24 ¿Qué relación tuvo Jesús con María Magdalena?
De los evangelios se desprende que María Magdalena sentía un gran amor por Jesús. Había sido librada por él de siete demonios, le seguía como discípula, le asistía con sus bienes (Luc 8:2-3) y estuvo con María, la Madre de Jesús, y las otras mujeres cuando Jesús fue crucificado (Mar 15:40-41 y Mat 27:55). Fue, según los evangelios, la primera a la que se le apareció Jesús después de la resurrección, tras buscarlo con lágrimas (Jua 20:11-18). De ahí la veneración que ha tenido en la Iglesia como testigo del resucitado (véase la pregunta anterior). De estos pasajes no se puede deducir ni que fue una pecadora, ni mucho menos que fue la mujer de Jesús.
Los que sostienen esto último acuden al testimonio de algunos evangelios apócrifos. Todos ellos, quizá con la posible excepción de un núcleo sobre el que se basó el Evangelio de Tomás, son posteriores a los evangelios canónicos y no tienen carácter histórico, sino que son instrumentos para trasmitir enseñanzas gnósticas. Según estas obras —que aunque lleven el nombre de evangelios no son propiamente tales sino escritos que contienen supuestas revelaciones secretas de Jesús a sus discípulos después de la resurrección—, Mariam (o Mariamne o Mariham; no aparece el nombre de Magdalena salvo en unos pocos libros) es la que entiende mejor esas revelaciones. Por eso es la preferida de Jesús y la que recibe una revelación especial. La oposición que en algunos de estos textos (Evangelio de Tomás, Diálogos del Salvador, Pistis Sophía, Evangelio de María) muestran los apóstoles hacia ella por ser mujer refleja, por una parte, la consideración negativa que algunos gnósticos tenían de lo femenino y, por otra, la condición de María como discípula importante (véase la pregunta siguiente).
En otros evangelios apócrifos, especialmente en el Evangelio de Felipe , Mariam (esta vez citada también con el nombre de origen, Magdalena) es modelo de gnóstico, precisamente por su feminidad (véase la pregunta 45: ¿Qué dice el Evangelio de Felipe? ). Ella es símbolo espiritual de seguimiento de Cristo y de unión perfecta con él. En este contexto se habla de un beso de Jesús a María (si es que el texto hay que entenderlo realmente así pues está dañado), simbolizando esa unión, ya que mediante ese beso, una especie de sacramento superior al bautismo y la eucaristía, el gnóstico se engendraba a sí mismo como gnóstico. El tono de estos escritos está absolutamente alejado de implicaciones sexuales y de la realidad histórica. Por eso, ningún estudioso serio entiende estos textos como un testimonio de una relación sexual entre Jesús y María Magdalena.
Es muy triste que esta acusación, que no tiene ningún fundamento histórico, y que ni siquiera los cristianos de la época se vieron obligados a polemizar para defenderse de ella, resurja cada cierto tiempo como una gran novedad.
JUAN CHAPA
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