Capítulo X EL RITUAL DE LOS SACRIFICIOS
Capítulo X
EL RITUAL DE LOS SACRIFICIOS
El altar es el lugar del sacrificio y el sacrificio es el acto principal del culto. Vamos a tratar finalmente de determinar cuál era el significado del sacrificio en la religión de Israel, pero esta conclusión sólo puede ser consecuencia del estudio del ritual y de su evolución. Para comenzar aceptaremos una definición provisional: el sacrificio es toda ofrenda, animal o vegetal, que se destruye en todo o en parte sobre el altar como obsequio a la divinidad. El estudio se complica por el hecho de que los términos con que se designan los sacrificios son bastante numerosos y su significado no se distingue siempre netamente; además, un mismo término puede significar diversas especies de sacrificios y, viceversa, diversos términos pueden aplicarse a un mismo sacrificio. El vocabulario refleja una evolución histórica y la fusión de prácticas análogas originarias de ambientes diferentes.
Partiremos del ritual más completo y más reciente y luego trataremos de seguir la historia de los sacrificios remontándonos hacia su origen. El código sacrificial del segundo templo está contenido en Lev 1-7. Esta sección pertenece a la última redacción del Pentateuco; es de carácter legislativo e interrumpe el relato de la institución del culto en el desierto que después de la erección del santuario, Éx40, debería continuarse con la consagración de los sacerdotes, Lev 8-10.
1. El holocausto
El término actual «holocausto» ha tomado de la Vulgata, y a través de ella de los Setenta, la interpretación del hebreo olah, cuya raíz significa «subir»; es el sacrificio que se hace subir sobre el altar o, con más verosimilitud, cuyo humo se hace subir hacia Dios al quemarlo. Su característica consiste en que en él se quema la víctima entera y que nada de ella corresponde al oferente ni al sacerdote (excepto la piel). Esto justifica el que el griego tradujese por holocaustos y que el término 'olah se sustituya a veces por kâlîl, sacrificio «total», 1Sa 7:9; Dt 33:10; en relación con 'olah en Sal 51:21.
Según el ritual de Lev1, la víctima es un animal macho, sin defecto, cf. ya la ley de santidad, Lev 22:17-25, de ganado mayor o menor, o un ave, pero solamente tórtola o paloma. La víctima es presentada por el oferente que debe estar en estado de perfecta pureza ritual. Pone la mano sobre la cabeza de la víctima. No es un gesto mágico que establezca un contacto entre Dios y el hombe, ni es tampoco símbolo de que la víctima sustituya al oferente, cargándose con sus pecados para expiarlos; desde luego, en la ceremonia del buco emisario, Lev 16:21, ¹ se carga así al animal con las faltas del pueblo, pero precisamente por este transferimiento se hace impuro e indigno de ser sacrificado. La imposición de las manos por el oferente no es tampoco una simple manumissîo, un abandono de la víctima a Dios, sino que es el atestado solemne de que tal víctima proviene ciertamente de él, del oferente, de que el sacrificio que va a ser presentado por el sacerdote es ofrecido en su nombre y él será quien reciba los frutos del mismo.
La víctima es degollada por el oferente en persona fuera del altar. La inmolación no era efectuada por los sacerdotes y los levitas sino en el caso de sacrificios públicos, 2Cr 29:22-24.2Cr 29:34; Ez 44:11. El papel propio del sacerdote no comienza sino cuando la víctima entra en contacto con el altar, lo cual se verifica por medio de la sangre: la sangre es derramada por el sacerdote alrededor del altar. En efecto, la sangre contiene la vida, es la vida misma según la concepción hebrea: «la vida de toda carne es su sangre», Lev 17:14; cf. Gén 9:4; Dt 2:23; Lev 7:26-27, y la sangre pertenece sólo a Dios.
La víctima es luego desollada, despedazada, y los cuartos son colocados por los sacerdotes sobre el altar donde arde un fuego perpetuo, Lev6:5-6; la indicación de Lev1:7 sobre la acción de encender el fuego no se aplica sino al primer sacrificio que se supone haber seguido a la promulgación de la ley. Todo se coloca sobre el altar, incluso la cabeza, las visceras y las patas, lavadas de antemano, y todo se quema.
Cuando la víctima es un ave, se modifica consiguientemente el ritual: no hay imposición de las manos ni degollación, todo se hace sobre el altar y, por esta razón, por el sacerdote en persona. Por Lev 5:7; Lv12:8 se ve que estos sacrificios de aves eran para los pobres el equivalente de los sacrificios de ganado que sólo podían afrontar los ricos. Por la misma razón económica, los sacrificios de ovejas y cabras eran más frecuentes que los de ganado mayor.
En el ritual reciente, el holocausto va acompañado de una ofrenda, minhah, H4503 de harina amasada con aceite y de una libación de vino, en la fiesta de la semana según Lev23:18, en los holocaustos cotidianos según Éx 29:38-42, en todos los sacrificios 'olah H5930 y zebah H2077según Núm 15:1-16. La harina se quemaba, el vino se derramaba al pie del altar, como la sangre, cf. Eclo 50:15.
Este primer capítulo del Levítico nos hace ya percibir lo fluctuante del lenguaje sacrificial. El holocausto se llama allí también qorbân, H7133 Lev 1:2.Lv 1:10.Lv 1:14, algo que se «acerca» a Dios o al altar: término que el Levítico, los Números y Ezequiel aplican a todos los sacrificios e incluso a ofrendas no sacrificiales, como los materiales destinados al santuario, Núm7 passim, y que en el judaismo posterior tomara el sentido de «consagración». En este mismo capítulo se llama también al holocausto 'iśšeh, Lev 1:9.Lv 1:13.Lv 1:17. La etimología es discutida, pero, sea la que sea, no cabe duda de que los redactores bíblicos aplicaban el término a toda ofrenda total o parcialmente consumida por el fuego, 'eš. El término, frecuente en los escritos sacerdotales, reasumido por Eclo hebr. Eclo 45:20; Eclo 50:13, no se encuentra más que en otros tres pasajes, Dt18:1; Jos13:14(hebr.); 1Sa2:28, es decir, en textos deuteronomistas y siempre a propósito del derecho de los sacerdotes sobre los sacrificios. En el Pentateuco va el término con frecuencia acompañado por la expresión «olor apaciguante para Yahveh». Este antropomorfismo significa que Dios acepta el sacrificio, cf. Gén8:21, donde corresponde a una expresión análoga, aunque más brutal, del relato babilónico del diluvio. La fórmula, despojada de su sentido materialista, se ha mantenido en el lenguaje cultual.
2. El sacrificio de comunión
A falta de otra cosa mejor, adoptamos esta designación para el sacrificio que en hebreo se denomina zebah šelâmîm, o sencillamente zebah, o "šelâmîm sin más, siempre en plural excepto una sola vez, šelem, Am 5:22. La equivalencia de todos estos términos se prueba por su alternancia en los mismos pasajes o en pasajes paralelos y por la identidad de los motivos y de los ritos; zebah šelâmîm es el término específico en los rituales sacerdotales que estudiamos aquí, y en otras partes es raro. La traducción «sacrificio pacífico» o «sacrificio de salud» se inspira en la versión griega, pero el ritual y la práctica definen este sacrificio más bien como un sacrificio que da gracias a Dios y procura la unión con Él.
El ritual especifica tres clases particulares del sacrificio de comunión: el sacrificio de alabanza, tôdah, Lev7:12-15; Lv22:29-30, el sacrificio espontáneo, nedâbah, ofrecido por devoción, independientemente de toda prescripción o de toda promesa, Lev7:16-17; Lv22:18-23, el sacrificio votivo, neder, al que el oferente se ha obligado por un voto, Lev 7:16-17; Lv22:18-23. Por lo demás, las fronteras entre las tres especies resultan imprecisas.
El ritual principal está contenido en Lev3. El rasgo característico está en que la víctima se reparte entre Dios, el sacerdote y el oferente, que la come como cosa santa. Las víctimas son las mismas que en el caso del holocausto (excepto las aves), con la diferencia de que pueden ser machos o hembras y que en el sacrificio nedâbah se toleran defectos menores de las víctimas según Lev 22:23. La imposición de las manos, el degüello y el rito de la sangre se efectúan lo mismo que en el holocausto.
La parte de Yahveh se quema sobre el altar: es toda la grasa que rodea las entrañas, los riñones, el hígado, y la cola grasa de los ovinos, y la grasa sola. La razón es que, lo mismo que la sangre, la grasa se considera como una parte vital: «Toda grasa pertenece a Yahveh... No comeréis grasa ni sangre», Lev 3:16-17; cf. Lv7:22-24.
La parte del sacerdote es doble: el pecho, que ha sido mecido delante de Yahveh, según la explicación común de la palabra t'núpah, pero que no se quema en el altar, y el muslo derecho, que es una «deducción» terûmah debida al sacerdote, Lev7:28-34; Lev10:14-15. Las dos palabras se emplean indistintamente en muchos casos, pueden tener un sentido común de «contribución» y podían haberse tomado de la terminología de los contratos babilonios.
Al oferente corresponde el resto de las carnes. Las consume juntamente con su familia y con todo invitado que se halle en estado de pureza ritual. La víctima del sacrificio tôdah se debe comer el día mismo, Lev 7:15, las de los sacrificios nedâbah y neder se pueden todavía comer el día siguiente, pero se debe quemar lo que pudiera sobrar el tercer día, Lev 7:16-17. El sacrificio tôdah va acompañado de una ofrenda, minhah, de tortas sin levadura y de pan leudo. Una de las tortas se reserva para Yahveh y corresponde al sacerdote.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.