4. Las ofrendas vegetales-
4. Las ofrendas vegetales-
La. ofrenda vegetal lleva el nombre de minhah que, según la etimología más probable, significa «don». El ritual de Lev 2 distingue diversas especies de ofrendas: existe la ofrenda no cocida de flor de harina empapada de aceite y acompañada de incienso; un puñado de esta harina y todo el incienso se queman sobre el altar, el resto corresponde a los sacerdotes. Lev2:1-3; Lv6:7-11; Lv7:10. Existe la ofrenda de la misma pasta, cocida sobre una chapa o en un molde; una parte se quema, el resto corresponde a los sacerdotes, Lev 2:4-10; Lv7:9. Estas ofrendas deben ser sin levadura y deben estar sazonadas con sal, Lev 2:11-13. En fin, Lev 2:14-16 asimila a la minhah la ofrenda de las primicias, espigas tostadas o pan cocido, con acompañamiento de aceite e incienso; una parte se quema en el altar.
Lo que así se quema de todas estas ofrendas se llama azkárah. El sentido preciso es discutido: o bien un «memorial» que hace presente al oferente el recuerdo de Dios, o bien una «prenda», una parte pequeña que se da a Dios, que le hace pensar en el todo y hace sus veces.
La minhah se ofrecía sólo en casos especiales, como en la ofrenda cotidiana del sumo sacerdote, que se consumía totalmente, pues el sacerdote no podía dar y recibir una misma ofrenda, Lev 6:13-16.
Eran también independientes la ofrenda que para el pobre hacía las veces de sacrificio por el pecado, Lev 5:11-13, y la «ofrenda de los celos», Núm 5:15; en todos estos casos se suprimía el aceite y el incienso. Pero en la mayoría de los casos la minhah era el complemento de un sacrificio sangriento, holocausto o sacrificio de comunión, e iba acompañada de una libación de vino, cf. Éx 29:40; Lev 23:13, sobre todo Núm 15:1-12.
5. Los panes de oblación
Se pueden asociar a las ofrendas vegetales los panes de oblación, llamados lehem happánim, «pan de la faz o de la presencia» (quizá simplemente «panes personales» de Yahveh), o lehem hama ăreket, «pan de la hilera». Según Lev 24:5-9, eran doce tortas de flor de harina, dispuestas en dos hileras sobre una mesa colocada delante del santo de los santos; se renovaban cada sábado. Eran una prenda de la alianza de las doce tribus con Yahveh. Estos panes los comían los sacerdotes y no se colocaban sobre el altar, pero sobre cada hilera se ponía incienso que luego se quemaba, evidentemente sobre el altar de los perfumes, en 'azkârah, lo que hace que se asimilen a una ofrenda sacrificial, y Ezequiel compara un altar con la mesa en que se depositaban, Ez 41:21-22; esta mesa se describe entre el ajuar de la tienda del desierto en Éx 25:23-30.
6. Las ofrendas de incienso
En este capítulo hemos citado varias veces el incienso añadido a las ofrendas vegetales y en el capítulo anterior ⁴ habíamos hablado del altar de los perfumes. La palabra hebrea qetoret significa lo que se convierte en humo y puede designar todo sacrificio quemado en el altar, así probablemente en 1Sa2:28; Is1:13; en el lenguaje propiamente cultual se aplica a las ofrendas de aromas, siendo la expresión completa qetoret sammim, frecuente en los textos sacerdotales. El incienso, l'bonah, es sólo uno de los elementos, y Éx30:34-38 da la receta del perfume reservado al culto; estaba compuesto por partes iguales de estoraque, de ónix (sacado de ciertos moluscos), de gálbano y de incienso. Los tratados rabínicos describen una composición mucho más sutil, en la que entraban dieciséis ingredientes y que quizá se utilizó durante los últimos siglos del templo. Tales mezclas de aromas no deben sorprender: con frecuencia se mencionan en las inscripciones sudarábicas.
Estas materias no eran naturales de Palestina y su empleo en el culto era un refinamiento, común por lo demás a todas las religiones orientales, como diremos más adelante.
Para hacer la ofrenda de incienso se tomaban carbones del altar de los holocaustos con una pala o una cuchara, se esparcía sobre las brasas el polvo aromático y se llevaba todo al altar -de los perfumes, delante del santo de los santos. Esta ofrenda de perfumes debía hacerse todos los días por la mañana y por la tarde, Éx 30:7-8, y era una función sacerdotal, cf. 2Cr 26:16-18; Lc1:9. Era también un rito del día de las expiaciones, en el que, excepcionalmcnte, el incensario era introducido en el santo de los santos, Lev 16:12-13. Fuera de estos casos, en que la ofrenda de los perfumes constituía un acto especial del culto, el ritual del segundo templo no conoce más que el uso del incienso, sin mezcla de otras sustancias, como acompañamiento de la ofrenda, minháh, añadida a los sacrificios, y en relación con los panes de oblación.
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