236º “Me costó mucho perdonar a mi ex marido”.
Habían pasado 15 años de nuestra separación, pero no podía todavía arrancar del corazón aquel tremendo rencor hacia mi marido y su nueva familia. Era tan grande el dolor que me había infligido, que. no podía perdonar. Sabía que tenemos que amar a todos y perdonar, pero yo, a costa de ser incoherente como cristiana, no podía perdonar. Prefería entonces, no pensar demasiado en eso.
A través de los abuelos, mis hijos habían retomado después de años a visitar a su padre. Un día me pidieron que ayudara a mi ex marido a encontrar un trabajo porque había quedado desocupado y sus 'hermanos' se encontraban en gran dificultad.
Comprendí que no podía desilusionarlos y escandalizarlos. Con un enorme esfuerzo prometí a mis hijos que habría ayudado a mi ex - marido. No me resultó nada fácil. Tuve que superar mi orgullo y mis rencores. Así que pedí un favor a quien podía responder y tuve también que insistir en mi pedido, dado que se sabía que se trataba de mi ex - marido y se sabía el motivo de mi separación. Ni la gente ni mi misma familia me podían comprender. Cuando me llamaron por teléfono para decirme que el puesto de trabajo estaba listo, he sentido una alegría nueva en mí. He comprendido que Dios había eliminado de mi corazón el rencor y me había restituido la libertad después de tanto años de dolor. (Cittá Nuova Nov de 1966. n 22)
Todos somos pecadores y necesitamos del perdón de Dios. Por eso la alegría de aquella esposa abandonada fue la experiencia del perdón que ella misma había recibido de Dios. “Porque si Uds. perdonan las ofensas de los hombres, también el Padre celestial los per donará” (Mat 6:15)
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