3. Diezmos
3. Diezmos
Ciertos exegetas han supuesto que fuera de estas contribuciones ocasionales, no pesaba sobre los israelitas ningún impuesto reguiar. Diversas observaciones contradicen esta hipótesis. Las prefecturas de Salomón3 suponen un sistema de contribuciones en especie que no provenían sólo de las posesiones reales, y cuando 2Cr 17:5 dice que todo Judá aportaba su tributo a Josafat, esto se entiende mejor como un impuesto anual, como lo era también el tributo de los vasallos. Si Gén47:13-26 describe como cosa extraña el sistema fiscal de Egipto, la extrañeza del redactor no proviene de que se pague contribución al faraón, sino de que le pertenezcan todas las tierras, excepto las de los templos, y de que todos los egipcios sean siervos de la corona, cosa que se oponía al sistema de propiedad privada dominante en Israel.
Particularmente 1Sam 8:15-17 prevé que el rey percibirá el diezmo de los campos, de las viñas y de los ganados. Era lo que sucedía también en los reinos vecinos, como lo atestiguan claramente los textos de Ugarit. La Biblia precisa que el rey podrá dejar esta contribución a sus funcionarios; los documentos ugaríticos ilustran también esta costumbre, y a ella hace quizá alusión Am 5:11, que echa en cara a algunos notables el que abrumen al pobre percibiendo tributo de sus trigos.
Parece también que el rey tenía un derecho sobre el primer corte de los herbajes, Am 7:1, comparable quizá con el derecho de pasturaje que ejercía el soberano de Ugarit. También como en Ugarit, el favor real podía eximir de los diezmos y de las prestaciones de trabajo a un individuo o a su familia, 1Sam17:25. Inspirándose en esta institución monárquica, Ezequiel, además de reservar ciertas posesiones al príncipe de Israel, determina la contribución que todo el país deberá pagarle en trigo, cebada, aceite, ganado, Ez 45:13-16; en cambio, como conviene en el Estado teocrático que concibe el profeta, el príncipe tomará a su cargo los sacrificios y las oblaciones de carácter público, Ez 45:17.
Una última etapa se realizó cuando se constituyó efectivamente la teocracia, al regreso de la cautividad: el pueblo se compromete solemnemente a pagar al templo un tercio de siclo al año, las primicias de la tierra y de los rebaños, el diezmo del suelo y ciertas entregas de leña, Neh10:33-40. Hombres íntegros están encargados de recaudar, almacenar y distribuir estas contribuciones, Neh 12:44-47; Ne13:10-13. Estas medidas pueden aparecer como la aplicación concreta de las leyes sacerdotales sobre el diezmo debido al santuario y a sus ministros, pero, sean las que fueren las fechas de estas prescripciones, apenas cabe dudar que esta legislación religiosa es un paralelo o reminiscencia de una institución civil análoga.
4. La prestación personal
La azofra o prestación personal era una institución propagada en todo el Oriente antiguo. Está atestiguada en la baja Mesopotamia desde las épocas más remotas hasta el período neobabilónico. Las leyes asirías condenan a determinados delincuentes a cierto tiempo de trabajos forzados para el rey. Los israelitas habían conservado un recuerdo terrible de las tareas que se habían impuesto a sus antepasados en Egipto, Éx1:11-14; Ex5:4-19, cf. Dt26:6, etc., quienes no habían hecho sino compartir la suerte común de los subditos del faraón. La prestación personal se menciona igualmente en los documentos de Siria y de Palestina anteriores a la instalación de los israelitas.
En Israel no se organizó la prestación personal sino después.del advenimiento de la monarquía: era uno de los inconvenientes que había anunciado 1Sam8:12.1Sa8:16-17. David la impuso a los ammonitas, 2Sam 12:31, a menos que se trate de reducción total a la esclavitud.⁴ Un enemigo vencido, caso que sobreviviese, era sujeto a prestación personal, Is 31:8; Lam 1:1. Se refiere que David tuvo al final de su reinado un ministro superintendente de esta prestación, 2Sam20:24, pero este informe no es seguro En todo caso, con Salomón aparece la institución plenamente desarrollada. Las grandes obras emprendidas por este rey, construcción del templo y del palacio, fortificación de Jerusalén y de las ciudades de guarnición, 1Re9:15-19, reclamaban una mano de obra considerable. Desde luego, Salomón disponía de esclavos públicos, a los que utilizaba en su flota del mar Rojo y en su fábrica de Esyón Guéber6, y es probable que trabajasen también en las grandes construcciones de su reinado. El texto de 1Re9:20-22 pretende incluso que sólo se hubiese empleado en estas obras a los descendientes de los cananeos vencidos que se habían librado del anatema; los israelitas sólo habrían suministrado al rey sus soldados y sus oficiales. Pero este informe no proviene de un documento antiguo; el texto tiene el estilo del Deuteronomio y refleja una opinión de fines de la monarquía, que vuelve a hallarse en los Paralipómenos, 1Cr2:16-17;1Cr8:7-9: sólo trabajarían los extranjeros residentes en Israel.
Pero los textos antiguos se muestran explícitos acerca de la participación de los israelitas. En «todo Israel», 1Re5:13-14, reclutò Salomón hombres con este objeto — a estos hombres destinados a la prestación personal se los llama más —, obteniendo 30 000 obreros, 10 000 de los cuales iban por turno al Líbano para acarrear la madera que cortaban los leñadores del rey de Tiro, 1Re 5:18. Se dice que tuvo además 70 000 acarreadores y 80 000 carreteros ocupados en Jerusalén juntamente con los albañiles y los carpinteros de Hiram, 1Re5:15. Eran igualmente israelitas los que componían la «azofra de la casa de José», que estaba bajo las órdenes de Jeroboam, 1Re11:28- Esta carga impuesta a los israelitas fue lo que incitó a Jeroboam a la rebelión, 1Re11:26s, e inmediatamente después de la muerte de Salomón se presenta como causa principal del cisma político, 1Re 12:4-16.
Al frente de la azofra había vigilantes y oficiales,1Re5::16; 1Re9:23; 1Re11:28, que estaban a las órdenes del jefe de la azofra, Adoram, hijo de Abda, a lo que parece, fenicio, que era uno de los ministros de Salomón, 1Re4:6;1Re 5:16.⁷ Este Adoram fue enviado por Roboam a someter a los sediciosos de Israel, pero acabó siendo lapidado por ellos 1Re 12:18.
La historia subsiguiente no menciona a ningún otro jefe de la azofra y pudiera creerse que ésta cesó de ser una institución regular después del reinado de Salomón. Sin embargo, los reyes de Israel y de Judá debieron de recurrir a ella de tiempo en tiempo para las construcciones que se les atribuyen, y tenemos un testimonio explícito en el reinado de Asá, que convocó a todo Judá, sin exceptuar a nadie, para fortificar a Gueba y a Mispá, 1Re15:22. Pero el sentimiento popular consideraba este trabajo forzado como una exacción, y Jeremías reprocha a Yoyaquim el construir su palacio contrariamente a la justicia y hacer trabajar sin salario, Jer 22:13. Esto explica que los redactores de los libros de los Reyes y de los Paralipómenos se resistieran a admitir que Salomón tomara como hombres de azofra a israelitas libres. En tiempo de Nehemías, las murallas de Jerusalén fueron reconstruidas por equipos de voluntarios; sólo se señala que los notables de Teqoa se negaron a asociarse a aquel trabajo, Neh 3:5.
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