79º 'No mates a nadie, hijo mío'
Era el 6 de diciembre de 1936 y el entonces casi muchacho, cuya vida peligraba en Gerona, ha de huir, montes arriba hacia Francia. Su padre le acompaña hasta la frontera, y, cruzada ésta, los gendarmes franceses le detienen y le registran. En el bolsillo del pantalón hay algo que el muchacho no había visto antes, algo que su padre le había metido en el bolsillo, sin que diera cuenta. Es un papel que el futuro escritor lee emocionado: Dice solo: "No mates a nadie, hijo. Tu padre Joaquín".
¿Puede darse consejo más conmovedor y más humano que éste? ¿No sería más lógico - es decir - más normal, que en plena guerra, ese padre le dijera a su hijo: cuida tu vida, o: ten cuidado a que no te maten?
Aquel hombre sabía que matar es mucho más mortal que morir. Mueren mucho más los que matan que los que caen muertos. , Sólo una enorme locura ha podido hacer olvidar a la humanidad que la bala que asesina destroza antes el corazón y la vida entera del que la dispara. Aquel padre, Joaquín, tenía los ojos limpios. Quería que su hijo volviera, pero no quería que regresara con el alma muerta y el corazón convertido en piedra. Por eso, es absolutamente justo hablar de ' un millón de muertos' en nuestra guerra civil española, aun cuando fueran solamente medio millón. Porque por cada muerto enterrado hay otro muerto - asesino - rodando por el mundo.
Albert Camus aseguraba que, incluso aquellos que eran mejores que otros, no podían evitar de matar porque esto forma parte de la lógica del tiempo en que vivimos.
El cura rural (protagonista de una famosa novela de Bernanos) era aún más radical. El aseguraba que "nuestros pecados ocultos envenenan el aire que otros respiran, y cierto crimen, cuyo germen llevaba algún miserable sin que él lo supiera, no habría madurado nunca sin ese principio de corrupción" que aportan los otros con su pensamientos y deseos malos. "
Si los hombres, escribe Bernanos, pudiéramos ver el mal que nos hacemos los unos a los otros y, sobre todo, el bien que podríamos habernos hecho y que, por cobardía, hemos dejado de hacer, quedaríamos espantados. Me siento feliz de haber llegado a 50 años sin haber matado a nadie, pero me preocupa el haber podido matar o herir con la palabra, con la frialdad o el egoísmo.
Cuando oímos hablar de un robo o un crimen en seguida sentimos compasión por aquel que sufrió el robo o la violencia; y no pensamos en cambio que el verdadero mal lo está padeciendo el autor del robo o de la violencia. Ya Platón en la "Apología de Sócrates, " afirmaba siguiendo su maestro que es peor mal hacerlo que sufrirlo. Che es infinitamente peor ser malvado que sufrir por causa de la maldad. El mal que otros nos hacen quedan en la superficie, no nos hacen malos, mientras que el mal que cometemos nos transforma en malvados.
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