capitulo 02
CAPÍTULO II
2.Nos reveló el Señor por sus santas Escrituras que el hombre posee un libre albedrío. Cómo, pues, lo revelara, os lo recuerdo no con palabras humanas, sino divinas. Primero, porque los mismos preceptos divinos de nada servirían al hombre si no tuviera libertad para cumplirlos, y así llegar al premio prometido. Con ese fin se dieron, para que el hombre por ignorancia no se excusara. Y así, dice el Señor en el Evangelio de los Judíos: Si yo no hubiera venido ni les hubiera hablado, no serían culpables de pecado. Pero ahora no tienen excusa de su pecado. ¿De qué pecado habla sino de aquel execrable que como futuro preveía cuando así hablaba, y es decir que a El le habían de matar? Porque antes de la encarnación de Jesucristo, de ningún pecado eran reos. Además, dice el Apóstol: Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. ¿De qué excusa les dice inexcusables sino de aquella por la que la soberbia humana suele decir: «De saberlo, lo hubiera hecho; no lo hice porque lo ignoraba»; o también: «Lo haría si lo supiese; precisamente no lo hago porque lo ignoro»? Se les hace vana esta excusa cuando se les manda o el modo de no pecar se les manifiesta.
3.Pero hay hombres que del mismo Dios pretenden excusarse, a quienes dice el apóstol Santiago: Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Y queriéndose excusar del mismo Dios, les responde el libro de los Proverbios de Salomón. La insensatez del hombre tuerce su camino, y luego contra Jehová se irrita su corazón. Y el libro del Eclesiástico dice: No digas. «Mi pecado viene de Dios», que no hace El lo que detesta. Ni digas que El te empujó al pecado, pues no necesita de gente mala. El Señor aborrece toda abominación y evita que en ella incurran los que le temen. Dios hizo al hombre desde el principio y le dejó en manos de su albedrío. Si tú quieres, puedes guardar sus mandamientos, y es de sabios hacer su voluntad. Ante ti puso el fuego y el agua; a lo que tú quieras tenderás la mano. Ante el hombre están la vida y la muerte; lo que cada uno quiere, le será dado . Bien a la luz aparece aquí el libre albedrío de la humana voluntad.
4.¿Qué significa el que Dios mande tan repetidas veces guardar y cumplir todos sus preceptos? ¿A qué manda, si no hay libertad? ¿Por qué es bienaventurado aquel de quien el Salmo dice sino que en la ley de Jehová está su delicia? ¿Por ventura no aparece manifiesto que el hombre permanece en la ley de Dios por propia voluntad? Y luego hay muchos mandatos que en cierto modo, pero expresamente, a la voluntad convienen, como No seas vencido de lo malo, y otros semejantes, cuales son: No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, y No desprecies la dirección de tu madre, y No seas sabio en tu propia opinión, y No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, y Guarda la ley y el consejo, y No te niegues a hacer el bien a quien es debido, y No intentes mal contra tu prójimo, y está atento a mi sabiduría, y a mi inteligencia inclina tu oído, para que guardes consejo, y tus labios conserven la ciencia. Porque los labios de la mujer extraña destilan miel, y no escogieron el temor de Jehová, ni quisieron mi consejo, y menospreciaron toda reprensión mía, y otros innumerables que en los antiguos libros de la palabra divina, ¿qué otra cosa prueban sino el libre albedrío de la humana voluntad? Y también en los libros nuevos, así evangélicos como apostólicos, ¿qué se manifiesta donde se dice: No os hagáis tesoros en la tierra, y No temáis a los que matan el cuerpo, y Si alguno quiere venir en pos de mí niéguese a sí mismo, y lo que dice el apóstol Pablo: haga lo que quiera, no peca, que se case. Pero el que está firme en su corazón, sin tener necesidad, sino que es dueño de su propia voluntad, y ha resuelto en su corazón guardar a su hija virgen, bien hace. ? Y también: Si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; y en otro lugar: velad debidamente y no pequéis; y también: Ahora, pues, llevad a cabo el hacerlo, para que como estuvisteis prontos a querer, así también lo estéis en cumplir conforme a lo que tengáis. Y dirigiéndose a Timoteo, dice: porque cuando son impulsadas por sus deseos, se rebelan contra Cristo y quieren casarse. ; y en otro lugar: Y también todos los que quieren vivir piadosamente en cristo Jesús padecerán persecución; y al mismo Timoteo: No descuides el don que hay en ti. Y a Filemón: para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario. Y a los siervos también les advierte que a sus amos sirvan de buena voluntad. Y el apóstol Santiago: Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas y No murmuréis los unos de los otros. También San Juan en su Carta: No améis al mundo, y las demás expresiones de esta especie. Es decir, que cuando en los mandatos divinos «No hagas esto o aquello» o se exige la obra de la voluntad para hacer u omitir algo, bien se prueba la existencia del libre albedrío. Nadie, por consiguiente, haga a Dios responsable cuando peca, sino cúlpese a sí mismo. Ni tampoco, cuando bien obra, juzgue el obrar ajeno a su propia voluntad, porque si libremente obra, entonces existe la obra buena, entonces hay que esperar el premio de aquel de quien está escrito: Quien pagará a cada uno conforme a sus obras.
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