216º Hay que amar los ‘dientes de león’ que no se pueden arrancar.
Un hombre se sentía muy orgulloso del césped de su jardín. Un día encontró que en dicho césped habían crecido unos cuantos “dientes de león”. Trató por todos los medios de librarse de ellos, pero no pudo impedir que se convirtieran en una auténtica llaga.
Al fin escribió al ministro de agricultura refiriéndole todos los intentos que había hecho y concluía la carta preguntando: ¿”Qué puedo hacer”? Al poco tiempo llegó la respuesta: “Le sugerimos que aprenda a amar a estos dientes de león”.
No tenemos el derecho de cambiar a los demás. Lo único que depende de nosotros es cambiarnos a nosotros mismos dando un ejemplo a los demás para que ellos también cambien. A los demás tenemos que aceptarlos así como son aunque con el deseo de que se corrijan de sus defectos. Tenemos que comportarnos como el médico que ama al enfermo aunque no esté de acuerdo con su enfermedad.
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