202º El entierro de la parroquia
En las paredes de las casas y en los diarios de la ciudad apareció un extraño anuncio fúnebre: “Con profundo dolor anunciamos la muerte de la parroquia de Sta. Eufrosia. El entierro será el Domingo a las once horas. El Domingo, naturalmente, la iglesia de Sta Eufrosia estaba como nunca llena de gente hasta el tope. No había un solo lugar libre, ni siquiera parados. Delante del altar estaba el túmulo con el ataúd de madera oscura. El párroco pronunció un simple discurso: “No creo que nuestra parroquia pueda reanimarse y resucitar; pero desde el momento que estamos casi todos aquí quiero hacer una extrema tentativa. Les invito a pasar todos delante del ataúd para dar una última mirada a la difunta parroquia.
Desfilarán uno por uno y después de haber mirado el cadáver saldrán todos por la sacristía. Luego los que quieran, podrán entrar por el portón de la iglesia para la S. Misa.
El párroco abrió el ataúd. Todos se preguntaban: “¿Quién estará dentro? ¿Quién de veras ha muerto
Comenzaron a desfilar lentamente. Cada uno se asomaba al ataúd, miraba dentro y luego salía de la iglesia. Salían todos en silencio y un poco preocupados, porque todos los que quisieron ver el cadáver de la parroquia y miraban en el ataúd, veían, en un espejo colocado en el fondo del cajón, su propio rostro.
La Iglesia no son los obispos ni los sacerdotes o los religiosos sino todos los bautizados. Todos los que fuimos insertados en Cristo por la fe y el bautismo somos " piedras vivas con las que se construye el templo espiritual destinado al culto perfecto, en el que, por Cristo Jesús, se ofrecen sacrificios espirituales agradables al Padre” (1Pe 2:5) No tiene sentido, pero sucede continuamente, que un cristiano se queje de la Iglesia porque no hace esto o aquello, como si él no fuera, al menos en parte, responsable de lo que la Iglesia es.
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