conquista en tiempos de Josué y el sitio de Jerusalén por Nabucodònosor, pasó más tiempo que entre la guerra de Cien Años y la segunda Guerra Mundial y aunque es evidente que la evolución era más lenta en la antigüedad, sin embargo, durante aquellos seis siglos y medio la organización del ejército y el arte militar experimentaron numerosas y profundas modificaciones.
Es necesario, por consiguiente, considerar las instituciones militares de Israel conforme a su desarrollo histórico. Habrá también que tener en cuenta el carácter general de las fuentes de que disponemos: se trata de textos religiosos que por lo regular no se preocupan de la constitución del ejército ni de la técnica de. la guerra. Si algunas veces, como sucede sobre todo en los textos antiguos, se interesan más directamente por esto, lo hacen de una manera que nos desconcierta: la guerra era en Israel una institución sacrai con sus ritos propios, y la noción de la guerra sania se perpetuó, transformándose e idealizándose, hasta el fin del Antiguo Testamento. A lo largo de los capítulos que siguen vamos a describir primero las instituciones militares en su aspecto profano, reservándonos para el final el estudio de su carácter religioso.
1. El pueblo en armas
Entre los nómadas¹ el ejército no se distingue del pueblo : todo hombre en el vigor de sus fuerzas puede tomar parte en expediciones de pillaje — razzias — y debe estar dispuesto a defender contra el enemigo los bienes y los derechos de su tribu, bajo la dirección del seih o de un jefe valeroso. Por lo regular, cada tribu obra por cuenta propia, pero a veces varias tribus se unen para una acción común. Existen costumbres de guerra y reglas de combate, pero no hay organización militar estable. Es muy probable que sucediese esto mismo cuando Israel hacía todavía vida seminómada, pero resulta difícil reconocer la situación real a que se refieren las relaciones del Éxodo y de los Números. La imagen de un pueblo en armas que sale de Egipto, Éx12:37; Ex13:18; Ex14:19-20, que marcha y acampa en el desierto en formación ordenada, Núm1:3.Nm1:20-22...; Nm2:1-31; Nm10:11-28, es reflejo idealizado de una época posterior en que el pueblo, ya unificado, era llamado a las armas en caso de peligro nacional. La historia de la conquista en el libro de Josué fue igualmente sistematizada con ventaja para todo Israel, pero ciertas secciones de este libro y los pasajes paralelos de Jue1 dan una visión más real y muestran a las tribus o a grupos de tribus, Judá y Simeón, la casa de José, asegurándose independientemente su parte de la tierra santa; a lo cual hay que añadir las notas antiguas de Núm 32:1, Nm32:16.Nm32:39-42, referentes a la instalación de Rubén, Gad y Manasés oriental. En ninguno de estos casos se trata de un ejército organizado.
Algo mejor informados estamos sobre la época de los jueces. Cada tribu se implanta en su territorio y lo defiende contra las reacciones de los cananeos que habían sido desposeídos, contra los ataques de los pueblos vecinos o las razzias de los nómadas. Pero las tribus, unidas por el pacto sellado en Siquem, Jos24, se ven a veces empeñadas en empresas militares comunes: Gedeón convoca no sólo a Manasés, su propia tribu, sino también a Aser, Zabulón y Neftalí, Jue6:35, como también a Efraím, Jue7:24, que se queja de que no se le hubiese llamado desde el principio, Jue 8:1. Según el relato en prosa de Jue 4:6s, Baraq moviliza a Zabulón y Neftalí contra los cananeos, pero el cántico de Débora, Jue5:14s, enumera además los contingentes de Efraím, Benjamín, Makir e Isacar, y reprocha a Rubén, Galaad, Dan y Aser el haberse mantenido neutrales. Para vengar el crimen de Guibeá, toda la confederación israelita toma las armas, Jue20, excepto las gentes de Yabes de Galaad, Jue 21:8s.
Así también Saúl convoca a «todo Israel» contra los ammonitas, 1Sam 11:1-11, y la victoria que reportan le proporciona la corona. Por fin se ha llevado a cabo la unidad política y el pueblo tiene un rey «que sale a su cabeza y combate sus combates», 1Sam 8:20. Saúl convoca a todo el pueblo para la guerra santa contra los amalecitas 1Sam15:4, y congrega a «todo Israel» contra los filisteos, 1Sam 17:2-11; así van a la guerra los tres hermanos de David, 1Sam17:13, dejando en Belén sólo a su anciano padre con David, que es demasiado joven para llevar las armas. Según 1Sam23:8, el rey parece haber convocado incluso a «todo el pueblo» para perseguir a David refugiado en Queila. Para la batalla de Guelboé, en que había de ser derrotado y muerto por los filisteos, Saúl había congregado a «todo Israel», 1Sam28:4. Si se compara con la época de los jueces, las cosas han cambiado notablemente, pero la evolución ha tenido lugar sin ruptura. Los jueces eran «salvadores» designados por Dios para liberar a su pueblo; también Saúl es un jefe carismàtico animado del espíritu de Yahveh, 1Sam10:10, y sobre todo 1Sa11:6, y su victoria contra los ammonitas se puede comparar con los éxitos militares que consagraban a los grandes jueces.
Para llamar el pueblo a las armas, el jefe, fuese juez o rey, hacía tocar el cuerno, Jue 3:27 (Ehúd); Jue6:34 (Gedeón); 1Sam13:3 (Saúl), o hien enviaba propios a las tribus, Jue 6:35,Jos 7:24. La embajada iba a veces acompañada de una acción simbólica: Saúl descuartiza un par de bueyes y envía los cuartos a todo el territorio de Israel con la siguiente amenaza: «Quienquiera que no marche en seguimiento de Saúl verá tratar de esta misma suerte a sus bueyes», 1Sam 11:7. Para levantar a todo Israel contra las gentes de Guibeá que habían abusado de su concubina hasta darle muerte, el levita corta el cuerpo en doce trozos y los envía a las tribus, Jue19:29-30. En la época de los jueces, la respuesta a estos llamamientos depende de la decisión de cada grupo. El cántico de Débora insiste dos veces en esta libertad de alistarse, Jue 5:2-9, y se limita a reprochar o lamentar que algunas tribus no acudieran al llamamiento, Jue 5:15-17; cuando mucho maldice a Meroz, Jue 5:23, ciudad de Neftalí que no había seguido a su tribu, la primera en empeñarse en el asunto. Se puede amenazar a los que no Cumplan su deber, Jue21:55; 1Sam11:7, pero no sabemos cuáles eran las sanciones que se aplicaban efectivamente. Según la tradición de Jue 21:6-12, la expedición contra las gentes de Yabes no es un 'castigo por su abstención, sino un medio de proporcionar mujeres al resto de los de Benjamín sin romper el juramento que ligaba a los combatientes.
A pesar de estas levas en masa, los efectivos eran poco considerables. En los relatos antiguos se introdujeron cifras exageradas. Según ellos, 400 000 hombres marcharon contra Benjamín, Jue20:17; 300 000 israelitas y 30 000 judíos respondieron a la convocación de Saúl, ISam 11:8; 200 000 infantes le siguieron contra los amalecitas, 1Sam15:4, etc. Otros textos, en cambio, son más sobrios: los contingentes de Zabulón y Neftalí no reúnen más de 10 000 hombres, Jue4:10, y 40 000 parece ser lo más que se puede esperar de la confederación de las tribus, Jue 5:8, que es también el efectivo de todo el ejército de Israel delante de Jericó, Jos 4:13. Y nótese que aun estas cifras son todavía simbólicas.
Los hombres se congregan en traje de campaña, halüsim, literalmente «despojados, desembarazados», es decir, con hábitos cortos. Ellos mismos aportan su armamento, que es sencillo. Las armas ordinarias son la espada y la honda; los de Benjamín tenían honderos de primera clase, Jue 20:16. En tiempos de Débora no había «escudo ni lanza para los cuarenta mil de Israel», Jue 5:8. A comienzos del reinado de Saúl, los filisteos habían desarmado a Israel, y en la batalla de Mikmas sólo Saúl y Jonatán tenían espada y lanza, 1Sam 13:19-22. La lanza de Saúl se convierte en símbolo de su dignidad real, 1Sam22:6; 1Sa26:7.1Sa26:16.1Sa26:22; 2Sam1:6; cf. 1Sam 18:11; 1Sa19:9; su escudo es mencionado sólo en la elegía de David, 2Sam1:21. A Jonatán, por el contrario, se le asocia con el arco, 1Sam18:4; 1Sa20:20s; 2Sam 1:22. El casco de bronce y la coraza con que Saúl trata de armar a David producen un hermoso efecto literario, pero probablemente son un anacronismo.
La organización de este ejército es la misma que la del pueblo. La unidad es el clan, la mišpâhah,² que teóricamente (en realidad, la cifra era mucho más reducida) ofrece un contingente de mil hombres: compárese 1Sam10:19 (êlep) y 1Sa10:21 (mišpáhah) y el empleo de «millar» por «clan» en Jue 6:15; 1Sam 23:23. El pueblo en armas son los «millares de Israel», Núm 31:5; Jos 22:21, Jos 22:30; Jue 5:8. Estos grupos los manda un «jefe de mil», šar 'elep, 1Sam 17:18; 1Sa18:13. Podían estar divididos en pequeñas unidades de cien hombres, 1Sam 22:7; cf. Jue7:16 y de cincuenta hombres, 1Sam8:12. El término hámusim se explica a veces por una repartición del ejército en cincuentenas. Este término, fuera de Éx 13:18 y Núm 32:17 (corregido según las versiones), sólo se encuentra en Jos 1:14; Jos 14:12 y Jue 7:11. Es más verosímil que el término designe a los guerreros formados en «cinco» cuerpos en las marchas y en los campamentos. De la misma manera que el árabe banás, «cinco», significa, según los lexicógrafos, el ejército compuesto de vanguardia, un cuerpo, dos alas y retaguardia. Recordemos la disposición del campo del desierto según Núm 2:2-31: cuatro divisiones, degâlîm, que rodeaban la tienda guardada por los levitas, lo que equivale a cinco unidades, con lo que conviene relacionar los hâmušîm del campo madianita, Jue 7:11; y el orden de marcha de Núm10:11-28: las divisiones de Judá y de Rubén, luego la tienda y los levitas, y por fin las divisiones de Efraím y de Dan, con que se pueden comparar los hámusim de Éx 13:18; Jos1:14; Jos4:12.
Se comprende que aquellas tropas mal armadas y poco adiestradas se aterrorizasen ante las plazas fuertes de Canaán, Núm 13:28; Dt 1:28; los carros revestidos de hierro, Jos17:16-18; Jue1:19; Jue4:13; 1Sam 13:5; 2Sam 1:6, y los campeones filisteos pesadamente armados, 1Sam 17:4-7. Pero los israelitas, en el primer estadio de la conquista, se aprovecharon de la dispersión de las fuerzas cananeas y del vacío dejado por la retirada de Egipto. Sus conquistas eran infiltraciones; se detenían en el límite de las llanuras que estaban defendidas por las plazas fuertes y por los carros, Jos 17:12.Jos17:16; Jue1:19.Jue1:27-35. Cuando se relata con algún detalle la toma de una ciudad, se ve que había sido preparada con espionaje y lograda por traición o con estratagemas: Jericó, Jos 6; Ay, por otra parte ya en ruinas, Jos 8; Betel, Jue 1:23-25. Los islotes cananeos que subsistieron sólo desaparecieron poco a poco.
Las batallas en regla eran fatales para los israelitas, 1Sm 4:1-11; 1Sa31:1-7. Se compensaba la insuficiencia del armamento y la falta de formación militar atacando con una pequeña tropa de hombres valerosos, cf. ya los relatos del desierto, Éx17:9; Núm 31:3-4. Los de Dan que van a conquistar un territorio no son más que 600, Jue 18:11, Saúl se escoge 3000 hombres en todo Israel para luchar contra los filisteos, 1Sam13:2; y así, con 600 hombres, obtiene su primera victoria, 1Sam 13:15; 1Sa14:2. Estas tropas reducidas, pero bien manejadas por sus jefes se imponían a enemigos más numerosos o mejor equipados, con sus audaces ataques, con ardides de guerra o con emboscadas. Jonatán y su escudero atacan solos el puesto filisteo de Mikmas sembrando en él el pánico; los 600 hombres de Saúl caen sobre el enemigo, cuyos auxiliares «hebreos» desertan; los israelitas de la montaña de Efraím se juntan para perseguir a los filisteos, cuya derrota se convierte así en un desastre, 1Sam 14:1-23. Todavía es más típica la acción de Gedeón contra los madianitas, Jue 6:33-Jue7:22: de los 32 0000 hombres que habían respondido a su llamamiento, despide a los que tienen miedo, y se queda sólo con 10 000; de éstos finalmente escoge a 300 y los divide en tres columnas. Se informa sobre la moral del enemigo, que es baja, y prepara cuidadosamente una operación nocturna. Las antorchas disimuladas en los cántaros hasta la señal del ataque, los toques de trompeta y el griterío de guerra deben infundir pánico en el campo enemigo dando la sensación de un ejército numeroso. La estratagema da resultado: los madianitas pierden la serenidad y emprenden la fuga. Viene luego la explotación de la victoria: las gentes de Efraím, como en 1Sam14:22, cortan la retirada a los fugitivos, Jue7:23-25, y el pequeño ejército de Gedeón persigue a los supervivientes hasta las márgenes del desierto, Jue 8:4-12. Aunque este relato combina dos episodios distintos, da una idea justa de lo que fueron las guerras en la época de los jueces.
Finalmente, sucede también que los adversarios se ponen de acuerdo para confiar la decisión a un combate singular. De este uso entre los seminómadas cananeos tenemos ya un testimonio en la historia de Sinuhit, cuento egipcio del siglo XVIII antes de nuestra era. El desafío del filisteo a los israelitas, ISam 17:8-10, es la proposición explícita de un combate singular de que ha de depender la suerte de ambos pueblos. Las proezas individuales de los paladines de David, 2Sam 21:15-21, se pueden explicar de esta misma manera. Los campeones de estas luchas entre dos, que tenían lugar entre las tropas en orden de batalla, parecen haberse llamado îš habbenaym «hombre del entre dos», del mano a mano, u «hombre de la lucha entre dos», 1Sam17:4.1Sm 17:23. El término no vuelve a estar atestiguado sino por la Regla de la guerra, descubierta en Qumrán, pero el sentido ha evolucionado: se trata de la infantería ligera.
En la guerra entre los partidarios de Saúl y los de David, Abner propone a Joab que se remitan a la lucha entre doce hombres selectos escogidos por cada parte, pero no se logra una decisión porque todos los campeones perecen juntos, por lo cual se traba un combate general, 2Sam2:14s. Estas costumbres existían en las tribus árabes y se han conservado hasta la época moderna: en el momento más duro de la conquista de Argelia, el emir Abd-el-Kader propuso al duque de Aumale, enviado al frente de las tropas por su padre, el rey Luis-Felipe, que se pusiese fin a la guerra ora con un combate singular de los dos jefes en el frente de batalla, ora viniendo a las manos un número igual de soldados que cada uno designaría en su campo.
Este estudio de las instituciones militares antes de David no toma en consideración su aspecto religioso, que será examinado ulteriormente3. Con todo, no hay que olvidar, ni siquiera aquí que los guerreros de Israel se veían confortados por la fe en que Yahveh combatía con ellos y que podía darles la victoria, fuesen numerosos o no, 2Sam 14:6; 2Sa17:47.
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