Escucha activa
Definición. Disposición y competencia comunicativa por la cual el agente de pastoral acoge plenamente al otro —su rostro, su voz, su historia y su silencio— concentrando la atención no en formular una respuesta, sino en comprender lo que la persona expresa y lo que aún no logra decir. Tomada del counselling y de la tradición de la humanización del cuidado, integra tres actitudes: empatía (entrar en el marco de referencia del otro), aceptación incondicional (acoger sin juzgar) y autenticidad (presencia verdadera, no simulada). No es una técnica para «manejar» al interlocutor, sino una forma de reverencia ante su dignidad.
Raíz doctrinal. Hunde sus raíces en el Dios que se comunica y que primero escucha el clamor de su pueblo (cf. Ex 3,7). En el magisterio reciente, León XIV recuerda que el rostro y la voz son rasgos únicos, distintivos de cada persona; manifiestan su propia identidad irrepetible y son el elemento constitutivo de todo encuentro (CVR). Custodiar esas voces y rostros es, en última instancia, una tarea antropológica antes que técnica. Magnifica Humanitas advierte, en sentido complementario, que la palabra simulada por la IA no construye una relación, sino una apariencia, y que el riesgo mayor es que la persona «pierda el deseo mismo de buscar realmente al otro» (MH 100). La escucha activa es, por tanto, ejercicio concreto de la ecología de la comunicación y de la opción por los más vulnerables.
En la Arquidiócesis. Es la actitud fundante del proceso sinodal. El Proyecto Pastoral nace de «la escucha atenta al pueblo de Dios» y reconoce que en la primera etapa del II Sínodo se aprendió «el valor de saber escuchar y escucharnos mutuamente», recogiendo voces de esperanza de quienes viven su fe en medio de la pobreza, la violencia y la marginación. Junto con el discernimiento comunitario y la aplicación pastoral, la escucha es una de las «actitudes esenciales que deben ser cultivadas de manera permanente». Aplicada a la comunicación, vincula la conversión pastoral (escuchar lo que el Espíritu dice a las Iglesias, cf. Ap 2,29) con la dimensión social (escuchar a los descartados antes de hablar sobre ellos), y se traduce operativamente en consulta a las comunidades antes de producir contenidos, lenguaje que recoge la voz local —incluidas las versiones en idiomas mayas— y espacios reales de respuesta, no solo de difusión.
No es. No es oír mientras se prepara la réplica (*), ni un silencio cortés que precede a la imposición del propio mensaje. No es extraer información para persuadir u «optimizar la interacción». No es delegar el acompañamiento en un chatbot «afectuoso» que simula empatía. Y no es una fase previa que se cierra: la escucha permanece abierta a lo largo de todo el proceso comunicativo, no como gesto introductorio que luego se abandona.
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* "Réplica" aquí significa la respuesta que uno va a dar — concretamente, lo que se está formulando mentalmente para contestar mientras la otra persona todavía habla.
La frase describe una falsa escucha muy común: la persona aparenta oír, pero en realidad su atención está ocupada en armar lo que dirá a continuación. No está recibiendo al otro; está esperando su turno. "Réplica" tiene aquí un matiz de respuesta que contesta o rebate —en latín replicare, "doblar hacia atrás", de donde viene también "réplica" como contraargumento—, así que evoca a quien ya tiene una contestación lista y solo aguarda el hueco para soltarla.
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