23 ¿Quién fue María Magdalena?
Los datos que nos ofrecen los evangelios son escuetos. Luc 8:2 nos informa que entre las mujeres que seguían a Jesús y le asistían con sus bienes estaba María Magdalena, es decir, una mujer llamada María, que era oriunda de Migdal Nunayah, en griego Tariquea, una pequeña población junto al lago de Galilea, a 5:5 km al norte de Tiberias. De ella Jesús había expulsado siete demonios (Luc 8:2; Mar 16:9), que es lo mismo que decir «todos los demonios». La expresión puede entenderse como una posesión diabólica, pero también como una enfermedad del cuerpo o del espíritu.
Los evangelios sinópticos la mencionan como la primera de un grupo de mujeres que contemplaron de lejos la crucifixión de Jesús (Mar 15:40-41 y paralelos) y que se quedaron sentadas frente al sepulcro (Mat 27:61) mientras lo sepultaban (Mar 15:47). Señalan que en la madrugada del día después del sábado María Magdalena y otras mujeres volvieron al sepulcro a ungir el cuerpo con los aromas que habían comprado; entonces un joven (un ángel, en Mat 28:5) les comunica que Jesús ha resucitado y les encarga ir a comunicarlo a los discípulos (cf. Mar 16:1-7).
San Juan presenta los mismos datos con pequeñas variantes. María Magdalena está junto a la Virgen María al pie de la cruz (Jua 19:25). Después del sábado, cuando todavía era de noche, se acerca al sepulcro, ve la losa quitada y avisa a Pedro, pensando que alguien había robado el cuerpo de Jesús (Jua 20:1-2).
De vuelta al sepulcro se queda llorando y se encuentra con Jesús resucitado, quien le encarga anunciar a los discípulos su vuelta al Padre (Jua 20:11-18). La gloria y el honor de María radican en que fue la primera en recibir la misión de proclamar la resurrección del Señor.
María Magdalena ha sido identificada a menudo con otras mujeres que aparecen en los evangelios. A partir de los siglos VI y VII, en la Iglesia Latina se tendió a identificar a María Magdalena con la mujer pecadora que, en Galilea, en casa de Simón el fariseo, ungió los pies de Jesús con sus lágrimas (Luc 7:36-50). Por otra parte, algunos Padres y escritores eclesiásticos habían identificado ya a esta mujer pecadora con María, la hermana de Lázaro, que, en Betania, unge con un perfume los pies de Jesús (Jua 12:1-11; Mateo y Marcos, en el pasaje paralelo no dan el nombre de María, sino que dicen que fue una mujer, que la unción fue sobre la cabeza de Jesús y que ocurrió en casa de Simón el leproso: Mat 26:6-13 y Mar 14:3-11). Como consecuencia, debido en buena parte a San Gregorio Magno, en Occidente se extendió la idea de que las tres mujeres eran la misma persona. Sin embargo, según los datos evangélicos no parece que haya que identificar a María Magdalena con María, la que unge a Jesús en Betania, pues presumiblemente ésta es la hermana de Lázaro (Jua 12:2-3).
Tampoco permiten deducir que sea la misma que la mujer pecadora, que según Luc 7:36-49 ungió a Jesús. De todas maneras, no es difícil imaginarse los motivos que han provocado esta identificación, sobre todo si se atiende a la sucesión de los acontecimientos en el evangelio de Lucas y se consideran las escenas desde un punto de vista espiritual. En primer lugar, la unción a Jesús por parte de la mujer pecadora se sitúa inmediatamente antes del pasaje donde se señala que entre las mujeres que asistían a Jesús estaba María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios (Luc 8:2), algo que podía interpretarse como un pasado pecador. En segundo lugar, las dos mujeres se caracterizan por demostrar un gran amor. De la pecadora de Galilea Jesús dice: «Le son perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho» (Luc 7:47), y María Magdalena demuestra también su amor hacia Jesús en la búsqueda del cuerpo de su Maestro y en su encuentro con el resucitado.
(Jua 20:14-18). Por eso, aun cuando se tratara de la misma mujer, la condición de haber sido pecadora no es un desdoro. Pedro fue infiel a Jesús y Pablo un perseguidor de los cristianos. La grandeza no está en que no cometiera errores o pecados sino en su amor. La tradición de la Iglesia, por el papel de María Magdalena en los evangelios, prestó especial atención a su persona. Padres de la Iglesia, escritores eclesiásticos y otras obras destacaron el cometido de María como discípula del Señor y proclamadora del Evangelio. Por eso, ha sido llamada en Oriente isapóstolos (igual que un apóstol) y en Occidente apostola apostolorum (apóstol de apóstoles). En Oriente hay una tradición que dice que fue enterrada en Éfeso y que sus reliquias fueron llevadas a Constantinopla en el siglo IX.
Algunos grupos marginales de la primitiva Iglesia acudieron a la figura de María como recurso para garantizar el valor de sus doctrinas. Estos grupos fueron fundamentalmente sectas gnósticas, en cuyos escritos se presentan supuestas revelaciones secretas de Jesús después de su resurrección a ciertos personajes del Nuevo Testamento. Son relatos ficticios que no tienen fundamento histórico (véase la pregunta siguiente).
En la literatura cristiana medieval, a partir del siglo X, surgieron narraciones legendarias que ensalzaban su persona y que se difundieron sobre todo por Francia. Allí, por ejemplo, nace la leyenda de que María Magdalena, Lázaro y algunos más, cuando se inició la persecución contra los cristianos, fueron de Jerusalén a Marsella y evangelizaron la Provenza. Según esta leyenda, María habría muerto en Aix-en-Provence (o, conforme a otras variantes, Saint Maximin) y sus reliquias habrían sido llevadas a Vézelay. Nada de esto es histórico.
JUAN CHAPA
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