I.EL NOMADISMO Y SUS SUPERVIVENCIAS PREÁMBULO
I EL NOMADISMO Y SUS SUPERVIVENCIAS
PREÁMBULO
Los antepasados de los israelitas, y los mismos israelitas al principio de su historia, llevaban una vida nómada o seminómada. Después de volverse sedentarios conservaron rasgos de su primer modo de vida. Un estudio de las instituciones del Antiguo Testamento debe considerar primeramente este estado social por el que ha pasado Israel. El estudio es delicado, pues las tradiciones sobre los orígenes del pueblo han sido, hasta cierto punto, sistematizadas en la Biblia. Conservan sin embargo muchos elementos antiguos, que son altamente interesantes. Se puede explicar también la organización primitiva de Israel, comparándola con la de aquellos pueblos nómadas que le son afines, sea por el lugar de habitación, sea por la raza. Así los árabes de antes del islam, conocidos a través de los textos, y los árabes de nuestros días, que han sido objeto de estudios etnográficos. En todo caso, es necesario guardarse de comparaciones precipitadas, que olvidan ciertas diferencias esenciales. En efecto, restringiéndonos al oriente medio, el nomadismo revistió y reviste hoy — ¿para cuánto tiempo aún? — formas muy variadas.
1) El gran nómada, el verdadero beduino —palabra que significa «hombre del desierto» — es un pastor de camellos. Puede morar o, al menos, atravesar las regiones propiamente desérticas, que reciben menos de 10 cm de lluvia anual. Trashuma sobre largos recorridos y tiene muy pocos contactos con los sedentarios.
2) El pastor de ovejas y cabras es también un verdadero nómada, pero sus rebaños son más débiles, tienen necesidad de beber más frecuentemente y reclaman un alimento más escogido. Vive, sobre todo, en zona subdesértica, entre las isohietas de 10 a 15 cm, y sus trashumancias son más cortas. Cuando los desplazamientos son considerables, están siempre ligados a itinerarios que pasan por aguadas bastante cercanas entre sí. Está en contacto más frecuente con los países sedentarios, a cuyo linde apacienta sus rebaños.
3) Cuando a la cría del ganado menor se añade la del ganado bovino, entonces el pastor deja de ser un verdadero nómada. Se establece, comienza a cultivar la tierra y a construir casas. Con todo, al menos en invierno y primavera, una parte del grupo vive bajo la tienda con los rebaños. Según los lazos que lo unan al suelo, será seminómada o empezará a ser semisedentario.
Existen, entre estos grandes grupos sociales, estados intermedios y formas híbridas en el límite de sus trashumancias o bien oasis que cultiva mediante siervos.
Ni los israelitas ni sus antepasados han sido nunca verdaderos beduinos, pastores de camellos. Sus padres eran pastores de ganado menor, y cuando los encontramos en la historia, los patriarcas están ya en camino de volverse semisedentarios. Es un primer punto que limita la comparación con los beduinos estudiados por los etnógrafos. Los estudios de éstos han tenido también como objeto tribus dedicadas al pastoreo de ovejas, y que comienzan a estabilizarse en un lugar. Éstas representarían el mismo tipo social que los primeros grupos israelitas. La comparación, en este caso, es más válida. Esto no obstante, existe una diferencia. Los pastores modernos, seminómadas o semisedentarios, son antiguos beduinos que han limitado sus trashumancias y se vuelven sedentarios poco a poco. Conservan aún el recuerdo y ciertas costumbres de la vida libre del gran desierto. Los israelitas no han conservado tales recuerdos, porque ni ellos ni sus antepasados llevaron una vida semejante, y no existía tampoco, en su tiempo, una verdadera «civilización del desierto» que impusiera sus costumbres: el desierto era a sus ojos el refugio de los sin ley, madriguera de salteadores, morada de los demonios y las bestias salvajes. Volveremos sobre el tema, a propósito del llamado «ideal nómada» del Antiguo Testamento.
Con todo, es cierto que los israelitas y sus antepasados han vivido, durante cierto tiempo, una vida nómada o seminómada en el desierto. Ahora bien, esta vida supone unas estructuras sociales y un comportamiento del todo particulares, y ello justifica que se tome, como punto de comparación y con las debidas reservas, la organización y las costumbres de los árabes nómadas.
En el desierto, la unidad social debe ser, por una parte, bastante restringida, para permitir la movilidad, y por otra parte, bastante fuerte para proteger la propia seguridad: esto lo realiza la tribu. Además, en el desierto, un individuo separado de su grupo debe contar con la acogida de los grupos que encuentra a su paso o a los que se agrega. Todos pueden tener necesidad de tal ayuda y todos la deben prestar: es el fundamento de las leyes de hospitalidad y de asilo. En el desierto, finalmente, donde no hay ni policía, ni superiores a la tribu, los grupos se hacen solidarios en el crimen y en el castigo: es la ley de la venganza de la sangre. Es necesario que nos detengamos un poco a estudiar estos tres hechos sociológicos que parecen los más característicos del nomadismo.
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