Vida saludable
Jaime Escobar Triana (Colombia), Universidad El Bosque
Vida y vivir › Estados vitales
Conceptualización. La armonía entre lo psíquico (comunicación), lo simbólico (lenguaje) y lo biológico (orgánico, el cuerpo que tenemos), constituyentes
oponga en particular a la bioética. Por eso es más apropiado considerar que el campo particular de la vida buena del que se ocupa la bioética es aquel que queda delimitado por la articulación entre salud integral y justicia bajo el concepto de vida saludable (v. ), un concepto que incluye la consideración de las relaciones de la vida humana con otras formas de vida y con el medio ambiente. Pero el concepto de “vida saludable”, que requiere la síntesis entre los valores humanos que expresan las dimensiones morales y las evidencias científicas y criterios de eficacia técnica de las ciencias de la vida y la atención de la salud, tiene varias posibilidades de ser atacado por intentos reduccionistas. La llamada “medicalización” de la vida no es más que un reduccionismo por las ciencias de la vida y la salud de los valores humanos en toda la complejidad de sus interrelaciones integradas por la idea de justicia. Pero también cabe un reduccionismo de sentido contrario cuando desde la idea de justicia (como concepto del derecho) se cae en una “judicialización” de la vida. También desde la justicia, en tanto concepto ético, se puede caer en el “fundamentalismo moral” si la justicia es entendida como reducible a la noción de autonomía. De lo anterior cabe pensar que las dimensiones morales de las ciencias de la vida y la salud serán entonces aquellos valores humanos que hacen a la vida saludable, y que para superar las generalizaciones del “transformar a todos” de la biopolítica o del “enseñar a todos” de la biopedagogía, debemos elegir una alternativa por la cual alguien que trabaja en bioética se reconozca como sujeto único de transformación, y por tanto de aprendizaje para transformarse. Ese “para”, en tanto pretensión práctico-normativa que requiere especificar los contextos de acción, lleva a las cuestiones metodológicas. Y para ello hay que señalar dos especificaciones contextuales de la vida saludable en tanto vivir –morir en salud– enfermedad: el ciclo vital humano (reproducción, niñez, adolescencia, adultez, ancianidad) como tiempo de ese contexto, y América Latina como el espacio de ese contexto.
[J. C. T.]
indivisibles del ser humano, proporciona una vida saludable, satisfactoria para el individuo; le permite proyectarse en el horizonte que lo rodea, proponerse metas con proyectos de vida anhelada, mantener la convivencia con los demás y satisfacer sus necesidades materiales, sociales y culturales (el cuerpo
Diccionario Latinoaméricano de Bioética
que somos) en un nicho ecológico apropiado. La salud así entendida es un proceso inestable, no un estado, que se da en la incertidumbre y al borde del caos. Esa homeostasis, propia de los sistemas vivos autoorganizados, permite introducir a la concepción de la salud una causalidad no lineal e interpretarla como equilibrio dinámico. Para mantener la vida, los seres vivientes deben alejarse del equilibrio termodinámico, desafiar la entropía mediante el intercambio continuo de materia, energía e información. Esta necesaria apertura del ser vivo lo hace débil y precario, expuesto al peligro permanente. Una homeostasis en la cual, si se pierde ese balance, se produce la muerte. Las relaciones y dependencias recíprocas de todos los fenómenos físicos, biológicos, psicológicos, sociales y culturales permiten esa nueva visión de la realidad en la que se inserta la vida y la salud humanas; organismos, sistemas sociales y ecosistemas están interconectados y son interdependientes. Afectan todos los aspectos de la vida cotidiana y, desde luego, la salud. Los organismos vivos, al mismo tiempo que preservan un equilibrio interno, mantienen en cierta medida una apertura al mundo externo de intercambio de energía. El hombre como sistema vivo es un todo integrado y el concepto de salud, según la visión de los organismos vivientes, tiene que necesariamente relacionarse con el medio ambiente, y de esta relación, y de los propósitos y metas señalados ya, depende su condición de salud. Sin embargo, el factor individual, subjetivo, en lo concerniente acerca de lo que es la salud para una persona, puede variar en relación con otra y con una condición de vida en una etapa dada y aun en cada momento vital, y entender así qué es la vida saludable para cada quien. Esto permite aclarar la comprensión de las metas de la atención médica y aumentar la confianza del paciente cuando se tienen en cuenta sus valores, que no siempre coinciden con los del médico.
Vida saludable y determinantes sociales. De otra parte, los fenómenos sociales afectan de forma positiva o negativa a la vida. En esta se da el caso de la exclusión social causada por factores como el desempleo, la pobreza, la discriminación por sexo, religión, etnia, idioma, y que determina la privación de sustento, de vivienda, de bienes públicos, de acceso y uso de los servicios de educación y de salud, de participación política, de sociabilidad y de satisfacción. La exclusión social trata específicamente de las privaciones originadas en las relaciones deficientes que impiden que los individuos hagan parte de la vida en comunidad. Son procesos de desintegración social y de ruptura de las conexiones y de las interacciones sociales con ciertos grupos o individuos. Es un concepto más amplio que el de la pobreza y comprende el estudio de individuos y grupos inmersos en sus ubicaciones familiares, comunitarias, sociales,
con las asociaciones y las instituciones del Estado. Las causas y consecuencias de estos desgarros y rupturas de esta red de vínculos determinan el desempeño de los seres humanos en diversas dimensiones biopsicosociales y culturales de la vida, es decir, su salud. Para las personas que sufren la exclusión, las desventajas concretas afectan negativamente sus formas de vida. Las diversas limitaciones demeritan las libertades instrumentales fundamentales (oportunidades económicas, libertades políticas, servicios sociales, garantía de transparencia y seguridad protectora) cuya expansión Amartya Sen (2000) considera indispensable para el desarrollo, en el sentido de que las personas puedan realizar las cosas que valoran en la vida y ejercer su agencia y autonomía. La vida saludable es afectada por la exclusión social en los países en vías de desarrollo y particularmente en Latinoamérica y el Caribe en donde nunca se ha gozado de empleo pleno ni de las garantías del Estado de bienestar para todos o para la mayoría de sus habitantes. Los problemas de exclusión social, de justicia, de equidad han sido crónicos y merecen atención urgente. Además de la pobreza, se pueden distinguir grupos de personas excluidas a quienes se les niega o se les limita aún más el acceso a los servicios y las oportunidades para superar la pobreza: mujeres pobres, afrodescendientes, indígenas, personas con discapacidades o enfermedades como la malaria, la infección por VIH y el sida. De acuerdo con un modelo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud y el bienestar están determinados por la interrelación de factores tan diversos como el desarrollo social y económico, la sanidad ambiental, la disponibilidad de agua, el acceso a la educación, al trabajo, a la prestación de servicios de salud, a la recreación, las redes sociales y, por último, las características biopsicológicas y los estilos de vida. Se pueden agregar otros fenómenos como las infecciones emergentes, entre ellas el VIH y el sida, la inseguridad social, la violencia, los conflictos, la farmacodependencia y el narcotráfico.
Referencias
Alberto Concha. “Impacto social y económico de la violencia en las Américas”, Bogotá, Ins. Biomédica 22:347-360, 2002. - Jaime Escobar Triana. “Comprensión sistémica de la salud y calidad de vida”, Bios y Ethos, N° 15, Bogotá, Universidad El Bosque, 2000, pp. 55 y ss. - B. Kosko. Pensamiento borroso, Barcelona, Dracontos, 1995. - R. Leaky, R. Lewin. La sexta extinción. El futuro de la vida y de la humanidad, Barcelona, Tusquets, 1997. - J. Malherbe. Hacia una Ética de la Medicina, Bogotá, San Pablo, 1993. - Amartya Sen. Desarrollo y libertad, Ed. Planeta Colombiana, 2000.
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