capitulo 03
CAPITULO III
5.Quienes, pues, conocen los preceptos divinos no tienen la excusa que suelen tener los hombres por ignorancia. Pero ni aun los que ignoran la ley de Dios se evadirán sin pena. Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados. Antójaseme que el Apóstol no pretende significar un castigo mayor para los que ignoran la ley en sus pecados que para los sabedores, pues parece peor perecer que ser juzgados; mas, dirigiéndose el Apóstol a los Gentiles y a los Judíos—porque aquellos sin ley y éstos con ella—, ¿quién se atreverá a decir que no han de perecer los Judíos que en la ley pecan, pues no creyeron en Cristo, porque de ellos se ha dicho que por la ley serán juzgados? Sin la fe de Cristo nadie puede ser libertado, y por ello serán juzgados de manera que perezcan. Porque si peor es la condición de los ignorantes que la de los conocedores de la ley, ¿cómo será verdad lo que dijo el Señor en el Evangelio: Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco ? Estas palabras muestran ser más grave el pecado del sabedor que del ignorante; ni por ello conviene protegerse en las tinieblas de la ignorancia para en ellas buscar una excusa, porque una cosa es ignorar y otra haber querido ignorar. Se achaca a la voluntad cuando se dice: No quiso entender para bien obrar. Pero nadie excusa la ignorancia involuntaria hasta tal punto que diga no va a arder con fuego eterno quien no creyó precisamente porque ignoraba lo que había de creer; sino que quizá diga ha de arder menos, pues no sin causa está escrito: Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen; y lo que dijo el Apóstol: En llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios. Mas para que tengamos todos la ciencia y nadie diga: «Lo ignoré», «No lo vi», «No entendí», la voluntad humana es requerida donde se dice: No seáis como el caballo o como el mulo, sin entendimiento , siquier mala aparezca en aquellas palabras de los Proverbios: El siervo no se corrige con palabras; porque entiende mas no hace caso. Mas cuando el hombre dice: «No puedo obedecer, pues me vence mi concupiscencia», ya excusa por ignorancia no tiene ni defiende a Dios en su corazón, sino que conoce el mal en sí mismo y se duele; a quien, con todo, dice el Apóstol: No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal. Y, ciertamente, a quien se dice no seas vencido, se le supone, sin duda, el árbitro de su voluntad. El querer y no querer, cosa es de propia voluntad.
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