2. El santuario del desierto. La tienda
2. El santuario del desierto. La tienda
Antes de llegar a este punto es necesario estudiar otro grupo de tradiciones que conciernen a los principios del culto Yahveh. Se dice que en el desierto tenían los israelitas como santuario una tienda que, por influencia de la Vulgata, se ha convertido en el «tabernáculo» de la literatura cristiana. Esta tienda se llama en hebreo 'ohel mó'ed, la tienda de la reunión, o del encuentro, o de la cita. Es, efectivamente, el lugar donde Yahveh conversa con Moisés «cara a cara», Éx33:11, le habla «de boca a boca», Núm12:8. Estos textos pertenecen a la tradición más antigua, que insiste en el papel de la tienda en los oráculos: si alguien quería «consultar a Yahveh», acudía a la tienda, donde Moisés le servía de intermediario cerca de Dios, Éx 33:7. La tradición sacerdotal conserva el mismo nombre con el mismo significado: la tienda de la reunión es el lugar del «encuentro» con Moisés y con el pueblo de Israel, Éx 29:42-43; Ex30:36. Pero esta tradición la llama con predilección la «morada», miškân, término que parece haber designado primeramente la habitación temporal del nómada, cf. el texto muy antiguo de Núm 24:5 y el verbo correspondiente en Jue 8:11, cf. también 2Sam 7:6; es, pues, un sinónimo de «tienda». Los relatos sacerdotales escogieron este término arcaico para expresar el modo de habitación en la tierra, de Dios que reside en el cielo. Preparaban la doctrina judía de la šekinah, de la que san Juan se acordaba: «El Verbo ... plantó una tienda entre nosotros», Jn 1:14.
Sin embargo, la presencia divina en la tienda aparece como más estable en esta tradición sacerdotal que en la antigua tradición elohísta. Según ésta, la presencia de Yahveh se manifestaba por la bajada de una nube que obstruía la entrada de la tienda, en el interior de la cual conversaba Moisés con Dios, Éx 33:9, la nube descendía a la tienda y la abandonaba respectivamente en el momento en que Dios llegaba y partía, Núm12:4-10: lo cual sugiere no tanto permanencia cuanto visitas. Según la tradición sacerdotal, la nube cubrió la «morada» desde el momento de su erección tomando así Yahveh posesión de su santuario, Éx 40:34-35, pero la nube queda ligada a la «morada» de una manera que parece ser permanente, desempeña la misma función que la columna de nube y la columna de fuego que guiaron a los israelitas a la salida de Egipto; indica el lugar, la duración y el fin de los campamentos, Núm 9:15-23; cf. Éx 40:36-38. Otra diferencia entre las tradiciones se refiere al emplazamiento de la tienda: según Éx 33:7-11 y Núm 11:24-30 (elohísta), está fuera del campo; según Núm2:2,Nm 2:17 está en medio del campo, y Yahyeh reside allí, en medio de su pueblo, Éx 25:8, razón por la cual los israelitas deben cuidar de la pureza de su campo, Núm5:3 (textos sacerdotales).
Los pasajes más antiguos no contienen ninguna indicación sobre el aspecto de esta tienda, su estructura y su mobiliario. La tradición sacerdotal, por el contrario, da una larga descripción de la «morada», tal como Yahveh ordena construirla, Éx26, y como Moisés lo ejecuta, Éx 36:8-38. Es difícil interpretar esta descripción y no llega uno a hacerse perfecto cargo de la disposición de los elementos a que se refiere. La «morada» está hecha con marcos de madera que, acoplados, determinan una construcción rectangular de 30 X 10 codos con 10 codos de altura; está abierta por el lado del este. Esta construcción parece estar recubierta con bandas de tela fina, cosidas unas con otras para formar grandes piezas que se reúnen por medio de corchetes y broches: llevan bordadas figuras de querubines. Luego, «como una tienda encima de la morada», se extienden bandas de tela de pelo de cabra que forman un conjunto más ancho y algo más largo, que cae a los lados de ella. Finalmente, todo está cubierto con pieles de carnero teñidas de rojo y con pieles de fino cuero. Una cortina cierra la entrada de la «morada», y un velo precioso tendido delante de los últimos codos del espacio interior señala la separación entre el santo y el santo de los santos. Detrás del velo, en el santo de los santos, se halla el arca: en el santo se hallan el candelabro y la mesa de los panes de oblación; el altar se halla delante de la entrada de la tienda con la pila para las abluciones, Éx40:30. Alrededor de la «morada» se extiende un atrio de 100 x 50 codos, limitado por una barrera de piquetes de bronce y de varillas de plata de las que cuelgan cortinas de lino, Éx 27:9-19.
Evidentemente, en esta descripción hay no poco ideal: el santuario del desierto es concebido como un templo desmontable, de dimensiones exactamente una mitad menos que el templo de Jerusalén, que sirvió de modelo para esta reconstrucción. Pero no todo es inventado, y la noción de santuario «prefabricado» contradice a la noción de tienda, que estaba enraizada en la tradición y que los autores de esta descripción no pudieron suplantar.
Ahora bien, esta tradición coincide con usos reconocidos entre los árabes antiguos y los modernos. Las tribus beduinas tienen una pequeña tienda, una especie de palanquín al que llaman utfa, o merkab, o abu-dhür. Acompaña a la tribu en sus desplazamientos y es el último objeto que se carga al abandonar el campo. Va llevada por un camello. En los combates, la hija del seih o una hermosa muchacha se acomoda en ella y excita a los guerreros. Se atribuye cierto poder sobrenatural a este objeto y se da el caso de ofrecer sacrificios a la 'utfa o a la divinidad que se supone residir en ella. Es evidente la analogía con el arca de la alianza y su papel en las primeras guerras de Israel,⁵ pero también con la tienda, santuario itinerante del desierto. A partir del siglo XIII, las caravanas que partían de Damasco o de El Cairo para la peregrinación a La Meca iban guiadas por un camello que llevaba el mahmal, pequeña tienda cúbica que contenía un ejemplar del Corán. No obstante las semejanzas exteriores, no se puede asegurar que el mahmal tenga relación con la 'utfa de las tribus beduinas, mientras por el contrario es cierto que la 'utfa moderna continúa una institución anterior al islam, la de la qubba. Era una pequeña tienda sagrada, de cuero rojo, en la que se transportaban los ídolos de piedra de la tribu, los betilos. Se llevaba a lomos de un camello en las procesiones religiosas y en los combates; su custodia estaba confiada a muchachas. En el campo se plantaba cerca de la tienda del seih y se acudía a ella para solicitar oráculos. Aquí se descubre la función oracular de la tienda del desierto, Éx 33:7, así como el color rojo de las pieles de carnero que la cubrían, Éx 26:14. Hasta las mujeres guardianas de la qubba recuerdan a las mujeres que «estaban de servicio» a la entrada de la tienda de la reunión, según el texto enigmático de Éx 38:8.
Esta qubba de los árabes preislámicos tiene por su parte antecedentes semíticos, Diodoro, 20, 65, 1, refiere que en el campo cartaginés había una tienda sagrada que se plantaba cerca de la del jefe. Estatuitas de terracota de origen sirio representan a mujeres (divinidades o asistentas del culto) llevadas sobre un camello en una litera cubierta con un pabellón. Un bajo relieve de Palmira del siglo I d.C. representa una procesión religiosa en la que figura un camello llevando una pequeña tienda que todavía conserva vestigios de pintura roja; además, la palabra qubba está documentada por la epigrafía palmirena. En la Biblia la palabra qubbah se halla sólo una vez, Núm 25:8 y puede designar una tienda o parte de una tienda. En el mismo pasaje la tienda de la reunión es mencionada en el v.6, pero su relación con dicha qubbah queda imprecisa .
Es,pues, razonable admitir, conforme a lo que dicen los textos, que los antepasados de los israelitas en tiempos de su existencia nómada, tenían un santuario portátil y que éste consistía en una tienda a imagen de sus propias habitaciones. Es normal que tal santuario desapareciera cuando las tribus se establecieron en Canaán. La tienda de la reunión se plantó en las estepas de Moab, última estación antes de la entrada en la tierra prometida, Núm 25:6, pero ésta es la última mención segura que tenemos de ella. Es reciente la tradición que habla de la tienda en Siló en tiempo de Josué, Jos18:1; Jos19:51; en Sal 78:60, que es un salmo tardío, el miškân y la tienda de Siló son expresiones poéticas. De todos modos, el santuario de Siló que albergaba el arca al final de la época de los jueces, era un edificio, 1Sam 1:7-9; 1Sa3:15. La tienda bajo la cual David depositó el arco en Jerusalén, 2Sam 6:17, es sin duda alguna un recuerdo del santuario del desierto, pero no es ya la tienda de la reunión, aun cuando la llame así un glosador en 1Re 8:4. Esta misma preocupación de relacionar el nuevo culto con el antiguo inspira al cronista cuando pretende que la tienda de la reunión se hallaba en el lugar alto de Gabaón en tiempo de David y de Salomón, 1Cr 16:39; 1Cr 21:29; 2Cr 1:3-6.
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