6. El personal inferior
6. El personal inferior
El cronista, que atribuye a David la repartición de los sacerdotes en clases, hace remontar también a él la institución de las veinticuatro clases de cantores, 1Cr25, y de porteros, que se distribuyen las veinticuatro horas de guardia, 1Cr26:1-19. Con ello describe una situación tardía en que los porteros y los cantores habían sido incorporados a los levitas, pero no lo inventa todo. Aunque los textos anteriores a la cautividad no los mencionan nunca, estos auxiliares de los sacerdotes existían ya en el primer templo. En efecto, existían en todo santuario antiguo y el servicio litúrgico del templo tuvo siempre necesidad de ellos: existen en nuestro Salterio salmos que eran cantados en el templo por profesionales y con acompañamiento de instrumentos; Amos habla de la música religiosa en el santuario de Betel, Am5:23, y Yahveh debía de tener sus cantores, como el rey tenía los suyos.⁹ Los nombres de los tres cabezas de familias de los cantores, 1Cr6:18-32; 1Cr 25:1, Asaf, Hernán y Etán o Yedutún, son también una prueba de lo antiguo de la institución. Puede, si se quiere, no prestarse demasiado crédito a los títulos de los salmos que atribuyen doce de ellos a Asaf, uno a Hernán, uno a Etán, tres a Yedutún, pero es lo cierto que Hernán y Etán son mencionados por 1Re 5:11 juntamente con Kalkol y Darda, como sabios célebres con cuya sabiduría se compara la de Salomón, y también los cantores de la antigüedad daban lecciones de sabiduría; por lo demás, Hernán, Kalkol y Darda son llamados los «hijos de mâhôl», que no es un nombre propio, sino que significa los «hijos del coro», los coristas. Los nombres no son israelitas, y el de Kalkol lo lleva una cantante de Ascalón en una inscripción egipcia de Meguiddó. Etán, por su parte, es llamado el ezrahíta, es decir, el indígena, o sea aquí: un cananeo. No es demasiado aventurado pensar que el primer coro de canto del templo de Jerusalén fuese reclutado fuera de Israel.
En fin, dado que cantores y porteros regresaron de la cautividad, Esd 2:41-42 = Neh 7:44-45, estas funciones debieron sin duda existir antes de la ruina del templo, pero entonces no eran desempeñadas por levitas. El «guardián de los vestidos» señalado por 2Re22:14, era también probablemente un empleado del tempío, según la analogía de 2Re10:22, que habla de un guardián de los vestidos en el templo de Baal en Samaría.
Porteros y cantores eran sin duda hombres libres, pero había también esclavos adscritos al templo. Después de los cantores y de los porteros, la lista de las caravanas que regresaron de la cautividad menciona a los netînîm o «donados» y a los «descendientes de los esclavos de Salomón», y los dos grupos se cuentan juntos, Esd 2:43-58 = Neh7:46-60. Había también «donados» en el grupo que conducía Esdras, Esd 8:20. Algunos de sus nombres son extranjeros: son los descendientes de los esclavos públicos de la monarquía.¹⁰ durante la cual ya una parte de entre ellos, los «donados», estaban adscritos al servicio del templo. Esd 8:20 dice que habían sido puestos por David al servicio de los levitas; Jos 9:23 hace remontar su origen al tiempo de Josué y el redactor del libro conoce todavía a los gabaonitas empleados en el templo como hendedores de madera o aguadores, Jos9:27; cf. Dt29:10. Ezequiel condenará este empleo de incircuncisos en el templo, Ez 44:7-9.
¿Había también personal femenino? Éx38:8 habla de «las mujeres que prestaban servicio a la entrada de la tienda de reunión» y que dieron sus espejos para fundir la pila de bronce; el texto se repite en una glosa de 1Sm 2:22, que falta en el griego. No se sabe cómo interpretar este informe: estas mujeres que están de servicio a la puerta de la tienda recuerdan a las muchachas que estaban encargadas de la guardia del pabellón sagrado entre los árabes antes del islam ¹¹ pero nada indica que tuviesen alguna función cultual. Es posible también que este texto tardío sea un eco purificado de 2Re 23:7: al tiempo de la reforma Josías destruyó la casa de las prostitutas sagradas que estaba en el templo de Yahveh y donde las mujeres tejían los velos para Aserá. Pero esto es una de las intrusiones cananeas de que volveremos a hablar. Se ha invocado también el título del Sal46: 'al ălâmôt, que se traduce «para muchachas»; según esto, habría habido mujeres entre los coristas del templo, y se cita a Esd 2:65, que enumera cantores y cantoras en las caravanas de regreso. Pero estos músicos, mencionados aparte del personal del culto, son servidores profanos de ricos desterrados. En cuanto al título del salmo, su sentido es incierto, pero la traducción «para muchachas» se debe ciertamente descartar: la expresión se halla también en 1Cr15:20 unida a coristas masculinos y parece deber designar algún instrumento o algún tono musical. Todavía es más audaz querer hacer de la 'almah de Is 7:14 y de las ălámót, de Cant1:3; Cant6:8 personas aplicadas al culto. Es muy cierto que en las fiestas religiosas aparecen mujeres cantando y danzando, Éx15:20; Jue 21:21; Sal 68:26, pero esto no les concede un puesto entre el personal cultual. La hipótesis de miembros femeninos en el sacerdocio del templo tropieza con un hecho lingüístico importante: había sacerdotisas en Asiria, había sacerdotisas y grandes sacerdotisas en Fenicia, donde eran designadas por el femenino de kohen; en las inscripciones mineas hay un femenino de lw' que se ha querido relacionar con el hebreo lewy,¹² pero en hebreo no hay sustantivo femenino que corresponda a kohen y a lewy: ninguna mujer formaba parte del sacerdocio israelita.
Pero, en las épocas en que el sincretismo adulteró el culto del templo, se introdujeron en él hombres y mujeres para un uso que el yahvismo rechazaba con horror: las mujeres que tejían los velos para Aserá vivían en la «casa de las prostitutas sagradas», 2Re 23:7. Prostituios y prostitutas, qedeším y qedešót, estaban vinculados a los santuarios cananeos, e Israel había imitado esta práctica, Os 4:14; 1Re14:24; 1Re15:22; 1Re22:47. A pesar de la condena por Dt 23:18-19, se habían introducido hasta en el templo de Jerusalén, 2Re 23:7, quizá también Ez 8:14.
7. ¿Profetas cultuales?
lnvirtiendo la teoría, inexacta, pero admitida con frecuencia, que oponía sin más los sacerdotes ministros del culto y los profetas enemigos del culto, estudios recientes han tratado de demostrar que había habido profetas aplicados oficialmente al culto, profetas cultuales. En realidad, con bastante frecuencia se menciona juntos a los sacerdotes y a los profetas, por ejemplo, en 2Re23:2; Jer23:11; Lam2:20; Os 4:4-5, y sobre todo en Jer 26, donde Jeremías predica contra el templo, en presencia de los sacerdotes, de los profetas y de todo el pueblo; suscita la oposición de los sacerdotes y de los profetas, pero el pueblo y los magistrados lo defienden. Por otra parte, se han reconocido en el Salterio ciertas composiciones proféticas destinadas a ser recitadas o cantadas en el templo y se han atribuido a profetas cultuales. Ahora bien, 1Cr 25:1, llama profetas, nebi'im, a Asaf, Hernán y Yedutún, antecesores de los cantores, los cuales «profetizan», y Hernán era el «vidente del rey», 1Cr 25:2-5. De ahí se ha concluido que los cantores del templo posterior a la cautividad eran los sucesores de gremios proféticos del primer templo y que éstos continuaban la tradición de las cofradías de profetas, los nebiîm, que aparecen en las historias de Samuel, de Saúl y de Eliseo, algunas veces en relación con un santuario. Se han invocado también analogías extranjeras: los adivinos y los extáticos de los templos de Mesopotamia, los profetas cananeos. Puesto que Jehú convocó a los profetas y a los sacerdotes de Baal en el templo de este dios,2Cr 10:19, es verosímil, se dice, que también el templo de Yahveh tuviese sus profetas.
Los más moderados entre estos autores reconocen que fuera de las composiciones anónimas del Salterio, nada se nos ha conservado de estos profetas cultuales, que algunos asimilan a los falsos profetas, a los «profesionales» de la profecía, que son condenados por la Biblia. Pero otros van mucho más lejos. Según ellos, nuestros libros proféticos deben de ser en gran parte composiciones de profetas cultuales: Isaías tiene su visión inaugural en el templo; Jeremías y Ezequiel son sacerdotes; los libros de Joel, Habaquq, Nahúm y Sofonías deben de ser piezas litúrgicas.
Esta posición extrema es insostenible. Concedemos que los libros de Nahúm y de Habaquq imitan composiciones litúrgicas, que la profecía de Joel debió de ser pronunciada en una reunión cultual extraordinaria, que las Lamentaciones atribuidas a Jeremías pudieran servir para ceremonias religiosas en el templo en ruinas, pero esto no quiere decir que tales profetas fueran funcionarios del culto. La cuestión no se debiera haber planteado jamás respecto a los grandes profetas: Ezequiel es profeta, pero toda su actividad profética se sitúa después de la ruina del templo; Jeremías es sacerdote, pero siendo de la raza de Ebyatar, estaba excluido del servicio oficial por los sadoquitas, y su comportamiento en el templo excluye que formara parte de su personal; el hecho de que Isaías reciba su vocación en el templo no significa que tuviera alguna función en él.
Tampoco es muy sólida la posición moderada que no incluye a los profetas escritores. No es razonable aplicar indistintamente a Israel lo que sucedía en las otras regiones, si no se tienen en su apoyo textos bíblicos. En cuanto a 1Cr 25:1s, ya hemos tratado anteriormente de mostrar que los cantores de después de la cautividad descendían de los cantores del primer templo. El cronista es el único que los llama nebiîm y hay que recordar que el tema es plurivalente: el cronista los considera como «inspirados», lo cual se puede explicar suficientemente, porque la composición y el canto de los salmos tienen afinidad con cierto género de inspiración, y en este pasaje «profetizar» alterna con «cantar», 1Cr 25:6 Cuando el cronista quiere hablar de una verdadera inspiración profética, se expresa de otra manera: fuera de sí por una invasión, Josafat reúne al pueblo en el templo y «el Espíritu de Yahveh fue sobre Yahaziel», que entonces se expresa como un gran profeta. Este Yahaziel es uno de los hijos de Asaf, y el texto es utilizado por los defensores de la tesis del profetismo cultual, que habría estado representado por los cantores. Pero hay que recordarles el paralelo de 2Cr 24:20, donde, en el templo, «el Espíritu de Dios reviste a Zacarías», que habla lo mismo que habría hablado Jeremías; pero Zacarías es hijo del sacerdote Yehoyada y no es cantor. No obstante las expresiones de 1Cr 25:1s, no había en el segundo templo una clase de profetas, y el cronista mismo no parece pensar que la hubiese habido en el templo anterior a la cautividad. En cuanto a las antiguas cofradías de nebiîm, no se ponen nunca en relación con el templo de Jerusalén, y la relación con los otros santuarios no parece ser institucional.
Nuestra única conclusión es que no hay que poner en oposición radical a los sacerdotes y a los profetas. Los profetas, verdaderos y falsos, tuvieron relaciones con el culto y con el templo. Por el contrario, los sacerdotes, no ya por su función oracular que había caído en desuso,¹³ sino por su papel de educadores religiosos del pueblo ¹⁴ tuvieron algo de común con los profetas. Lo que no se puede probar es que hubiese habido alguna vez profetas adscritos al templo de Jerusalén y formado una clase particular de su clero.
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