Capítulo VI EL LEVITISMO
Capítulo VI
EL LEVITISMO
En muchos textos bíblicos los miembros del clero son llamados «levitas» o «hijos de Leví», y esta ascendencia levítica es señalada como condición necesaria para tener acceso a las funciones sagradas. Estos textos plantean difíciles problemas que vamos ahora a examinar, sin lograr darles en todos los casos una solución satisfactoria.
1. La etimología
La etimología de la palabra lewy es incierta. Se suele relacionar una vez con un sentido y otra vez con otro de los tres que tiene en hebreo el radical Iwh: 1) «dar vueltas», en cuyo caso el levita será el hombre de las danzas extáticas, a la manera de los derviches danzantes y de los profetas; 2) «acompañar, adherirse a alguien», que es la etimología propuesta por la Biblia misma: al nacimiento de su hijo, Lía lo llama Leví porque, dice, «esta vez mi marido se me aficionará», Gén 29:34; los miembros de la tribu de Leví son los «adictos» a Aarón, Núm18:2-4. La raíz correspondiente en árabe es wly (con inversión), que ha dado wely, «el que se adhiere a Dios, un santo personaje»; 3) finalmente, «prestar, dar como prenda», y aunque la Biblia no utiliza el verbo Iwh en este sentido a propósito de los levitas, tiene expresiones bastante afines: los levitas son «dados» a Yahveh en lugar de los primogénitos, Nm3:12; Nm8:16; el joven Samuel es «cedido» a Yahveh 1Sam 1:28. Ahora bien, en varias inscripciones mineas de Arabia, lw' se aplica a cosas o personas ofrecidas o consagradas a la divinidad.
La primera opinión se puede descartar como arbitraria, la segunda tiene un respaldo bíblico, pero es sabido que las etimologías propuestas por la Biblia no dan siempre la verdadera significación de las palabras, y la tercera suscita el problema del origen del levitismo, que examinaremos al final de este capítulo. Las tres hipótesis quieren explicar lewy como un nombre de función, pero según la Biblia la palabra fue en un principio un nombre propio, el de uno de los hijos de Jacob. Este nombre propio pudiera ser una forma abreviada de Leví-EI, que se halla ahora documentado por los textos de Mari, la-wi-ili, y que era ya conocido por una inscripción egipcia, rw'r. El nombre significaría «adicto a Dios, cliente de Dios» o alguna cosa parecida.
2. El sacerdocio hereditario
En el Oriente antiguo, las profesiones eran generalmente hereditarias y las técnicas se transmitían de padre a hijo¹ Esto se verificaba principalmente en Egipto, donde, en una época determinada, no se podía ejercer otro oficio sino aquel en que se había napido. Largas genealogías muestran la importancia que se daba a esta sucesión y así, bajo Darío i, un arquitecto pretende remontar a través de veinticuatro generaciones de arquitectos hasta Imhotep, el constructor de la pirámide de Sakkará.
Esta continuidad era especialmente indicada en el sacerdocio: así se aseguraba el buen estado y el cuidado de los santuarios, la transmisión de técnicas que requerían una iniciación, la estabilidad del ritual. Entre los egipcios consta la sucesión hereditaria del sacerdocio por lo menos a partir de la dinastía XIX: la justificación de la ascendencia sacerdotal garantizaba el acceso a las funciones sagradas. En Asiría, la sucesión de padre a hijo existía por lo menos para ciertas categorías de sacerdotes. Algunos linajes sacerdotales están documentados por ciertas inscripciones fenicias y púnicas. Entre los palmirenos, el sacerdocio parece haber pertenecido a ciertas familias. Entre los árabes antes del islam, cada santuario era propiedad de una familia que se perpetuaba en él.
En otro ambiente podemos recordar las grandes familias sacerdotales adscritas a los santuarios griegos.
No tiene, pues, nada de sorprendente que el sacerdocio fuese hereditario en Israel. Para tomar ejemplos sólo en los textos reconocidos como antiguos, el levita contratado por Miká como sacerdote continúa como ministro del santuario de Dan, en el cual se perpetúa su linaje, Jue18:30, el sacerdocio de Siló es ejercido por Elí, dos de cuyos hijos son también sacerdotes, 1Sa1- 1Sm 2, en Quiryat-Yearim, cerca del arca, el sacerdocio se mantiene en la descendencia de Abinadab, 1Sam 7:1; 2Sam 6:3, en Nob, alrededor de Ahimélek se halla «toda la casa de su padre, los sacerdotes de Nob», 1Sam22:11; son ochenta y cinco, a los que Saúl hace dar muerte, 1Sam 22:18, más Ebyatar, que se libra y viene a ser el sacerdote de David, 1Sam 22:20-23.
Por otra parte, en estos mismos textos antiguos, los levitas aparecen como extranjeros en el ambiente en que ejercen sus funciones. El levita de Jue 17- Jue18 era un extranjero residente, un ger, en Belén de Judá, luego es, contratado por Miká en la montaña de Efraím, y después sigue a los danitas en su migración hacia el norte. El levita de Jue19 es un extranjero residente en la montaña de Efraím, tiene por concubina a una mujer de Belén de Judá y, para vengar el crimen de Guibeá, hace llamamiento, no a toda su parentela, como lo exigía la ley de la venganza de la sangre, sino a todas las tribus de Israel. De estos textos resulta por una parte que el sacerdocio pertenece a ciertas familias y, por otra parte, que estas familias pueden permanecer vinculadas a un santuario particular, pero que no están arraigadas en un territorio. Esto sugiere la noción de una agrupación humana cuyo vínculo no es la comunidad de territorio habitado, sino la comunidad de función: es una tribu sacerdotal.
3. La tribu sacerdotal de Levi
Así es como la Biblia, en su última redacción, presenta el sacerdocio israelita. Los descendientes de Leví, hijo de Jacob, fueron puestos aparte para ejercer las funciones sagradas, por una iniciativa positiva de Dios, Núm1:50; Nm3:6s. Fueron tomados por Dios, o donados a Dios, en lugar de los primogénitos de Israel, Núm3:12; Nm8:16. Según Núm 3:6, están al servicio de Aarón, pero según Éx32:25-29, fueron establecidos contra Aarón que había estimulado la idolatría del pueblo; en fin, según el texto actual, Dt10:6-9, fue después de la muerte de Aarón cuando fueron escogidos por Moisés.
Consiguientemente tienen un puesto especial en el pueblo: no se incluyen en el censo juntamente con las otras tribus, Núm 1:47-49; cap. Nm4 entero; Nm26:62. No tienen participación en Israel, Núm18:20; Dt18:1, y no reciben territorio en la repartición de Canaán, porque «Yahveh es su herencia», Jos13:14.Jos13:33; Jos14:3-4; Jos18:7, pero se les asignan ingresos, los diezmos, Núm18:21-24, y bienes raíces en las diferentes tribus, las ciudades levíticas, Núm 35:1-8; Jos 21:1-42; 1Cr 6:39-66. Así, los miembros del sacerdocio son llamados corrientemente los hijos de Leví o los levitas.
En el interior de esta tribu una rama recibe la promesa del sacerdocio perpetuo, que le subordina los otros levitas, confinados en las funciones inferiores del culto. Es la familia de Aarón, hermano de Moisés, Éx29:9.Ex29:44; Ex40:15. El sacerdocio pasa, pues, a los hijos de Aarón, Eleazar e Itamar, Núm 3:4, se renueva la promesa a Pinhás, hijo de Eleazar, Núm 25:11-13. Según 1Cr 24:3, el sacerdocio de Siló, luego de Nob y luego de Jerusalén hasta el licénciamiento de Ebyatar, representa la descendencia de Itamar. Sadoq, que sustituye a Ebyatar, 1Re 2:35, está ligado con Aarón por Eleazar, y su familia conserva el sacerdocio hasta la ruina del templo, lPar 5,30-41; 1Cr 6:35-38; Esd 7:1-5.
Repetidas veces se presentan genealogías levíticas, Gén 46:11; Éx 6:16-25; Núm 26:57-60, y sobre todo en 1Cr 6:1-3 a 1Cr 6:38, que desciende hasta el destierro. La importancia de estas genealogías la pone de relieve un incidente del regreso del destierro: los que no pudieron justificar su ascendencia, fueron excluidos del sacerdocio, Esd 2:62; Neh 7:64.
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