4. El origen del ritual sacrificial de Israel
4. El origen del ritual sacrificial de Israel
El rasgo que une a los rituales israelita y cananeo y los distingue de los otros rituales semíticos consiste en que, en los sacrificios de animales, la víctima o parte de la víctima se quema sobre el altar. Esto no existe en Mesopotamia ni en Arabia, pero se vuelve a hallar entre los moabitas y los ammonitas, según las alusiones de la Biblia. Ahora bien, este rito que es tan especial de los semitas del oeste, es igualmente un rito griego. El sacrificio tipo, O'jaís', tiene muy estrechas relaciones con el zebah: es igualmente un sacrificio en que una parte de la víctima se quema sobre el altar, una parte corresponde a los sacerdotes y el resto se come en una comida sagrada. En cuanto al sacrificio 'olah, en que la víctima entera se quema sobre el altar, tiene su correspondiente en el holocausto griego, mucho más raro que de la raíz θυσία (como el 'olah fue en un principio más raro que el zebah) y está reservado al culto de las divinidades subterráneas y de los muertos heroizados. Estos contactos se podrían extender a otros hechos del culto: se podría evocar, por ejemplo, la posible relación entre βωμός, a la vez «estrado» y «altar», y la bámah, lugar alto que servía de altar.³
Deben ser herencia de una civilización anterior a la instalación de los helenos y de los cananeos en las márgenes del Mediterráneo oriental. La usanza de quemar la víctima en todo o en parte sobre el altar existía en Canaán antes de la llegada de los israelitas. Por otra parte, no hay prueba segura de que éstos lo practicasen durante su período de seminomadismo, y la forma más antigua que conocieron es quizá la que ha dejado en el sacrificio pascual, tan íntimamente ligado a la historia de la estancia en el desierto: no se quema nada de la víctima, la sangre juega un papel importante, las carnes son comidas por los fieles, y ya hemos visto que estos rasgos se encuentran precisamente en el antiguo sacrificio de los árabes nómadas. Cuando la vida se hizo sedentaria en Palestina, los sacrificios 'olah y zebah, consumidos sobre el altar, habrían sido tomados de los cananeos y combinados con los antiguos ritos de sangre que conservaron su valor y no se hallaban entre los cananeos, y después los rituales habrían evolucionado independientemente. Esta explicación de los orígenes del ritual israelita sólo la proponemos como hipótesis, tratando de tener en cuenta todos los elementos de que disponemos actualmente.
5. Sacrificios humanos en Israel
En la historia de las religiones hay una teoría según la cual el animal sacrificado es el sustituto del hombre, de donde se concluye que en un principio se inmolaban realmente víctimas humanas. Ya hemos tenido ocasión de decir que los «sacrificios de sustitución» atestiguados en Mesopotamia tenían que ver más con la magia que con la religión, y que la imposición de las manos sobre la víctima en el ritual israelita no significaba que la víctima era el sustituto del oferente; en el capítulo siguiente volveremos a hablar de ello a la vez que propondremos una teoría del sacrificio.
De hecho, los sacrificios humanos están documentados en las antiguas religiones de Oriente, pero eran excepcionales, y eran tan particulares que se tiene reparo en llamarlos sacrificios: en Egipto, a los comienzos de la historia, la muerte de prisioneros o de extranjeros, que no tardó en convertirse en acción simbólica operada sobre figurines; en Mesopotamia, el caso disputado del sustituto del rey ⁴ y los numerosos esqueletos de las tumbas reales de Ur, que indican que los reyes de esta época eran acompañados a la muerte por mujeres y servidores, pero que no significan que estas gentes fuesen realmente sacrificados; en Arabia, el testimonio dudoso de algunos autores tardíos.
Las indicaciones más claras vienen del ambiente fenicio y se refieren a los sacrificios de niños de que trataremos en párrafo aparte; se añaden también los «sacrificios de fundación» que los arqueólogos de Palestina han señalado con frecuencia en las excavaciones de ciudades cananeas, pero que generalmente sólo representan la práctica corriente de inhumar bajo el suelo de la casa a los niños muertos en temprana edad; quedan, sin embargo, algunos casos más decisivos, confirmados por una referencia bíblica, 1Re 16:34. La teoría de los sacrificios humanos, ya frágil por lo que se refiere a los otros ambientw orientales, se ha extendido, sin embargo, a Israel, y cierto número de autores admiten no sólo que los israelitas paganizados ofrecieron sacrificios humanos a divinidades extranjeras, no sólo que algunos de ellos ofrecieron tales sacrificios a Yahveh, al que confundían con estos dioses extranjeros, sino que en una época antigua y durante bastante tiempo el yahvismo oficial conoció y hasta prescribió positivamente los sacrificios humanos. En esta forma la tesis es críticamente insostenible.
a) Los sacrificios humanos en los textos históricos. En favor de esta tesis se invocan algunos relatos de los libros históricos. Acabamos de citar 1Re16:34; bajo Acab, Hiél de Betel reconstituyó Jericó: «estableció el fundamento al precio de su primogénito Abiram, y colocó las puertas al precio de su ultragénito Segub», cf. Jos 6:26. El sentido es discutido; aun en el caso de que se trate de sacrificios de fundación, se explican bastante en la época de Acab por una influencia religiosa de Fenicia. La ejecución de prisioneros de guerra, incluso «delante de Yahveh», no es un sacrificio, sino el cumplimiento de un herem,⁵ 1Sa15:33, cf. v.3. El episodio de los descendientes de Saúl entregados a los gabaonitas y descuartizados por ellos en el lugar alto de Gabaón, 2Sam 21:1-14, es presentado por parte israelita como la satisfacción de una deuda de sangre; los gabaonitas dieron a su venganza la forma de un rito de fertilidad que se explica por un pasaje de los poemas de Ras Samra, pero los gabaonitas no eran israelitas y esta historia no nos enseña nada sobre la religión de Israel. Queda todavía el voto de Jefté, Jue 11:30-40: según el sentido obvio del texto, que no debemos atenuar, Jefté había prometido, si volvía victorioso, ofrecer en holocausto la primera persona que saliese de su casa, y así hubo de inmolar a su hija única. Pero esto se cuenta como un acontecimiento extraordinario y chocante, como parecía también chocante la acción del rey de Moab que inmolaba a su hijo único sobre la muralla de su capital asediada por los israelitas, 2Re 3:27. La historia de Jefté no puede servir para el estudio del ritual israelita.
Se ha querido utilizar también el relato del sacrificio de Abraham, Gén 22:1-19; Dios pide al patriarca que le ofrezca en holocausto a su hijo unigénito, pero detiene su mano levantada ya en el aire para inmolar a Isaac, que es sustituido por un carnero: relato etiológico, se dice, que explica y justifica la sustitución de una víctima humana por un animal. Sin embargo, el sentido actual del relato, tal como está redactado e insertado en la historia patriarcal, parece ser muy distinto: Dios, al ordenar la inmolación del hijo de la promesa, impuso a la fe de Abraham una prueba extraordinaria, y la obediencia de Abraham fue recompensada por una renovación solemne de las promesas hechas a su raza. Todos los israelitas que oían este relato comprendían que debían su existencia a una misericordia de Dios y su prosperidad a la obediencia de su antepasado. Existe la intención litúrgica, pero es secundaria: en Israel no se ofrecen niños a Yahveh como los cananeos los ofrecen a sus dioses. Es posible que en el fondo de esta narración haya un antiguo relato de fundación de santuario donde, desde un principio, se ofrecían animales, contrariamente a otros santuarios, cananeos, donde se inmolaban víctimas humanas. Pero esto confirmaría la conclusión que impone el relato: desde sus orígenes la religión de Israel repudió los sacrificios humanos.
b) Los textos proféticos. No son más convincentes las pruebas que se trata de sacar de los profetas. El texto de Os 13:2 es muy oscuro y suele traducirse de diversas maneras; aun caso de que hable de sacrificios humanos—cosa que no todos admiten—,lo hace a propósito del culto a los ídolos, que él mismo condena. En Miq 6:1-8, que se debe tomar como una unidad, el pueblo responde a la requisitoria de Yahveh con una interrogación: «¿Hallará Yahveh complacencia en millares de carneros, en libaciones de aceite a torrentes? ¿Habré de ofrecer a mi primogénito como precio de mi prevaricación, el fruto de mis entrañas por mi propio pecado?», v.7, pero Dios pide únicamente que se «cumpla la justicia», v.8. El sentido es claro: a los ojos del profeta, sacrificios de niños serían tan absurdos e inútiles como millares de carneros y torrentes de aceite. Esto no significa que entre los israelitas existiese la costumbre de inmolar a sus hijos, como tampoco hacían correr «torrentes de aceite». El texto controvertido y tardío de Is 66:3, menciona la entrega a la muerte de un hombre en sentido ritual, pero la opone precisamente al sacrificio regular de un buey. Queda el texto de Ez 20:25-25, del que luego vamos a hablar.
c) La ley de los primogénitos. Algunos textos relativos a los primogénitos parecen decisivos a los críticos: «Me darás el primogénito de tus hijos. Harás otro tanto con tu ganado menor y mayor. El primogénito quedará con su madre por espacio de siete días, luego, el día octavo, me lo entregarás», Éx 22:28-29. La orden es absoluta, y los textos que imponen el rescate de los primogénitos de los hombres, mientras los primogénitos de los animales son sacrificados, Éx13:11-15; Ex34:19-20, serán una mitigación de una costumbre antigua y cruel. Sin embargo, estos dos últimos textos son atribuidos por la crítica literaria a las fuentes antiguas del Pentateuco y son poco más o menos contemporáneos de Éx 22:28-29. Viceversa, Éx13:1-2, que es de redacción sacerdotal reciente, es tan absoluto como Éx 22:28-29: «Conságrame tu primogénito, primicia del seno materno entre los hijos de Israel. Me pertenece, sea hombre o animal doméstico.» El uno y el otro texto sobrentienden sencillamente la diferencia de tratamiento entre los primogénitos de los hombres y los de los animales: todos pertenecen a Yahveh, pero los unos son rescatados y los otros son sacrificados. Parece cierto que ningún ritual israelita prescribió jamás el sacrificio de los primogénitos.
Pero se nos opone el texto de Ez 20:25-26: «Llegué hasta darles leyes que no eran buenas y costumbres de las que no podían vivir, y los mancillé con sus ofrendas, haciéndoles sacrificar todos sus primogénitos, para castigarlos, a fin de que sepan que yo soy Yahveh.» Este texto parece decir que la costumbre era corriente en Israel y que estaba sancionada por un ordenamiento divino. Pero es absurdo creer que Israel sacrificase «todos sus primogénitos» en ninguna época de su historia, como también es absurdo admitir que Ezequiel, que condena en otras partes los sacrificios de niños, Ez 16:20; Ez20:31, pudiese pensar que esta costumbre había sido prescrita positivamente por Dios. Las palabras del profeta no se pueden, pues, tomar literalmente. Se trata de una atribución a la causalidad divina en todas las acciones de los hombres, tanto de las buenas como de las malas, de la expresión de una voluntad permisiva de Dios, como en Éx 4:21; Ex7:3, etc., y sobre todo Is 6:9-10, que será citado en el Evangelio a propósito de las parábolas de Jesús, Mt 13:13-15, y que san Pablo repetirá a los judíos de Roma, Hch 28:26-27. Yahveh había ordenado que se le consagrasen los primogénitos, y los israelitas, extraviados por el ejemplo de los cananeos, le inmolaron sus niños. Dios los dejó hacer, los dejó mancillarse «para castigarlos a fin de que sepan que yo soy Yahveh». La falta, prevista por Dios y castigada por Dios, entra en el plan misterioso de la salud. Por lo demás, a la fórmula sin matices de Ezequiel se opone la afirmación de Jeremías, que se refiere al mismo punto: «Han construido las bámah de tojet en el valle de Ben-Hinnom para quemar a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no había prescrito, en la que yo no había nunca pensado», Jer 7:31; cf. Jer19:5.
d) Los sacrificios a Molok. Con esto queda despejado el terreno para pasar a una cuestión que ha hecho correr mucha tinta estos últimos años. La palabra molek, que se convirtió en Molok en las versiones griega y latina, se halla cinco veces en la ley de santidad, Lev18:21; Lv20:2-5, luego en 2Re 23:10 y Jer 32:35; hay que corregirla en 1Re 11:7 y probablemente restituirla en Is 30:33. La palabra está siempre en relación con el sacrificio de un niño, varón o hembra, al que se hacía «pasar por el fuego»: según 2Re23:10 y Jer 32:35, esto tenía lugar en el «quemadero», tofet, del valle de Ben-Hinnom cerca de Jerusalén. Aun sin pronunciar la palabra molek, el mismo rito aparece en 2Re 16:3; 2Re17:31, 2Re21:6; Jer 3:24 (?); Jer7:31; Jer19:5; Dt 12:31 y, a lo que parece, en Ez 23:39. Conviene notar que estos sacrificios no se ponen en relación con el culto ordinario de los lugares altos, tan frecuentemente mencionados en otras partes, y que el empleo de la palabra bâmah para calificar el «quemadero» del valle de Ben-Hinnom es un poco chocante, como también conviene notar que entre los textos citados, los que son un tanto precisos parecen limitar esta práctica a la región de Jerusalén; esta proximidad del templo explica sin duda la insistencia de la ley de santidad, de la que ya hemos dicho que reflejaba las doctrinas de los sacerdotes de Jerusalén al final de la monarquía. Estos sacrificios están también limitados en el tiempo: sólo aparecen con Acaz, 2Re16:3, en un momento en que invadían el culto influencias extranjeras, y 2Re17:31; Dt12:31 las estigmatizan como una práctica pagana. Todos los textos llevan a la misma conclusión: esta práctica fue introducida tardíamente del exterior y fue condenada por todos los representantes del yahvismo, tanto el deuteronomista como los profetas y los redactores sacerdotales. Nunca formó parte de ningún ritual israelita de los sacrificios.
El origen hay que buscarlo evidentemente en el ambiente cananeo en sentido amplio. Ahora bien, inscripciones púnicas y neopúnicas contienen la expresión mlk 'mr, transcrito molchomor en latín, y mlk 'dm. Es sumamente probable que estas expresiones signifiquen «ofrenda de cordero» y «ofrenda de hombre» y que se refieran al sacrificio de un niño, o de un cordero como sustituto suyo. Esta interpretación tiene en su apoyo el descubrimiento, en el santuario de Tanit en Cartago, de urnas que contienen osamentas calcinadas, sea de corderos o de cabritos, sea, con más frecuencia, de niños pequeños. Hay también un texto célebre de Diodoro de Sicilia, Biblioth. Hist. 20, 14: el año 310 a.C. los cartagineses.viendo amenazada su ciudad por un desastre, atribuyeron esta desgracia a la cólera de Kronos, al que en otro tiempo ofrecían los mejores de sus hijos, pero después le habían ofrecido niños comprados o raquíticos. Entonces, pues, le inmolaron doscientos niños de las mejores familias. Había una estatua de bronce de Kronos: sobre sus manos extendidas se colocaba al niño, que rodaba hasta el horno. Sea el que sea el valor de estos detalles, este relato atestigua una costumbre de la que se hacen eco otros autores clásicos.
Estas inscripciones y estos textos son de fecha tardía, pero la ofrenda molk se menciona ya en dos estelas de Malta, en el siglo VII o VI a.C. Este término sacrificial no se ha encontrado todavía en las inscripciones de la propia Fenicia, pero allí se practicaban los sacrificios de niños: según un fragmento de Filón de Biblos, conservado por Eusebio, Praep. Ev. 1, 10, era una antigua costumbre entre los fenicios que en caso de peligro nacional «ofrecieran sus niños más queridos, de una manera llena de misterio», y Porfirio, De abstin. 2,56, dice que la historia fenicia escrita por Sankhuniaton y traducida por el mismo Filón, estaba llena de tales sacrificios ofrecidos a Kronos en tiempos de calamidad. Estos textos proporcionan el lazo de unión con la historia narrada por Diodoro de Sicilia; se puede recordar el episodio del rey de Moab que ofrece su hijo en holocausto en su ciudad asediada, 2Re 3:27.
Es, pues, verosímil que los sacrificios de niños quemados se introdujeran en Israel desde Fenicia en una época de sincretismo religioso. Por los mismos motivos excepcionales que en Fenicia, se pueden aplicar los dos únicos casos precisos que se mencionan en la Biblia: Acaz «hizo pasar a su hijo por el fuego», 2Re16:3, en tiempos de la guerra siro-efraimita, y Manasés hizo otro tanto, 2Re 21:6, ante una amenaza asiría de que no hablan los libros de los Reyes, pero cuyo recuerdo se conserva quizá en 2Cr33:1 ls. La costumbre debió, sin embargo, de estar bastante propagada para merecer los anatemas del Deuteronomio, del Levítico y de los profetas. A pesar del silencio de los textos propiamente fenicios, es posible —es todo lo que decimos— que este sacrificio se llamase molk en Fenicia lo mismo que en Cartago y que con este nombre se introdujera en Israel.
Aun en el caso en que esto sea cierto, muy pronto, y quizá desde su introducción, dejó de comprenderse en Israel el sentido sacrificial de la palabra. Había un dios Malik, «rey», que tenía un puesto, si bien secundario, en los panteones de Asiría y de Ras Samra, y el dios de los ammonitas se llamaba Milkom, 2Sam 12:30; IRe 11:5.33; 2Re 23:13, que es otra forma de la misma palabra. Con más frecuencia melek, «rey», es un apelativo divino que sustituye al nombre propio de un dios. Este apelativo se halla en la misma Biblia en Is 57:9, melek, y en el texto masorético de Is 30:33, precisamente en conexión con el «quemadero» del valle de Ben-Hinnom; se halla en composición con los nombres divinos Adrammélek y Anammélek, 2Re17:31, en relación también con tos sacrificios de niños por el fuego. Estas ofrendas se entendían, pues, como hechas a un dios rey, un melek, que era un ídolo, Ez 23:39, un Baal, Jer 19:5; Jer32:35, una vergüenza, quizá Jer 3:24. La forma molek, que predomina en los textos, se explicaría por un cambio de vocalización que invitaba a leer bošet, «vergüenza», como está escrito con todas sus letras en Jer 3:24; compárese la sustitución de Baal por bošet en Jer 11:13; Os 9:10, y en ciertos nombres propios.
La cuestión, como se ve, es compleja y todavía no se le ha dado una solución cierta. Pero, sea que se trate de sacrificios al dios Molok o de sacrificios como ofrenda molk, estos sacrificios de niños por el fuego eran extraños al ritual israelita.
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