152º La princesa árabe, encerrada con su amante, no pudo más.
Una princesa árabe se había enamorado de un esclavo y quería a toda costa casarse con él. Todos los esfuerzos del rey por disuadirla de su propósito resultaron inútiles. Al fin se presentó en la corte un sabio y anciano médico que, al enterarse del caso, el dijo al rey: "Majestad, si se le prohibe a la princesa casarse con este hombre, lo que ocurrirá es que ella se enojará y se sentirá aún más atraída por él. Le aconsejo que encierre a los dos en una celda por treinta días y treinta noches. Si al final se siguen queriendo se casarán"... El rey aceptó.
La princesa loca de alegría, le dio un abrazo a su papá y aceptó quedarse encerrada en una celda por un mes con su amado esclavo. Todo marchó lo más bien por una semana, pero no tardó en presentarse el cansancio Antes de que pasaran quince días ya la princesa estaba suspirando por otro tipo de hombre. La irritaba y exasperaba todo cuanto le dijera o hiciera su amante.
Al cabo de tres semanas estaba tan harta que se puso a chillar y golpear la puerta de la celda hasta que finalmente la liberaron. Cuando por fin salió se echó en brazos de su padre, feliz de la vida por haberla liberada de aquel hombre al que había llegado a aborrecer.
Amar no es lo mismo que sentirse atraído por las cualidades del otro, sino quererlo como persona única e insustituible y desear hacerlo feliz a costa también de renuncias y sacrificios. Las cualidades de la persona tarde o temprano se esfuman, pero la persona queda para siempre.
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