5. El altar de Ezequiel
5. El altar de Ezequiel
Hay que notar, sin embargo, que Ezequiel, en el cuadro que traza de los tiempos futuros, no habla del altar de los perfumes. Ez 41:21-22, que se cita con frecuencia a este propósito, se refiere a la mesa de los panes de proposición. Por el contrario, el altar de los holocaustos está minuciosamente descrito, Ez43:13-17, pero esta descripción (con el pasaje secundario sobre la construcción del altar, Ez 43:18-27) parece ser adicional o por lo menos hallarse fuera de su puesto primitivo. Este altar tiene tres pisos y es como una reducción de la torre de pisos, el ziggurat;⁶ sus elementos están designados con términos tomados evidentemente del ambiente babilonio: a la base se la llama hèq hâ'âres, «seno de la tierra», que es traducción del acádico irat ersiti, nombre dado a la plataforma de los cimientos de un templo o de un ziggurat. El piso superior se llama 'ări el o har'el, la última de cuyas formas significa «montaña de Dios» y es una interpretación del término acádico arallu, que designa a la vez el mundo subterráneo y la montaña divina. La plataforma superior tenía cuernos en los cuatro ángulos; se llegaba a ella por el este, mediante una escalera.
Según las medidas dadas por Ezequiel, este altar debía de tener diez codos de alto y de dieciocho a veinte codos de lado en la base, lo que corresponde poco más o menos a las dimensiones que en 2Cr 4:1 tiene el altar de Salomón. Es posible que Ezequiel se acordase del altar del primer templo, que había visto, pero la forma del altar que él mismo prevé y los nombres de sus elementos, con el simbolismo que en ellos resulta,⁷ son de inspiración babilónica. No hay ningún indicio de que el altar reconstruido al regreso de la cautividad se conformase a esta descripción profética.
6. Los altares del segundo templo
Fuera de las alusiones de los Paralipómenos al altar de Salomón, 2Cr 4:1, y al altar de los perfumes, 2Cr 26:16, que pueden conservar un recuerdo del primer templo o inspirarse en el segundo, no tenemos informes sobre los altares del tempío posterior a la cautividad, en la Biblia hebraica. Sobre la época helenística tenemos dos testimonios extrabíblicos. Según el Pseudo-Hecateo, citado por Josefo C. Apion, Ap 1:198, el recinto del templo encerraba un altar cuadrado, de veinte codos de ancho y diez de alto, construido con piedras no talladas y un candelabro de oro. Tenemos, pues, así documentados, dos altares para los holocaustos y para los perfumes, las dimensiones del altar de los holocaustos son las que da 2Cr 4:1 y su construcción es conforme a la ley de Ex 20:25. Pero esta conformidad con los textos bíblicos inquieta más bien que prueba, pues el Pseudo-Hecateo es una obra de propaganda judía escrita en Alejandría a principios del siglo n antes de nuestra era. Del mismo ambiente y poco más o menos de la misma época proviene la Carta de Aristeo, que dice sencillamente «que la estructura del altar era de dimensiones proporcionadas al lugar y a las víctimas que se quemaban allí en el fuego; como también la rampa que le daba acceso. El lugar tenía la pendiente conforme a la decencia», donde volvemos a hallar el eco de los textos bíblicos.
Poco después de la redacción de estos escritos de propaganda, la persecución de Antíoco Epífanes afectó a los altares del templo. En 169 a.C., cuando fue saqueado el templo, Antíoco sustrajo el altar de oro, que es el altar de los perfumes, 1Mac 1:21; en diciembre de 167 erigió sobre el gran altar de los holocaustos un altar a Zeus Olímpico, en el que hizo ofrecer sacrificios, 1Mac 1:54-59;2Mac 6:2-5: este altar pagano era «la abominación de la desolación», 1Mac 1:54; Dn 9:27.
Una vez que los Macabeos recuperaron la libertad religiosa, suprimieron este escándalo: se construyó un nuevo altar y las piedras del que había sido profanado por el culto pagano se depositaron en una dependencia del templo, 1Mac4:44-47; 2Mac10:3. Asimismo se instaló un nuevo altar de los perfumes, 1Mac 4:49
7. Valor religioso del altar
En Israel vuelven a hallarse los significados atribuidos al altar por otras religiones antiguas, aunque con matices apreciables. Sólo muy raras veces se llama al altar la mesa de Yahveh, Ez 44:16; Mal 1:7-12, pero nunca en los textos antiguos; y viceversa, la mesa de los panes de proposición se dice ser «como un altar» en Ez 41:21-22. Este recelo hacia la palabra «mesa» es una reacción contra la noción de sacrificio concebido materialmente como una comida del dios, cf. Is 65:11 y la sátira de Dan 14:1-22.
El templo, puesto que es la casa de Dios, debe tener su hogar que es el altar. La idea no aparece en la terminología, pues 'ări'el de Ez 43:13-17 no tiene, como hemos mostrado anteriormente, el sentido de «hogar» que se le ha dado con frecuencia, sino que esta idea se expresa de otra manera: un fuego perpetuo debe arder en el altar, Lev 6:5-6; cf. 2Mac 1:18-36, así como la lámpara debe mantenerse encendida en el templo, Éx 27:20-21; Lev 24:2-4.
El altar es un signo de la presencia divina. En los tiempos antiguos conmemoraba una teofanía, Gén 12:7; Gn26:24-25, o bien llevaba un nombre que recordaba a Dios: Jacob llama «El, Dios de Israel» al altar que erige en Siquem; Moisés después de la victoria sobre los amalecitas erige un altar al que llama «Yahveh-Nissi», «Yahveh es mi bandera». Más tarde el altar será especialmente consagrado y será purificado anualmente el día de las expiaciones, cargándose así de una santidad eminente, Éx 29:36-37; Ex30:10; Lev 8:15; Lv16:18-19.
Esta santidad corresponde especialmente a los «cuernos» del altar, a las protuberancias que se erguían a los cuatro ángulos del altar de los holocaustos y del altar de los perfumes. Éstas son las que se frotan con la sangre de las víctimas para consagrar el altar o en los ritos de expiación, Éx 29:12; Ex30:10; Lev4 passim; Lv8:15; Lv9:29; Lv16:18; Ez43:20. El fugitivo que invoca el derecho de asilo del santuario se ase a los cuernos del altar, 1Re 2:28. El significado de estos cuernos no es claro: el cuerno es en la Biblia símbolo de poder, pero esta explicación es insuficiente; es inverosímil que estos cuernos representen los de las víctimas inmoladas, como el bucranio esculpido con frecuencia en relieve en los altares romanos. Es posible que sucediesen a pequeñas estelas, las massebôt, que se colocaban sobre el altar como emblemas divinos, o que sencillamente sean medios para concretar la importancia y la santidad especiales de las extremidades del altar: también las extremidades del cuerpo de los sacerdotes, el lóbulo de la oreja, el pulgar, el dedo grueso del pie se frotan con la sangre en el ritual tardío de investidura, Éx 29:20, y las mismas extremidades se frotan con sangre y se ungen con aceite en el ritual de purificación del leproso, Lev 14:14-17.
En fin, el altar es, por su uso, instrumento de mediación. Sobre él se depositan las ofrendas de los hombres, sobre él se consumen, se sustraen al dominio del hombre y se donan a Dios, que responde con su bendición, Éx 20:24: sobre el altar se mantiene o se restablece la alianza entre Dios y su pueblo-
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