Capítulo XVII LAS FIESTAS ANTIGUAS DE ISRAEL
Capítulo XVII
LAS FIESTAS ANTIGUAS DE ISRAEL
Las grandes fiestas anuales del antiguo Israel eran las tres fiestas de peregrinación llamadas hág: los ácimos, las semanas y los tabernáculos, y la fiesta de pascua, que finalmente quedó ligada a la de los ácimos.
1. Pascua y los ácimos
La pascua era en tiempos del Nuevo Testamento la fiesta principal de los judíos y así ha seguido siéndolo, pero no siempre lo había sido, y tiene tras sí una larga historia en la que quedan diversos puntos oscuros. Aquí no nos toca estudiar la forma que la fiesta adoptó en el judaismo postbíblico y que constituye el objeto del tratado Pesahim de la Mišná, ni de la pascua que todavía hoy celebran los samaritanos conservando los antiguos ritos; nos atendremos estrictamente al Antiguo Testamento. Los informes no son muy abundantes y a veces son difíciles de interpretar. Tenemos textos litúrgicos: el ritual de la pascua contenido en el relato de la salida de Egipto, Éx12, los calendarios religiosos de Éx 23:15; Ex34:18-25; Dt 16:1-8; Lev 23:5-8, los rituales de Núm 28:16-25; Ez45:21-24, el relato de Núm9:1-14 que, en forma narrativa, justifica la práctica de la pascua el segundo mes. Hay, por otra parte, textos históricos que mencionan y describen la celebración de ciertas pascuas: la primera pascua del éxodo, Éx12, la de la entrada en Canaán, Jos 5:10-12, la de Josías, 2Re 23:21-23 =2Cr 35:1-18, la del retorno de la cautividad, Esd 6:19-22, a la que se añade, sin paralelo en los libros de los Reyes, la pascua de Ezequías, largamente descrita en 2Cr30. Finalmente, hay que tener en cuenta documentos extrabíblicos importantes: un papiro y dos ósíraka que provienen de la colonia judía de Elefantina.
a) La evolución histórica. Los textos legislativos, excepto el de Ezequiel, provienen del Pentateuco y pertenecen a diferentes tradiciones; permiten seguir la evolución de la fiesta, evolución confirmada por los informes más breves de los libros históricos y de los documentos de Elefantina. Puesto que los textos más recientes son los más detallados y los más claros, conviene partir de ellos y remontarse en la historia de la fiesta para determinar, si es posible, sus orígenes.
1. La tradición sacerdotal. Está representada por Lv 23:5-8; Nm 28:16-25 (cf.Nm 9:1-14) y en Ex 12 por los v.1-20 y 40-51. Estos textos hablan en realidad de dos fiestas sucesivas: la pascua y los ácimos. La pascua se celebra en el plenilunio del primer mes cada familia escoge un escoge un cordero de un año, macho y sin defecto, que se inmola al crepúsculo del 14 y con su sangre se rocía el dintel y las jambas de la puerta de la casa. Es un sacrificio zebah, cuya carne debe asarse y comerse en la misma noche de plenilunio; no hay que romper los huesos de la víctima y se debe quemar lo que sobra después de lacomida religiosa. Se come con panes sin levadura y con hierbas amargas, y los participantes están preparados, en su atuendo, para viaje. Si la familia es poco numerosa, se une a algunos vecinos; los esclavos y los gerîm, extranjeros residentes, participan de la comida pascual, con tal que sean circuncisos.
Al día siguiente, 15, comienza la fiesta de los ácimos, massôt. Se hace desaparecer todo el viejo pan leudo y durante siete días, del 15 al 21, no se come sino pan ácimo, es decir, sin levadura; el primer día y el séptimo son de descanso y en ellos se celebra una asamblea religiosa.
Este ritual es conforme a la breve prescripción de Ez 45:21, a la pascua celebrada al regreso de la cautividad según Esd 6:19-22 y a las indicaciones del papiro pascual de Elefantina, de 419 a.C., en el que la insistencia en las fechas que se han de observar para la pascua se explica como una nueva prescripción impuesta a esta colonia judía.
2. El Deuteronomio. El pasaje de Dt16:1-8, parece a la primera lectura unir la pascua y los ácimos más estrechamente aún que los textos sacerdotales. Pero el texto es compuesto. Los v. Dt16:1-2.Dt 16:4b-7: conciernen a la pascua: ésta se celebra el mes de abril (que, en el antiguo calendario de otoño, correspondería al primer mes del año de primavera en el calendario posterior), pero no se precisa el día. La víctima se puede escoger del ganado mayor o menor y se debe inmolar a la puesta del sol, no ya en el lugar donde cada uno reside, sino «en el lugar escogido por Yahveh para hacer que habite en él su nombre», es decir, en Jerusalén. En este mismo santuario debe guisarse y comerse durante la noche; por la mañana todos regresan a sus casas.
Los v. Dt16:3-4a.Dt 16:8 se refieren, por el contrario, a los ácimos: durante siete días se comerán los massôt, un «pan de miseria». El séptimo día es de descanso, con una asamblea religiosa. La relación entre las dos fiestas es artificial: si el pueblo se dispersa la mañana que sigue a la noche de la pascua, no se queda hasta la reunión del séptimo día para comer los panes ácimos.
Conforme a este ritual deuteronomista se celebró la pascua de Josías, 2Re 23:12-23, donde no se habla de los ácimos. La novedad de la fiesta se subraya enérgicamente: «No se había celebrado una pascua como aquélla desde los días de los jueces que habían regido a Israel y durante todo el tiempo de los reyes de Israel y de Judá.» El relato de esta pascua está mucho más desarrollado en 2Cr 35:1-18, pero no aporta nada original para la época de Josías: las adiciones se inspiran en la práctica de la época del cronista, se mencionan los ácimos, v. 17, y se suprime la contradicción que había entre pascua y ácimos en Dt16:7-8. El cronista insiste también en la novedad de esta fiesta: ninguna pascua se había celebrado como aquélla desde la época de Samuel, 2Cr 35:18.
¿En qué consistía esta novedad? Para descubrirla hay que hacer una comparación con los usos más antiguos
3. Los antiguos calendarios religiosos. Los dos más antiguos calendarios religiosos hablan de los ácimos, Éx 23:15; Ex34:18; pero no de la pascua. Los massôt se comen durante siete días del mes de abib, y es una de las tres fiestas de peregrinación, hág, cf. Éx 23:14-17; Ex34:23. Son las tres fiestas en que Salomón oficiaba personalmente en el templo según 1Re 9:25, y están designadas explícitamente con sus nombres, ácimos, semanas, tabernáculos, en el pasaje paralelo de 2Cr 8:13; cf. Dt 16:16.
Se trata de la pascua en Éx 34:25, pero fuera del calendario de las fiestas de peregrinación; el paralelismo invita a descubrir también la pascua en Éx 23:18, aunque también fuera de las tres fiestas de peregrinación. Sin embargo, la presencia de la palabra hâg en estos dos versículos induce a situar su redacción después del Deuteronomio, cuando la pascua era ya una peregrinación, hâg.
La innovación del Deuteronomio y de la fiesta de Josías consiste precisamente en haber hecho de la pascua una peregrinación, para la que se acudía al santuario único. Era una consecuencia de la centralización del culto. Antes, la pascua era una fiesta de familia, que se celebraba en cada ciudad y en cada domicilio familiar, cf. Éx 12:21-23 y Dt 16:5, y era distinta de la peregrinación de los massôt. Como las dos fiestas caían en la misma época y tenían, como veremos, rasgos comunes, se reunieron en una. Pero esta unión no se había hecho todavía en la época de Josías y no aparece sino en Ez 45:21 y en los textos sacerdotales.
Sin embargo, según otro pasaje de los paralipómenos, la fiesta de Josías no debió de ser gran novedad: tal pascua se habría celebrado ya en Jerusalén bajo Ezequías, con la particularidad de que los plazos requeridos para la purificación de los sacerdotes y para la convocación de los fieles del antiguo reino del norte, hicieron que se decidiera excepcionalmente celebrarla el 14 del segundo mes; fue, como dice 2Cr 30:26, una fiesta como no se había visto igual desde los tiempos de Salomón. Recientemente se ha tratado de defender la historicidad de este relato hasta en sus detalles, explicando la celebración en el segundo mes por una diferencia entre los calendarios de Efraím y de Judá. Parece más bien que el cronista imaginó la reforma de Ezequías, que los libros de los Reyes sólo mencionan brevemente, a la manera de lo de Josías y le dio como conclusión una pascua solemne que, por lo demás, sigue menos las prescripciones del Deuteronomio que las del código sacerdotal: en este texto los ácimos están ligados francamente con la pascua. Del código sacerdotal tomó también el cronista esta idea de la pascua del segundo mes, inspirándose en Núm 9:1-14, donde se encuentran los dos rasgos de la falta de pureza y del largo viaje; esta reglamentación de Núm 9:1-14 se explica por las condiciones de después de la cautividad y por las relaciones entre la comunidad de Palestina y las de Babilonia y de la diáspora.
Reconozcamos la novedad de la pascua del Deuteronomio y de Josías. Pero ¿se trata de una novedad absoluta? Los textos indican más bien que se reanudaba un uso antiguo, largo tiempo descuidado, «desde la época de los jueces», dice 2Re23:22, «desde la época de Samuel», dice 2Cr35:18, que viene a decir prácticamente lo mismo. Hay que distinguir dos cuestiones: la reunión de la pascua y de los ácimos y la obligación de celebrar la pascua únicamente en Jerusalén.
En favor de una combinación antigua de las dos fiestas se ha recurrido a Jos5:10-12: en el primer campamento en la tierra prometida, en Guilgal, los israelitas celebraron la pascua el 14 del mes por la tarde, comieron «aquel mismo día», «el día siguiente a la pascua», de los productos del país, massât y espigas tostadas; entonces cesó de caer el maná. Sería, pues, una tradición del santuario de Guilgal, donde las pascuas y los massôt conmemoraban el final del éxodo y la entrada en la tierra prometida. A esto se ha objetado que el relato, al colocar los ácimos al día siguiente de la pascua, dependía de la tradición sacerdotal y sólo podía ser tardío. No es seguro, pues las palabras «al día siguiente de la pascua» faltan en los mejores testigos de la versión griega y están en contradición con la expresión vecina «aquel mismo día»; son probablemente una glosa. Pero tampoco es seguro que se trate de la fiesta de los massôt conocida por los textos litúrgicos : los más antiguos de éstos hacen durar la fiesta siete días y no hablan de espigas tostadas. Se tiene más bien la impresión de que se trata de una tradición independiente, que refleja un uso del santuario de Guilgal, pero que no prueba que en los comienzos de la instalación en Canaán se hubiese unido la pascua y una fiesta de los ácimos tal como está descrita en los otros textos. Los primeros calendarios religiosos mencionan los ácimos, pero no la pascua, la combinación no se había hecho todavía en la primera redacción del Deuteronomio y el relato de la reforma de Josías habla únicamente de la pascua.
En cuanto a la obligación de celebrar la pascua en Jerusalén, que es la verdadera novedad del Deuteronomio, es muy posible que, como dicen 2Re23:22 y 2Cr35:18, la pascua fuera, hasta la institución de la monarquía, una fiesta común celebrada en el santuario central de la confederación de las tribus así como había sido una fiesta tribal antes de la sedentarización; una de las consecuencias de ésta fue el relajamiento de los vínculos tribales que llevó consigo una descentralización del culto:² la fiesta de la pascua se habría convertido entonces en una fiesta de familia, lo cual explica el silencio de los calendarios de Éx23 y Ex34 y fue puesto de relieve por el antiguo ritual yahvista de Éx12:21-23; los ácimos eran una de las peregrinaciones anuales a los santuarios locales. El Deuteronomio y la reforma de Josías hicieron converger en Jerusalén las dos fiestas, que finalmente fueron unidas.
Sea lo que fuere de los detalles de esta historia, el carácter y el origen de las dos fiestas son diferentes.
b) El origen de la pascua. La pascua se llama en hebreo pesah. Parece que no se puede deducir nada del significado de la palabra, cuya etimología es muy discutida. La Biblia la pone en relación con la raíz psh, que significa «cojear», 2Sam 4:4; «cojear, saltar», IRe 18:21: en la última plaga de Egipto, Yahveh «saltó, omitió» las casas donde se celebraba la pascua, Éx12:13.Ex12:23.Ex23:27; es una explicación secundaria. Se ha relacionado la palabra con el acádico pašâhu, «calmar, apaciguar», pero la pascua israelita no tiene carácter expiatorio. Más recientemente se ha propuesto una explicación a través del egipcio: sería la transcripción de una palabra egipcia que significa «golpe»; la pascua sería el «golpe» de la décima plaga, Éx 11:1, cuando Yahveh «dio un golpe mortal» a los primogénitos de Egipto, Éx12:12-13.Ex12:23.Ex12:27.Ex12:29. La demostración no es convincente: se puede admitir una palabra egipcia para expresar una costumbre tomada de Egipto por los israelitas, pero es difícil admitir que los israelitas diesen un nombre egipcio a una costumbre que les era propia y que, en la hipótesis, fue instituida contra los egipcios. Además, esta explicación pone el origen y el significado de la pascua en conexión con la plaga de los primogénitos de Egipto, lo cual es un rasgo secundario.
Si se renuncia a estas disquisiciones etimológicas, la pascua se nos presenta como un rito de pastores. Es un sacrificio de nómadas o seminómadas; de todo el ritual israelita, es el más próximo a los sacrificios de los antiguos árabes: ausencia de sacerdotes, ninguna relación con el altar, importancia del rito de la sangre ³ tiene lugar en primavera, y es el sacrificio de un animal joven para obtener la fecundidad y prosperidad del ganado. La sangre que se pone sobre las jambas de la puerta, primitivamente sobre los palos de la tienda, debe alejar los poderes maléficos, al mašhît, el exterminados cuya mención ha sido conservada por la tradición yahvista, Éx 12:23, y vuelve a hallarse, quizá, deformada en la tradición sacerdotal, Éx 12:13. Es una fiesta que puede señalar, como ha sido propuesto, la partida para la trashumación de primavera, pero no se explica suficientemente: es con mayor generosidad, una ofrenda por la prosperidad del ganado, como lo era la antigua fiesta árabe del mes de raýâb, el primer mes de primavera. Los otros detalles de la pascua acentúan este carácter de fiesta de nómadas: se come la víctima asada al fuego, sin tener necesidad de utensilios de cocina, se come con panes sin levadura, que es todavía hoy el pan de los beduinos, y con hierbas amargas que no son hortalizas cultivadas en un huerto, sino plantas del desierto, que los beduinos saben escoger para sazonar su frugal alimento. Se come con los lomos ceñidos y las sandalias en los pies, como para una larga marcha, y con el báculo del pastor en la mano.
Esta fiesta pastoril no es la ofrenda de los «primogénitos» del ganado: en ninguna parte lo dicen los textos más detallados sobre la elección de la víctima y sobre los ritos de la fiesta. Sin embargo, Éx 34:19-20 insertó la ley de los primogénitos entre la prescripción de la fiesta de los ácimos y su conclusión natural, en el v. 20b como lo muestra la comparación con Éx 23:15, y Éx13:1-2.Ex13:11-16 pone la ley de los primogénitos en conexión con la de la pascua y de los ácimos. Es una conexión artificial, para la que sirvió de intermediario la décima plaga: en la noche de la pascua, Dios hirió de muerte a los primogénitos de Egipto perdonando a las casas marcadas con sangre de la víctima pascual; por eso, dice Éx 13:15, se inmolan los primogénitos de los animales y se rescata a los primogénitos del hombre. Pero esta conexión es secundaria: nada la expresa en el rito pascual, y la ley de los primogénitos es presentada aparte en el antiguo código de la alianza, Éx 22:28-29.
Los textos sacerdotales y Ez 45:21 son los únicos que precisan la fecha de la pascua, que es el 14-15 del primer mes, es decir, en el plenilunio del mismo mes. Esta fecha debió de ser la de la pascua desde los principios: siendo una fiesta nocturna y una fiesta del desierto, se celebra en el plenilunio, no ya necesariamente porque pertenecía a un culto astral, sino sencillamente porque es la noche del mes en que hay más claridad. Esta explicación de sentido común sirve para descartar una hipótesis según la cual en un principio se habría celebrado la pascua la noche de la luna nueva: como hodeš significó «luna nueva» antes de significar «mes», recientemente se ha querido traducir en este sentido Dt 16:1: «No dejes de observar el novilunio, hodeš, de abib y de celebrar en él una pascua para Yahveh tu Dios»; la continuación del versículo, en que se repite hodes, ciertamente en sentido de «mes», debe de ser, se dice, una adición sacerdotal. Una objeción más seria contra la antigüedad de la pascua en el plenilunio proviene de un óstrakon descubierto en Elefantina. Es una carta que se ha propuesto leer así: «Avísame cuándo celebráis la pascua»; si es exacta esta interpretación del texto —que no deja de ser seductora—, y si este documento es anterior al papiro pascual, que antes hemos mencionado — lo cual es probable — esto no quiere decir necesariamente que la pascua no se celebrase ya en el plenilunio en las colonias judías de Egipto: la duda podía referirse al mes en que se celebraba, si tal año era susceptible de tener un mes intercalar.⁴
De todos modos, la pascua es una fiesta muy antigua. Se remonta a la época en que los israelitas eran todavía seminómadas, es incluso anterior al éxodo, caso que la fiesta del desierto que se proponían celebrar los israelitas, Éx 5:1, fuera ya una pascua. Es la forma israelita de la fiesta de la primavera, que era común a los semitas nómadas, pero entre los israelitas adoptó un significado particular del que volveremos a tratar.
c) El origen de los ácimos. Los ácimos, massôt, son panes sin levadura. La fiesta de los massôt señalaba el comienzo de la siega de las cebadas, que se hace en primavera. A partir de este momento, «desde el momento en que la hoz comienza a cortar las espigas», Dt 16:9, se cuentan las siete semanas hasta la fiesta de la siega o de las semanas. Durante siete días se come el pan fabricado con los nuevos granos, sin levadura, es decir, sin nada que provenga de la vieja cosecha, es una manera de volver a comenzar. No hay que presentarse con las manos vacías delante de Yahveh, Éx23:15 y Ex34:20 (donde esta descripción se ha separado de la que concierne a los ácimos mediante la inserción de la ley de los primogénitos). La fiesta tiene, pues, el carácter de una primera ofrenda de las primicias, que se acentuará cuando el ritual posterior detalle el ritual de la primera gavilla, Lev23:9-14. Pero la verdadera fiesta de las primicias de la recolección es la de las semanas, que señala el fin de la siega de los trigos; la fiesta de los ácimos es sólo su preparación: las dos fiestas encuadran el tiempo de las siegas.
Se trata, por tanto, de una fiesta agrícola que no comenzó a observarse sino después de la entrada en Canaán, como lo dice Lev 23:10 a propósito de la primera gavilla. Es pues, posible que los israelitas tomaran esta fiesta de los cananeos. Se podría evocar a este propósito la ejecución de los descendientes de Saúl en el lugar alto de Gabaón, 2Sam 21:9-11, que tuvo lugar al principio de la siega de las cebadas, siguiendo un ritual no israelita, cuyo eco se halla en los poemas de Ras Šamra. Pero, fuera de la coincidencia de las fechas, los rituales no tienen nada de común y, en Israel, los ácimos estuvieron siempre relacionados con la semana: duran siete días, Éx 23:15; Ex34:18, de un sábado a otro sábado, Éx 12:16; Dt 16:8; Lev 23:6-8, lo que justificó la inserción de la ley del sábado después de la de los massôt, en Éx 34:21, precisando «aunque sea en tiempo... de la siega», que comienza con los ácimos. Esta conexión con el sábado indica que no se trata sólo de siete días cualesquiera consagrados a una fiesta, de lo que se hallarían equivalencias fuera de Israel, sino de una fiesta ligada al sistema de la semana, lo que se confirma por el cómputo que fija la fiesta de la siega siete semanas después de los ácimos, Lev 23:15; Dt 16:9. Como la semana y el sábado no se hallan fuera de Israel, la fiesta de los ácimos, aun cuando sea de origen cananeo, tomó desde su adopción, a lo que parece, un carácter propiamente israelita.
Siendo una fiesta agrícola, dependía de la madurez de la cosecha y no podía tener fecha más precisa que «el mes de las espigas», el mes de abib: tal es la disposición de los calendarios de Éx23 y Ex34 y también del Deuteronomio.
Ya hemos visto que la pascua se celebra este mismo mes, y precisamente en el plenilunio. Cuando con el Deuteronomio y la reforma de Josías se convirtió en fiesta de peregrinación, como lo eran ya los ácimos, pareció conveniente unir las dos fiestas; la prescripción antigua e independiente, de comer panes sin levadura también en pascua favoreció esta combinación, y hasta quizá la influencia de ritos locales, como el del santuario de Guilgal, Jos 5:10-12. La fecha de la pascua, fijada ya en el plenilunio, permaneció invariable y se le unieron los ácimos, siguiéndola inmediatamente durante siete días. Ésta es la situación de Lev 23:5-8. Si es valedera la fecha que hemos propuesto para el fondo de la ley de santidad, esto tuvo lugar después de Josías, pero todavía antes de la cautividad, lo cual explica que Ezequiel conozca y acepte estas fechas, Ez45:21. Pero esta combinación de un cómputo lunar (la pascua) y de un cómputo semanario (los ácimos) acarreó una complicación insoluble, puesto que la pascua no caía necesariamente en una vigilia de sábado, en que debían comenzar los ácimos. En la práctica se abandonó la conexión de los ácimos con la semana, atendiéndose a la fiesta de la pascua, pero en la época judía fariseos y betuseos (un grupo de saduceos) disputaban entre sí, sin resultado, acerca de la interpretación del sábado de los massôt y del «día siguiente al sábado», Lev 23:11-15, en que se debía ofrecer la primera gavilla y en que comenzaban las siete semanas antes de la fiesta de las semanas. Los betuseos entendían el sábado que caía en la semana de los massôt, y los fariseos el día mismo de pascua.
d) Conexión con la historia de la salud. En todas las tradiciones, los ácimos, Éx23:15; Ex34:18; Dt16:3, o la pascua, Dt 16:1-6, o la pascua y los ácimos, Éx12:23-27.Ez12:39 (tradición yahvista); Éx 12:12-13.Ex12:17 (tradición sacerdotal) se ponen en conexión con la salida de Egipto. La conexión es sumamente explícita en Éx 12, que incorpora a su relato de la salida de Egipto el ritual de las dos fiestas: estos ritos fueron instituidos para contribuir a esta liberación y luego para conmemorarla.
Eruditos que ven en el culto la actualización del mito, consideran todo el conjunto de Éx 1-15 como la leyenda de la fiesta pascual detrás de la cual es inútil buscar acontecimientos de la historia: es la expresión cultual del mito de la lucha de Yahveh contra sus enemigos. El punto culminante es esa noche que se revive en la noche de pascua, esa noche en que se vela como «veló» Yahveh, Éx 12:42. Por la mañana, Éx 14:24, son derrotados los egipcios; es el triunfo de Yahveh, celebrado en un canto de victoria, que termina con la glorificación del templo de Jerusalén, donde se desarrolla la fiesta y donde Yahveh reside para siempre, Éx 15:17.
No se puede negar la presencia de elementos cultuales en el relato de Éx12 — el texto mismo los subraya — y hay que reconocer que los ritos de la pascua y de los ácimos influyeron en la presentación de la historia, pero esto no convierte a Éx12, y mucho menos a Éx 1-15, en un mero discurso sagrado, comentario de los ritos. Hay otros muchos elementos, y esta sección forma parte de un conjunto que quiere ser una obra histórica. Conviene recordar aquí también que la religión de Israel es una religión histórica y que la ley de Israel está fundada en la intervención de Dios en la historia de su pueblo. Había una fiesta, probablemente preisraelita, de la pascua; existe una fiesta de los ácimos, tomada quizá de Canaán, pero convertida en una fiesta verdaderamente israelita; estas dos fiestas se celebran en primavera. Había hahido, cierta primavera, una intervención flagrante de Dios, la liberación de Egipto, que había señalado el comienzo de la historia de Israel como pueblo, y como pueblo elegido de Dios, y se había consumado con la instalació en la tierra prometida. Las fiestas de la pascua y de los ácimos sirvieron para conmemorar estos acontecimientos dominantes en la historia de la salud. Este significado se unió muy pronto a las dos fiestas, a cada una de ellas independientemente, según las tradiciones más antiguas, y este valor que ambas tenían en común hacía casi inevitable que un día acabasen por unirse.
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