5. El abastecimiento de agua
5. El abastecimiento de agua
En caso de sitio no bastaba estar protegidos por sólidas murallas, sino que había que vivir dentro de ellas, y el abastecimiento de agua era un problema esencial. Pudo resolverse, puesto que Samaría resistió más de dos años a los asirios en 723-721, y en 587 Jerusalén resistió año y medio a Nabucodonosor. El hambre había entonces hecho estragos en Jerusalén, pero no se dice que faltase el agua, 2Re 25:3, como tampoco en Samaría durante un asedio por los arameos, 2Re 6:25. Cuando no se habían tomado precauciones, sobrevenía la catástrofe: en la historia de Judit, como el ejército de Holofernes había ocupado las fuentes al exterior de la ciudad, los habitantes de Betulia desfallecían de sed al cabo de treinta y cuatro días,Jdt 7:20-22 (no se menciona el hambre).
Este problema se había planteado ya a los cananeos, que lo habían resuelto en diferentes formas. Aquí sólo nos ocupamos de las instalaciones hidráulicas realizadas o reaprovechadas por los israelitas. Las ciudades estaban edificadas sobre colinas y, como en su interior no se hallaban fuentes, no había más que tres soluciones posibles, y a las tres hubo que recurrir: a) una galería que, arrancando del interior de la ciudad, pasaba bajo las murallas y llegaba hasta alguna fuente exterior; o, viceversa, un canal que partiendo de alguna fuente exterior condujera el agua hasta la ciudad; b) pozos profundos perforados en la ciudad hasta alcanzar la vena de agua; c) depósitos o cisternas para recoger el agua de lluvia.
a) Las galerías han sido señaladas por la arqueología en Jerusalén y en Meguiddó ya en la época cananea, en Gabaón en la época israelita, en Etam y en Yibleam en fecha incierta. En Jerusalén, un túnel y un pozo en la roca descendían hasta la fuente de Guihón. Las excavaciones han dado con ellas y según una exégesis probable de 2Sm5:8 es precisamente esta galería la que escaló Joab para entrar en la ciudad; la palabra sinnór, que recurre en este texto, puede designar tal canal y se ha extendido convencionalmente para denominar instalaciones análogas. En Meguiddó, una galería cananea bastante rudimentaria fue reemplazada por una instalación más elaborada, que fue modificada varias veces durante la monarquía israelita: un gran pozo rectangular con dos tramos de escalera se prolongaba con una galería inclinada y luego con un túnel horizontal hasta la cámara de agua; cuando la fuente tenía su régimen normal, el agua refluía hasta el extremo del túnel horizontal, ya dentro del recinto de las murallas. La galería de Gabaón, que se ha logrado despejar recientemente, bajaba oblicuamente hasta la fuente; estaba perforada en forma de túnel, excepto la parte central, que era una trinchera profunda cubierta de losas. Todavía no han sido exploradas las obras de Etam y de Yibleam; la de Etam podría ponerse en conexión con las fortificaciones de la ciudad por Roboam, 2Cr 11:10.
En Jerusalén, la configuración del terreno permitió al fin un sistema mucho más práctico. Habiendo abandonado la vieja galería cananea, los israelitas habían cavado a partir de la fuente de Guihón un canal en el flanco del valle del Cedrón, pero, como este canal estaba fuera de las murallas, en caso de sitio hubiese servido a los enemigos y no a los sitiados. Ante la amenaza de un ataque asirio, Ezequías hizo cavar un canal en forma de túnel bajo la colina del Ofel; desde la fuente de Guihón llevaba el agua a una piscina situada en el valle del Tiropeón y englobada dentro de la línea de las murallas. Fue un trabajo admirable que se conmemoró con una inscripción en la roca, que celebran 2Re 20:20; 2Cr 32:30; Eclo 48:17, y que todavía funciona.
b) En otras partes se intentó alcanzar la vena de agua con pozos profundos perforados en el interior de la ciudad. En BetSemés, un pozo de 3 metros de diámetro descendía a más se 20 metros; había sido perforado por los cananeos y estuvo en servicio hasta fines de la época israelita. En la cresta de tell ed-duweir (Lakís), un pozo protegido por un entrante de la muralla alcanzaba el agua a una profundidad de 39 metros; probablemente cananeo de origen, fue utilizado hasta la ocupación de la ciudad por Nabucodonosor. En Guézer, una escalera de más de 40 metros descendía a una cámara donde brotaba una fuente que también estaba situada en el interior de las murallas; el trabajo parece haberse hecho bastante temprano en el segundo milenio antes de nuestra era y es probable que sirviese todavía a comienzos de la época israelita. En Gabaón se ha descubierto recientemente un ancho pozo circular con una escalera que se prolonga con una galería inclinada y desemboca en una cámara donde el agua se rezuma de la roca; este pozo de Gabaón parece haber sido utilizado al mismo tiempo que la galería de extracción antes mencionada. Es todavía un misterio cómo descubrieron los ingenieros israelitas esas aguas profundas antes de emprender trabajos considerables de perforación. Quizá la fuente de Guézer fluía originariamente por el flanco de la colina. En Gabaón quizás había sido su primera intención realizar una instalación como la de Meguiddó, pero habiendo topado con aquel rezume se pararían allí; mas como el rendimiento así obtenido sería muy débil, cavarían después la galería que iba directamente a la fuente.
c) Finalmente, se podra también disponer depósitos y cisternas en el interior de la ciudad. Los progresos hechos en la preparación de enlucidos impermeables permitieron a los israelitas multiplicar las cisternas en conexión con las casas particulares o con los edificios públicos. Las excavaciones de íell en-nasbeh y de Samaría muestran que las cisternas fueron especialmente numerosas a partir del siglo IX a.C. Éste era el único abastecimiento de aguas de que disponían estas dos ciudades en caso de sitio.
En Lakís se optó por construir un foso cúbico de más de veinte metros de lado y de profundidad, que debía recoger las aguas de todo un barrio y especialmente de las explanadas enyesadas próximas a la residencia del gobernador; estas obras enormes no se llevaron nunca a término. Datan de los últimos tiempos de la monarquía; hasta es posible que no se emprendiesen sino después del primer ataque de Nabucodonosor en 597, al mismo tiempo que se restauraban las fortificaciones.
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