5. Condición de los esclavos
5. Condición de los esclavos
Estrictamente considerado, el esclavo es una «cosa» poseída por su dueño, que la ha tomado por derecho de conquista, la ha adquirido por dinero o recibido en herencia, que la utiliza a su talante y puede revenderla. Las leyes antiguas de Mesopotamia suponen que se marca al esclavo, como a una res, con un tatuaje, un estigma con un hierro al rojo o una etiqueta ligada a su cuerpo. En la práctica, no todos los esclavos llevaban este signo de identidad, que se aplicaba preferentemente a los fugitivos que se habían vuelto a capturar y a los esclavos cuya fuga se temía. Los rabinos permitirán que se marque a un esclavo para quitarle las ganas de fugarse, pero la costumbre no está atestiguada claramente en el Antiguo Testamento. Si se horada la oreja a un esclavo que renuncia a ser liberado, Éx21:6; Dt15:17, no es para imponerle una marca, sino como símbolo de su adhesión a la familia. La más próxima analogía es la del nombre de Yahveh inscrito en la mano de los fieles en Is 44:5, para significar su pertenencia a Dios, como el nombre de la Bestia que llevan marcado sus adeptos en Ap13:16-17, como los tatuajes de los cultos helenísticos.
No obstante, no se olvidaba completamente que el esclavo era un ser humano: había un derecho de los esclavos. El código de Hamurabi sólo condenaba los malos tratos infligidos a los esclavos de otro, que se consideraban como su propiedad; así también en Éx 21:32, si el toro de un vecino comea a un esclavo, el propietario del toro debe pagar una indemnización al dueño del esclavo. Sin embargo, incluso en Mesopotamia, los esclavos tenían recurso legal contra violencias injustas, y las leyes israelitas los protegían de manera todavía más explícita: un hombre que atuerta a un esclavo o le rompe un diente, debe en compensación ponerlo en libertad, Éx21:26-27. Si un hombre azota a un esclavo hasta matarlo, es castigado, Éx21:20, pero si el esclavo sobrevive un día o dos, el dueño es exonerado, pues «se trataba de su dinero», Éx21:21. Parece ser que se consideraba suficiente castigo la pérdida del esclavo, pero esta cláusula indica que incluso en Israel, se estimaba al esclavo como «cosa» de su dueño.
En Mesopotamia como en Roma, el esclavo podía reunir un peculio, hacer negocios, tener personalmente esclavos. No se puede asegurar que sucediese lo mismo en Israel. Es cierto que Lev 25:49 prevé que un esclavo (israelita) puede rescatarse si dispone de los medios necesarios, pero el texto no da más detalles. Se citan otros casos: el servidor que acompaña a Saúl lleva en el bolso un cuarto de siclo, 1Sam9:8. Guehazi, servidor de Elíseo, se procuró de Naamán dos talentos de plata con los cuales puede, dice Elíseo, «comprarse huertos, olivos y viñas, ganado mayor y menor, servidores y domésticas», 2Re5:20-26. Siba, intendente de la familia de Saúl, tiene veinte esclavos, 2Sam9:10. Pero el amo tiene derecho supremo sobre los bienes de su esclavo. 2Sam 9:12 precisa que «todos los que habitaban en casa de Siba estaban al servicio de Meribbaal». Estos casos no son concluyentes, pues el hebreo no emplea la palabra 'ebed, «esclavo», sino ne'ar, «joven», «mozo» y, secundariamente, «servidor», «asistente», probablemente es un hombre libre, adscrito al servicio de un patrón.
La suerte del esclavo en la vida de todos los días dependía en gran parte del carácter de su amo, pero generalmente era llevadera. En una organización social en que la familia tenía tanta importancia y en que difícilmente se concebía el trabajo fuera del campo familiar, una persona aislada se hallaba sin protección y privada de medios de subsistencia. El esclavo tenía por lo menos la seguridad de que no le faltaría lo necesario. Todavía más, formaba verdaderamente parte de la familia, era un «doméstico» en sentido etimológico. Por eso estaba obligado a la circuncisión, Gén 17:12-13. Tomaba parte en el culto familiar, descansaba el día de sábado, Éx 20:10; Ex23:12, se sentaba a la mesa en las comidas sacrificiales, Dt12:12.Dt12:18, celebraba las fiestas religiosas, Dt16:13-14, comía la pascua, Éx 12:44, de la que estaban excluidos el huésped y el obrero asalariado, Éx 12:45. El esclavo de un sacerdote podía comer de las ofrendas santas, Lev22:11, cosa que tampoco podían el huésped y el asalariado, Lev22:10. Las relaciones de Abraham con su servidor muestran, Gén24, la intimidad a que se podía llegar entre un amo y su esclavo. Prov 17:2 dice: «Un servidor juicioso es mejor que un hijo degenerado», cf. .Eclo10:25 Podía tener parte en la herencia de su amo, Prov 17:2, y hasta recibir la sucesión en ausencia de herederos, Gén15:3. Una vez se nos informa que un esclavo se casa con la hija de su amo,1Cr 2:34-35. En estos dos últimos casos es evidente que el esclavo queda libre automáticamente.
Desde luego, el esclavo debía obedecer y trabajar, y los sabios aconsejan que se le trate con alguna dureza, Prov 29:19-21. Sin embargo, al amo mismo interesaba tratar a sus esclavos con firmeza, pero también con justicia y humanidad, Eclo 3,25-53. Los hombres piadosos añadían todavía una consideración religiosa: Job protesta que no había desconocido los derechos de su servidor y de su doméstica, pues son como él criaturas de Dios, Job 31:13-15.
El Levítico ordena que se trate con favor al esclavo de origen israelita: será como un huésped y como un asalariado y no se le impondrá trabajo de esclavos, Lev25:39-40. Los rabinos, comentando este texto, prohibían que se les diesen trabajos demasiado duros o demasiado abyectos, como dar vueltas a la muela del molino, cf. Jue16:21, descalzar a su amo o lavarle los pies, cf. 1Sam25:41. Así se comprenden mejor ciertos textos del Nuevo Testamento: Juan Bautista no es digno de desatar las sandalias de aquel a quien anuncia, Mt3:11 y paralelos; es menos que un esclavo; Pedro se rebela cuando Jesús quiere lavarle los pies, Jn 13:6-7, que es cosa propia de esclavos.
6. Las mujeres esclavas
Ya hemos podido notar que las mujeres esclavas tenían una situación particular. Estaban al servicio personal de la dueña de la casa, Gén16:1; Gén30:3.Gn 30:9; 1Sam 25:42; ,Jdt 10:5 etc., o eran nodrizas de los niños, Gén 25:59; 2Sam 4:4; 2Re11:2. El amo las casaba a su voluntad, Éx21:4. O bien él mismo tomaba a una esclava como concubina, con lo cual mejoraba la condición de ésta. Abraham y Jacob toman así concubinas esclavas a petición de sus mujeres estériles. Conservan, sin embargo, su condición de esclavas, cf. Gén 18:6, si el amo no las ha manumitido, cf. Lev19:20. La antigua ley de Éx 21:7-11 prevé que un padre israelita, pobre o adeudado, puede vender a su hija para que sea la concubina de un dueño o de su hijo. Tal concubina no es puesta en libertad al séptimo año como los esclavos varones. Si desagrada a su amo, éste hace que se la rescate, pero no puede revenderla a un extranjero. Si toma otra mujer, debe mantener todos los derechos de la primera. Si la destina a su hijo, la trata como a una hija de la familia. La ley deutoronómica reserva una situación parecida a la cautiva de guerra que el vencedor toma por esposa, Dt21:10-14. Pero, contrariamente a Éx21, no hace distinción entre hombres y mujeres en cuanto al tratamiento de los esclavos israelitas:la mujer queda en libertad al séptimo año, lo mismo que el esclavo varón y, como él, puede renunciar a su manumisión, Dt15:12.Dt 15:17. Tampoco Jeremías distingue entre hombres y mujeres tratándose de esclavos. Esto parece significar que ya en aquella época no había concubinas esclavas. La ley posterior de Lev25 no tiene en cuenta su caso y Neh5:5 habla de muchachas israelitas violadas por su amo, pero no tomadas como concubinas.
7. Los esclavos fugitivos
La fuga era el recurso ordinario del esclavo para librarse del trato duro de su amo, Eclo 33:33. Aun en los casos en que se le trataba bien, podía sentir la tentación de fugarse, aunque no fuese más que praa sentirse libre, como todo hombre tiene derecho a serlo.
El rico y malvado Nabal parece que estaba bien al corriente de esto: «Hoy día hay muchos esclavos que se escapan de sus amos», respondió a los enviados de David, 1Sam 25:10. Dos esclavos de Simí se fugan a la ciudad de Gat, 1Re2:39. Esto mismo sucedía en todas partes. El código de Hamurabi sanciona con pena de muerte toda asistencia prestada a un esclavo fugitivo, la negativa a entregarlo o su simple ocultación. Las otras leyes de Mesopotamia son menos severas; en Nuzu, el ocultador debe pagar una multa. Por lo que se refiere a esclavos que se fugaban al extranjero, ciertos tratados entre Estados orientales preveían cláusulas de extradición. Así Simí puede recuperar sus dos esclavos que se habían refugiado cerca del rey de Gat, 1Re 2:40, cf. también 1Sam 30:15.
La ley israelita contiene sólo un artículo sobre los esclavos fugitivos: Dt 23:16-17 prohibe que se entregue a un esclavo que se ha escapado y buscado un refugio: en la ciudad que escoja debe ser recibido y tratado bien. Esta disposición no tiene paralelo en las leyes antiguas y no es fácil de interpretar. No parece aplicarse a un esclavo israelita que abandone a un amo israelita, pues en tal caso volvería naturalmente a su familia o a su clan. Por la misma razón no se refiere tampoco a un esclavo israelita que abandona a su amo extranjero. Parece, pues, que la ley concierne a un esclavo no israelita venido del extranjero y admitido en Israecomo ger o como tósáb. Se negaría simplemente la extradición, considerando toda la Tierra Santa como lugar de asilo, a la manera de Is 16:3-4.
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