200º A un cantante le esperaba una multitud; a un misionero, nadie.
Un misionero que había evangelizado en la China por muchos años y un famoso cantante que había estado solamente por dos semanas allí, volvían a los EE. UU, viajando en el mismo barco. Cuando llegaron a New York, el misionero vio una gran muchedumbre que aclamaba al cantante. “Oh Dios. Yo no entiendo, se dijo para sí el misionero. Yo he dedicado cuarenta y dos años de mi vida a la China y este cantante ha demorado allí solamente dos semanas y sin embargo hay miles de personas que lo están esperando para darle la bienvenida.
Y el Señor le contestó: “Hijo mío, pero tú no has vuelto todavía a casa”.
Para aquellos que tienen la misión de esparcir el amor por el ancho mundo, su casa es la casa del Padre y allí tendrán el recibimiento triunfal. "Gratis han recibido y gratis tienen que dar" (Mat 10:18) El amor tiene que ser también libre. Libre y gratuito, sin mirar en la recompensa.
La fe es un don gratuito de Dios, nada hicimos para merecerla; es por eso que evangelizar es un deber una necesidad "Pobre de mi si no anuncio el evangelio"(1Co 9:16)
Y la recompensa, el premio merecido, ¿no tienen importancia ninguna? ¿No hay que tener en cuenta el paraíso que nos espera después de tantos sacrificios y renuncias? Sí, claro, pero esperamos el paraíso no como el objetivo o el fin principal de nuestras acciones, sino como una consecuencia natural que sigue al que ha trabajado sin pensar en él. "Busquen primero el Reino y su justicia y todas esas cosas vendrán por añadidura" (Mat 6:33). No hay que hacer el bien como medio alcanzar la felicidad; sería esta una actitud egoísta. Es lo que decía el gran filósofo E. Kant: "No hay que buscar la felicidad sino ser digno de ella"
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