147º Voy a repetir cinco veces el alfabeto y Tú o Dios, formarás mi oración.
Había un campesino, tan bueno como inculto, que tenía que hacer grandes esfuerzos para orar. Iba, por ello, llevando siempre consigo su libro de oraciones que, luego, a la caída de la tarde, leía poco más que deletreando. Sucedió que un día, durante un viaje, descubrió, al llegar la noche, que se había olvidado su libro de oraciones. ¿Qué hacer? ¿Cómo acostarse sin rezar? Trató de hacer un gran esfuerzo para ver si conseguía recordar alguna oración, pero imposible, no sabía ni dos palabras seguidas.
Y entonces, como era un creyente bueno y sencillo, se volvió hacia Dios y le dijo: "Señor, Tú sabes que soy muy distraído y que he dejado en casa mi libro de oraciones. También sabes que soy un burro y que no se de memoria ni una sola. Pero, verás, voy a hacer una cosa: voy a recitar cinco veces y muy despacio todo el alfabeto, entonces Tú tomarás las letras, las irás juntando como se debe y con ellas formarás la oración que a Ti te guste más".
Podemos estar seguros de que a Dios aquel analfabeto le gustó mucho más que toda las plegarias que jamás hayan construido todos lo predicadores del mundo.
La ocurrencia de aquel campesino puede ser una interpretación válida de aquella expresión de
S. Pablo: "El propio Espíritu nos viene a socorrer en nuestra debilidad; porque no sabemos qué pedir ni cómo pedir en nuestras oraciones. Pero el Espíritu Santo ruega por nosotros, con gemidos y súplicas que no se pueden expresar" (Rom 8:26) Nosotros rezamos como somos capaces y el Espíritu Santo, mientras nuestras oraciones están de viaje para llegar a Dios, las arregla para que sea bien aceptas.
La oración de este campesino está muy de acuerdo con la oración que el mismo Jesús nos enseñó. Es una forma diversa de pedir a Dios: "Que se haga tu voluntad". Si Dios es nuestro Padre, y sabe mejor que nosotros lo que necesitamos, ¿cómo podemos pensar que él no sepa lo que en realidad nos hace falta? La ingenuidad de este campesino es una enseñanza muy original por todos nosotros que sabemos quizás mucha teología y nos creemos tan sabios que pretendemos sugerir a Dios lo que tiene que darnos.
148 ¿Cómo le gustaría a un niño su fiesta de cumpleaños?
En la Universidad de Lovaina han realizado una encuesta (que luego se ha repetido en varios países y siempre con parecidos resultados) en la que se daban a niños tres dibujos que representaban diversos modos de celebrar su cumpleaños y se les pedía que dijeran cuál le gustaba más:
1º - En el primero se representaba a un niño solo, sentado en el suelo y rodeado de toda clase de juguetes.
2º - En el segundo el mismo niño estaba sentado en la mesa con sus padres, mientras se disponía a abrir un gran paquete con un regalo.
3º - En el tercero se representaba al mismo niño rodeado de muchos compañeros, padres y familiares, todos jugando y divirtiéndose, pero sin ningún juguete.
¿Saben en qué proporción fueron elegidos estos dibujos? Sólo un quince por ciento escogió el primero. Otro 15% se inclinó por el segundo. Un 70% prefirió sin vacilar el tercero.
A la hora de la verdad los niños saben bien que el mejor de todos los regalos es la amistad, la compañía, y han entendido que, en circunstancias normales, hay mucha más felicidad en la comunidad que en la soledad y que una cosa no es enteramente buena más que cuando se comparte.
Los padres muchas veces no saben lo que más necesitan sus hijos. Creen que les pueda satisfacer plenamente los juguetes que ven en la televisión o que poseen sus compañeros de escuela. Pero lo que de veras necesitan no son tantos cosas sino cariño y compañía.
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