115º La fe de un musulmán y el respeto humano de los cristianos.
Un empleado de la 'Tele' me cuenta que cuando el mes pasado había ido, con su equipo, a Egipto para realizar varias filmaciones, ahí fue recibido por el director general de la Televisión Egipcia. Después de darles todas las facilidades para su trabajo, se despidió de el regalándole un ejemplar del Corán, no sin antes poner respetuosamente los labios sobre la portada del libro. "Que Aláh los proteja en su tarea", les dijo. Y lo hizo - me decía mi compañero - con un respeto, una naturalidad tal, que el grupo, se sintió sinceramente emocionado.
Y ahora díganme ustedes, comenta Martín Descalzo. , si se imaginan a cualquiera de nuestros altos jefes de la Televisión Española haciendo un gesto semejante con los Evangelios. Díganme, incluso, si lo haría, con esa espontánea sinceridad, un arzobispo español a un grupo de desconocidos. Me temo que todos ellos encontrarían ocho mil razones para no hacerlo. "¿Qué van a pensar? A lo mejor se ríen del regalo" etc.
Lo que más me sorprendió en un viaje por Oriente es la absoluta naturalidad con la que lo religioso se inserta en la vida de los creyentes. Mi primer recuerdo de los países árabes es el de un musulmán postrado en el aeropuerto de El Cairo haciendo sus oraciones sobre el cemento de la pista, insensible al gruñido de los motores de los aviones.
No hace muchos días un amigo me contaba que, en una de esas largas esperas de los aeropuertos, decidió rezar el rosario. Y su mujer le decía: "Pasa las cuentas de las Aves María con el rosario en el bolsillo; no está bien que te vean rezar; se van a reír de ti". Y mi amigo le respondió: "Si aquella pareja de muchachos del sillón de enfrente siguen besándose sin sentir vergüenza ¿por qué tendría que avergonzarme rezando el rosario.
Este tipo de vergüenza se llama 'respeto humano'; es decir, una cierta timidez que nos da el manifestar nuestra fe. Sobre todo los adolescentes sufren de este respeto humano, pero no es raro encontrar este mismo temor en los adultos. Es que no se sienten seguros en su fe; no tienen una personalidad cristiana adulta, no tienen una fe bien fundada y capaz de resistir a los embates de la crítica y del ambiente indiferente u hostil.
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