198º Nuestros pecados están escritos en la arena.
Los fariseos llevaron a Jesús a una mujer sorprendida en adulterio. Buscaban un pretexto para acusar a Jesús. Pero Jesús miraba hacia el suelo y escribía con el dedo en la arena. (¡Un
tribunal muy extraño! El juez escribe en la arena y no quedará nada de lo que escribe. Bastará el viento de la tarde y todo habrá sido borrado. Ningún verbal, ni secretarios para redactar las actas). Dado que insistían, Jesús levantó la cabeza y dijo: “Quien entre ustedes no tiene pecado que lance la primera piedra”. Y volvió a escribir en la arena. Muy pronto se fueron todos y Jesús se quedó solo con la mujer. Jesús se levantó. Una simple mirada. Una simple palabra. ” ¿Nadie te ha condenado?”. “Nadie, Señor”. “Tampoco yo te condeno. Vete y no pecar más en adelante”.
Hay alguien que quiere transformar a Dios en una especie de computadora que conserva todo lo que se escribe; Dios como una máquina. No es así. El único libro de cuentas de Dios es la arena. ¿Perdieron un a vez un objeto en la arena? Imposible volver a encontrarlo. La arena traga todo, la arena olvida todo, la arena borra todo. No queda nada en la arena y todo desaparece en el polvo.
Jesús escribe en el polvo. La mujer acusada de adulterio está delante de él. Jesús escribe en la arena porque para Jesús el pecado ya está perdonado. Para Jesús el pecado se borra como todo lo que está escrito en la arena.
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