178º “Me dejaron solo. Nadie me vino a buscar”
Un niño llegó a su casa llorando. El abuelo le vino al encuentro y lo abrazó, pero el niño seguía llorando. El abuelo lo acarició buscando tranquilizarlo. "¿Te pegaron?" le preguntó. El niño contestó que no, moviendo la cabeza. "Te robaron la merienda?" "No" contestó sollozando el niño. "Yo jugaba a la escondida y me había escondido muy bien. Estaba allá esperando. Pero el tiempo pasaba. A un cierto momento salí afuera y... me di cuenta que mis compañeros habían terminado el juego y se habían ido todos a su casa. Nadie me vino a buscar. ¡"Nadie me vino a buscar!"
Dios sí que nos está siempre buscando, sobre todo cuando nos hemos alejado de él. La conciencia es la voz de Dios que nos busca como a los primeros hombres en el jardín del Edén. "Adán, Adán, ¿dónde estas? (Gén 3:8)
La diferencia entre el pecador y aquel niño del cuento es que el pecador no quiere que Dios lo encuentre. Tiene miedo de Dios porque no sabe que Dios es Padre y envió a su Hijo Jesús no para condenar al mundo sino para salvarlo. (Cfr. Jua 12:47)
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