7. Las eras
7. Las eras
Una era es el punto de partida de una cronología que, teóricamente, continúa hasta el infinito: así, la era cristiana, la era musulmana, etc. Los cronógrafos judíos, partiendo de los datos bíblicos, calcularon una era de la creación, a la que todavía se atiene el judaismo: el año 5718 de la creación comenzó el 26 de septiembre de 1957. Pero el Antiguo Testamento no conoció nada semejante. Se ha insinuado que Núm 13:22, según el cual Hebrón fue fundada siete años antes de Tanis, y los 430 años de la permanencia en Egipto señalados por Éx 12:40, se referían a una «era de Tanis», que se remontaría hasta la instalación de los hicsos en Egipto. Esto es sólo una hipótesis y, en todo caso, esta cronología sería exterior a Israel. Cifras como los 300 años de Jue11:26, o los 480 años de 1Re 6:1, se basan en los cálculos de los redactores bíblicos. Para fijar una fecha se partía de un acontecimiento poco más o menos contemporáneo, que había hecho impresión: la profecía de Amós está fechada «dos años antes del temblor de tierra», Am 1:1; el oráculo de Is 20:1 s es del «año en que el copero mayor vino a Asdod... y la tomó». Ezequiel cuenta los años a partir de la deportación de Yoyakín, Ez1:2; Ez8:1; Ez20:1; Ez24:1; Ez26:1, etc., como lo hace tamhién 2Re 25:27 = Jer 52:31.
Esta manera de contar no hace sino continuar el cómputo oficial de los reinos de Israel y de Judá, en que los acontecimientos se databan según los años de reinado de cada rey. Este sistema persistió hasta el final del reino de Israel, 2Re 17:6, y del reino de Judá, 2Re 25:1-2, y se remonta por lo menos hasta Salomón, 1Re 6:1.1Re6:37-38. Y hasta se podría hallar algo análogo en la época de la confederación de las tribus, si se admite que los jueces menores de Jue10:1-5; Jue12:8-15 representan una institución permanente:¹⁰ se habría contado según los años de su judicatura, cuya duración exacta se indica en tales textos.
Se ha tratado de ver en la lista de los grandes oficiales de Salomón, 1Re 4:3, la mención de un funcionario sacerdote «sobre el año», que habría sido un magistrado epónimo, cuyo nombre serviría para designar el año; la lista de tales epónimos habría dado una cronología. Así, se tendría en Israel el equivalente de los epónimos de Asiría, límu, y de Arabia del sur, kabir. Pero esta interpretación de una palabra que el texto y las versiones presentan como nombre propio, Elihóref o Elihaf, es una hipótesis muy frágil.
Si se databa según el año del soberano reinante y si este año coincidía, como parece, con el año civil, queda por determinar cómo se contaba el principio del reinado. En efecto, se podían contar como un año entero y como primer año del reinado, los meses que transcurrían desde la entronización hasta el año nuevo siguiente: es ed sistema de la antidatación, en el que el año en que moría un rey y en que subía al trono su sucesor, se contaba dos veces. Se podía también no contar estos meses que precedían al año nuevo y contar el año 1 a partir del año nuevo que seguía al acontecimiento. Es el sistema de la postdatación.
La postdatación se aplicaba a los reinados en Asiría y Babilonia. Este sistema parece haberse seguido en Judá al final de la monarquía: Jer 26:1 da como fecha el «comienzo del reinado», re'sit mamleket, de Yoyaquim, que es el equivalente exacto del acádico rěš šarruti, que designa el año incompleto del advenimiento al trono; en cambio, no hay que tener en cuenta a Jer27:1 y Jer28:1, donde la misma expresión aparece en pasajes corrompidos o glosados. El re'sit malkût de Sedecías en Jer 49:34 podría interpretarse de la misma manera y daría una fecha precisa: los documentos babilónicos recientemente publicados nos informan de que había transcurrido exactamente un mes entre el advenimiento de Sedecías y el año nuevo que le siguió. No tenemos ninguna información valedera sobre las épocas anteriores. Se han hecho diversas conjeturas, algunas de las cuales acaban en una verdadera contradanza de antidatación y postdatación entre Israel y Judá. El objetivo de estas hipótesis consiste en justificar los sincronismos referidos por los libros de los Reyes, pero ya dejamos dicho que estos sincronismos plantean un problema especial de cronología poco menos que desesperado. Si nos limitáramos a considerar la evolución del calendario tal como la hemos esbozado en las páginas precedentes, nos inclinaríamos a admitir que la postdatación, uso babilónico, comenzó con la adopción del calendario babilónico bajo Yoyaquim y que en los reinados precedentes se empleaba la antidatación, que era también el uso en Egipto.
Una verdadera era no se inauguró sino bajo los Seléucidas: es la era del «reinado de los griegos», como la llama 1Mac 1:10. El comienzo fue fijado por Seleuco I en el año que conquistó Babilonia. La diferencia entre el año de otoño seguido en Antioquía y el año de primavera conservado en Babilonia, hace que esta era comience en el otoño se 312 a.C. en el cómputo siromacedonio, y en la primavera de 311 a.C. en el cómputo babilónico; las fechas de los libros de los Macabeos se distribuyen entre estos dos cómputos, según la manera que se indicó a propósito del comienzo del añoCuand o se reconoció la autonomía de la nación judía en 142 a.C., se comenzó a datar las actas y los contratos «en el primer año, bajo Simón, sumo sacerdote, gran estratega y caudillo de los judíos», 1 Mac 13:41-42. No era esto la fundación de una era nueva, sino una vuelta al uso del período de independencia de la monarquía. Sin embargo, siguió corriendo la era de los griegos, 1Mac 14:1;1Mac15:10, que sirve incluso para datar la muerte de Simón, 1Mac16:14. Los judíos volvieron a adoptar un cómputo independiente y efímero durante las dos insurrecciones contra los romanos en 66-70 y en 132-135 de nuestra era.
Las eras especiales de las ciudades libres de Siria y Palestina al final de la época helenística y bajo la época romana, y las eras más generales de Pompeyo o de Arabia no interesan ya al Antiguo Testamento.
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