164º El Dios de las quinielas
Entré un día en la casa de una familia cristiana; me senté, charlé, tomé el té y noté que en una esquina de la habitación había una estatua de la virgen María que entre los dedos de la mano tenía un papel doblado.
Me picó la curiosidad, y aproveché el momento de la despedida, al pasar de uno a otro en la familia, para acercarme al rincón y echar una mirada rápida al pequeño papel. En efecto el papel doblado, en las manos de la imagen sagrada, era un billete de la lotería. Lo comprendí todo: la familia piadosa, la pobreza, la esperanza en la Providencia estatal de la lotería. Algo que no estaba en manos del hombre (parece que es una de las pocas cosas en que no se hacen trampas) y, por tanto, estaba pura y exclusivamente en manos de Dios. Rogémosle a él y hagámosle fácil satisfacer nuestras necesidades y oír nuestras oraciones a un tiempo. Una vuelta más al boletero, sale el número y todos felices.
¿Qué problema ese billete de lotería le estará causando a Dios? ¿Qué va a hacer con él? Además ése no es el único billete por el que se han elevado oraciones. Hay otras familias piadosas y necesitadas que han pensado lo mismo y rogado lo mismo ¿Qué va a hacer Dios ahora? ¿Echar a suerte entre los que han rogado? Eso sería otra lotería. Pero lo más serio es que, si Dios decide que le toque el gordo al billete que cuelga de las manos de la estatua, pronto se sabrá y cundirá la voz de que con poner el billete en las manos de una estatua toca el gordo y no va a haber estatuas en todo el país para el próximo sorteo.
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