5. La guardia real
5. La guardia real
David tenía un cuerpo de mercenarios extranjeros, reclutados en Filistea y en las regiones limítrofes, los cereteos y los peleteos. No estaban bajo el mismo mando que el ejército reclutado en Israel, 2Sam8:18 = 1Cr18:17; 2Sam 20:23. El papel guerrero desempeñado por estas tropas mercenarias, cf. 2Sam20:7, será estudiado a propósito de las instituciones militares. Formaban también la guardia personal del rey. Acompañan a David cuando huye de Absalón, 2Sam15:18; escoltan a Salomón el día de su coronación, 1Re1:38.1Re1:44. Son los «servidores de mi señor», 2Sam20:6; 1Re1:33, que habitan a la puerta del palacio, 2Sam11:9.2Sm 11:13. A partir de la subida al trono de Salomón, no se les nombra más. Sin embargo, mercenarios extranjeros, los carios, están al servicio de palacio en el momento de la sublevación contra Atalía, 2Re 11:4.2Re 11:19.
En esta ocasión, se menciona a los carios junto con los rasim, los «corredores». Éstos constituían el pelotón de escolta, que corría delante del carro del rey. Absalón, y después Adonías, en sus pretensiones al reino, adquirieron carroza y caballos y cincuenta hombres que corrieran delante de ellos, 2Sam15:1;1Re1:5: todo ello formaba parte del ceremonial regio. Los «corredores» aparecen ya en el reinado de Saúl, 1Sam 22:17; el contexto parece indicar que se reclutaban entre los israelitas. Según noticia de 1Re14:27-28 =2Cr 12:10-11, tenían su sala de guardia a la entrada donde se conservaban los escudos de bronce que llevaban cuando acompañaban al rey al templo. Dichos escudos de bronce habían sustituido a los escudos de oro que había mandado fabricar Salomón. En efecto, el gran rey había colocado seiscientos escudos en la galería del bosque del Líbano, 1Re 10:16-17; lo cual sugiere que dicha galería era la sala de guardia del palacio salomónico. Los «corredores» aseguraban, por turno, la vigilancia del palacio, y tomaron parte preponderante en la deposición de Atalía y en la entronización de Joás, 2Re11. Los reyes de Israel tenían igualmente su guardia; los «corredores» de Jehú lo acompañaron a Samaría y participaron en la extirpación del culto de Baal, 2Re 10:25.
6. El patrimonio real
Todos los reyes del antiguo Oriente fueron grandes propietarios. Las tierras que poseían eran administradas sea directamente, sea en arriendo, o bien dejadas en feudo por la prestación de ciertos cánones o servicios personales. Esto se realiza, sobre todo, en Egipto, donde la mayor parte del país pertenecía al rey y a los templos, estando ampliamente confirmadas las indicaciones de Gén 47:20-26 por documentos indígenas. En menor grado se da el mismo fenómeno en Mesopotamia: el códice de Hamurabi, los documentos de Nuzu y los del período casita subrayan la importancia de los feudos, y los textos de todas las épocas hablan de las posesiones del rey. Lo mismo vale para los pequeños reinos de Siria, como lo prueban los archivos recientemente descubiertos en Alalah y Ugarit.
Lo mismo pasó en Israel. Samuel advierte a los israelitas que el rey que demandan hará que sus subditos labren y sieguen sus campos y se apoderará de las viñas y olivares para entregarlos a sus servidores, 1Sam 8:12-14. Esto se realiza ya en el reinado de Saúl: antes de ser rey, tenía sólo un pequeño patrimonio familiar, 1Sam9:1 s; 1Sa11:5, pero muy pronto pudo distribuir campos y viñas a sus colaboradores, 1Sam22:7. Al morir, deja una crecida propiedad, 2Sam9:9-10. No había clara distinción entre los bienes personales del rey y los bienes de la corona. Todos pasaban a su sucesor, aunque éste no perteneciera a la familia del difunto. David heredó el harén de Saúl y su «casa», 2Sam 12:8. Si restituye las tierras del abuelo a Meribaal es por simple favor, 2Sam9:7, y aun en este caso conserva cierto derecho sobre ellas, pues regula su administración, 2Sam 9:9-10; más tarde, se las quita a Meribaal, 2Sam16:4, y después las reparte entre Meribaal y Siba, 2Sam19:30. El poder del rey sobre los bienes de su predecesor se conservó también en el reino del norte, donde las usurpaciones fueron frecuentes. En Judá, donde la sucesión dinástica fue ininterrumpida, la transmisión del patrimonio real no ofrecía ninguna dificultad.
Dicho patrimonio podía formarse y aumentar de muy diversas maneras. El rey adquiría tierras, así David compra la era de Arauná, 2Sam 24:24; Omrí, la colina de Samaría, 1Re16:24. Acab intenta comprar o permutar la viña de Nabot, 1Re21:2.La continuación de la historia de Nabot podría indicar que los bienes de los condenados a muerte por crimen público eran entregados al rey, 1Re 21:15. Es posible que el rey tomase posesión de los bienes vacantes de los dueños que abandonaban el país: así se explicaría la historia de la Sunamita, 2Re 8:1-6, especialmente v. 3 y 6. Por otra parte, era evidente que un rey injusto no tenía el menor escrúpulo en confiscar los bienes de sus subditos. Esto había sido ya anunciado por Samuel, 1Sam8:14 y basta para explicar la historia de Nabot. El rey podía igualmente recibir donaciones. Guézer, regalo de boda de la hija del faraón, 1Re9:16, pasó al patrimonio de la corona, lo cual explica el que su territorio se omita en la organización administrativa de los tributos, 1Re4:8-19, donde se esperaría su mención en el v.9. Los árabes envían rebaños a Josafat,2Cr17:11. Los beneficios que obtuvo Salomón de sus empresas comerciales favorecieron ciertamente la extensión y el aprovechamiento de las posesiones reales. Eclesiastés 2:4-7 pone estas palabras en boca de Salomón: «Yo me he plantado viñas. Yo me he hecho jardines y huertos plantando en ellos teda clase de árboles frutales. Me he construido estanques para regar las plantaciones. Me he procurado servidores y domésticas. He tenido en abundancia gentes, rebaños, bueyes y ovejas.» Ozías, según 2Cr26:10, que confirman las observaciones arqueológicas, había construido torres en el desierto y cavado cisternas, tenía numeroso ganado, labradores y viñadores. Según 2Cr32:28-29, Ezequías tenía depósitos para su trigo, su vino y su aceite, dehesas para sus rebaños, mucho ganado mayor y menor. Las posesiones del rey se mencionan todavía en 2Cr 31:3;2Cr 35:7. Es muy significativo que Ezequiel, en su proyecto del porvenir, reserva la parte del príncipe y reglamenta su estatuto, Ez45:7; Ez46:16-18; Ez48:21: cedía a la tradición secular de las posesiones reales.
No estamos bien informados sobre la administración de estas posesiones. El cronista presenta una lista de los superintendentes de los bienes de David, 1Cr 25:25-31; cf. 1Cr 28:1: los hay para los campos y las viñas, para el vino y para el aceite, para el ganado mayor y menor, para los camellos y las borricas. Esta lista no es algo inventado, como lo prueban los nombres propios no israelitas que en ella se contienen, pero no podemos verificar sus detalles ni la fecha.
La administración general de las posesiones estaba en manos de un funcionario especial. Es, a lo que parece, el que está «sobre la casa del rey», 'áśer 'al habbayt, el mayordomo de palacio. Es el título que el faraón confirió a José, Gén 41:40; cf. Gn45:8, y José se ocupa efectivamente de las posesiones reales, Gn47:20-26, y de sus ingresos, Gn41:48-49.Gn41:55-56; Gn42:6 s. Con su mayordomo de palacio, Obadyahu, se va Acab en período de sequía a buscar forraje para sus caballos y mulos y para su ganado, 1Re18:5. Sin embargo, el resto de la historia de José y los otros textos sobre el mayordomo de palacio indican que sus funciones rebasaban con mucho las de un intendente real. Fue también mayordomo y acabó siendo primer ministro del rey ¹ Existe quizás otro título que designa al funcionario encargado de las posesiones. A Siba, que es intendente de los bienes de Saúl, se le llama su na'ar, o el na'ar de su «casa», 2Sam9:9; 2Sa19:18. Asimismo Booz tenía un natar, que estaba al frente de sus segadores, Rut 2:5 s. Ahora bien, se han descubierto tres improntas de sello de la monarquía con el nombre de Elyaquim, na'ar del rey. El título no aparece en los textos que mencionan a los más altos funcionarios del reino: ¿estaba reservado al intendente de los bienes?
Estos informes se pueden quizá completar con los descubrimientos arqueológicos. En las ruinas del palacio de Samaría se han encontrado unas setenta tejuelas inscritas que llevan la indicación de entregas de aceite o de vino con los nombres del perceptor y del suministrador y, con frecuencia, con una indicación de la procedencia. Son recibos administrativos que datan del reinado de Jeroboam. Es muy probable que tengan que ver con la administración de las posesiones reales próximas a la capital; Egipto ha proporcionado documentos completamente análogos. Mucho más dudoso es que las jarras judeas cuya asa lleva una estampilla «del rey», lammelek, se refieran a la explotación de las posesiones: pudieron evidentemente servir para la entrega de censos, pero la estampilla que llevan se explica más sencillamente y con más seguridad como marca del taller real.²
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