Trabajo social
Carlos Eroles (Argentina), Universidad de Buenos Aires
Medicina y profesiones de la salud
El trabajo social como profesión. El trabajo social es una disciplina del campo común de las ciencias sociales que apunta a fortalecer la capacidad de autogestión de las personas, las familias y los grupos sociales. Cuando decimos autogestionarse
queremos señalar que el primer protagonista del progreso, del cambio y del desarrollo son las personas y las familias organizadas en comunidad. Nuestra tarea es apuntar a esa capacidad organizativa comunitaria, así como a la educación social y familiar, para afrontar los desafíos, conflictos y problemas de la vida cotidiana. Siempre que hablamos de trabajo social estamos haciendo referencia a una relación de diálogo y de cooperación, donde a partir de la construcción de vínculos positivos se fortalece a los sectores populares para lograr el mejoramiento de su calidad de vida. El trabajo social, como otras profesiones del campo social, tiene un anclaje muy concreto en la realidad, donde transcurre la vida cotidiana de las personas en sociedad. Se orienta por principios éticos, inspirados en los conceptos de dignidad y Derechos Humanos, e intenta contribuir a objetivos sociales de justicia social, libertad y participación. Debe caracterizarse, en el desarrollo de su actividad, por una perspectiva crítica y por un compromiso con la cuestión social. Se entiende por perspectiva crítica la visión que apunta hacia una transformación de la realidad social, a partir de una direccionalidad ético-política. Y por cuestión social, el avance en el mundo contemporáneo, y particularmente en la región latinoamericana, de la desigualdad y la exclusión social, dadas, entre otros elementos, por la brecha creciente entre riqueza y desarrollo, por una parte, y pobreza y marginación, por la otra. Es decir, que el trabajo social debe canalizar sus intervenciones a partir de una percepción contextualizada de la realidad que afrontan los sectores populares. Y complementar lo contextual a partir de una visión situada en el espacio de América Latina.
La intervención en lo social. El compromiso que apunta hacia una gradual transformación de la realidad que afrontan las personas, los grupos sociales y la comunidades, exige una sólida formación científica, que conduzca hacia la producción de una praxis social, entendida como una teoría que se confronta en la práctica y a partir de la cual surge una nueva visión teórica, que otra vez se desenvuelve y modifica en la práctica. La intervención en lo social se traduce en una serie de acciones (teórico-prácticas y técnico-operativas), o sea en opciones instrumentales y ético-políticas, que permitan discernir la direccionalidad de la acción. La intervención profesional se manifiesta, entonces, a través de sus resultados o productos, pero se define esencialmente por el proceso de trabajo y por la finalidad (Eroles, 2005). En el caso de la profesión de trabajo social la intervención directa (es decir aquella que produce efectos inmediatos sobre los sujetos destinatarios) se manifiesta en las siguientes acciones: clarificar, apoyar, informar, asistir, asesorar, persuadir, influir, controlar,
poner en relación, crear oportunidades, etc. Los resultados de la intervención pueden evaluarse en función de lo exclusivamente técnico, en términos de eficiencia y eficacia, o bien, sumar a estos otros de carácter ético como el fortalecimiento de la autonomía, el bienestar individual y colectivo, la disminución de la desigualdad y, en general, la defensa y promoción de los Derechos Humanos. Por ello, entre trabajo social y Derechos Humanos hay lazos muy profundos que tienen mucho que ver con los conceptos de vida y salud. Se afecta el derecho a la vida cuando se produce una muerte o la desaparición forzada de una persona en el marco de episodios producidos por el terrorismo de Estado y el terrorismo político. Pero también se afecta el derecho a la vida cuando en el campo de la salud o de la nutrición se produce una muerte evitable, en el marco de circunstancias fácticas desfavorables, por la aplicación de políticas o prestaciones insuficientes o de prácticas inadecuadas. Problemáticas como el hambre, la desnutrición, la pobreza extrema, afectan el derecho a la vida. Pero también lo afectan la insuficiencia de infraestructura sanitaria, la carencia de cloacas, la contaminación del agua.
El trabajo social en el ámbito de la salud. Vida y salud guardan una correlación estrecha. Considerando que “La salud es un derecho fundamental de todos los seres humanos [...] implica que todos estén en igualdad de condiciones para planificar su vida y para [...] recibir prestaciones médicas fundadas en la necesidad y no en los medios económicos que disponga una persona para pagar por los servicios”, el área o sector salud puede definirse como “el conjunto de recursos humanos, materiales y económicos que la sociedad destina principalmente a la atención de sus enfermedades y a la prevención de las mismas, con énfasis en el bienestar y la calidad de vida”. (Tullio, 1998). La salud es un campo importante en el desempeño profesional de los trabajadores sociales. Muchos lo hacen insertos desde hospitales y centros periféricos de salud, otros en programas de atención primaria de salud (servicio social hospitalario) y otros en diversos programas que se desarrollan en espacios comunitarios. La acción profesional generalmente se realiza integrando equipos interdisciplinarios y, en algunos casos, como profesionales miembros de comités de bioética. Es importante que sean los trabajadores sociales los que propongan, a modo de punto de partida, la conceptualización del paciente como sujeto pleno de derechos, lo que convierte a la salud en un ámbito fundamental para la construcción de ciudadanía. A partir de allí, la complejidad del ámbito de la salud requerirá la adopción de posiciones frente a cada uno de los hechos que plantean opciones excluyentes, porque significan la elección de valores. Generalmente
e sitúa a los equipos intervinientes frente a pares de conceptos contradictorios, como gratuidadlucro; competencia-solidaridad; calidad de vidadeterioro; autonomía-dependencia; integraciónexclusión; modelo médico hegemónico-modelo participativo y democrático; participación-paternalismo; paciente sujeto de derechos-paciente objeto pasivo de la intervención profesional; justicia-arbitrariedad. En síntesis, si “todos los seres humanos tienen derecho, un derecho inmutable y universal, que les permite desarrollar, crear y recrear sus capacidades con el fin de satisfacer sus necesidades en la sociedad” (Lamas, 2000), en el ámbito de la salud, toda práctica, institucional o profesional, debe adecuarse a las exigencias de respeto y valoración de los Derechos Humanos. El trabajo social tiene en este aspecto un papel significativo a cumplir dentro de los equipos interdisciplinarios: asumirse como promotor de ciudadanía, lo que implica considerar al paciente como sujeto pleno de derechos y protagonista central en la construcción de la salud. Y también luchar por la accesibilidad a los servicios en igualdad de condiciones para todos. Ello exige, como un paso decisivo, que el equipo de salud se asuma también como eje fundamental de esta concepción ética situada desde una visión latinoamericana y de Derechos Humanos. En esta perspectiva, la salud adquiere su verdadera dimensión dado que de lo contrario corre el serio riesgo de quedar atrapada por el fundamentalismo de mercado. Por ello es de la máxima importancia replantear las políticas del área, cuando la pauperización creciente de los trabajadores y de los sectores medios convierte al hospital público y al ámbito público en el epicentro esencial del sistema de salud. Ser la “voz de los sin voz“ requiere –partiendo del reconocimiento del problema de la inaccesibilidad a los derechos– colocarse junto al otro afectado, que tiene, en términos bíblicos, “hambre y sed de justicia” y, desde el encuentro fecundo y profundo en una perspectiva humana, dejarse “con-mover” por el dolor, movilizando todas las energías en reclamo del derecho. En definitiva, se trata de saber establecer las alianzas, a partir de sostener que el portador de la salud es el pueblo, o si se prefiere el polo “personacomunidad. Por último, la capacidad de ser alternativa es asumir la crisis como un desafío para construir otro modelo de salud, signado por el encuentro, el trabajo en común y la participación. Trabajar juntos por los derechos de todos. Buscar la coherencia en la ética del encuentro a partir de la participación y la solidaridad, parece el camino más auténtico para hacer del trabajo social, en el campo de la salud comunitaria, una herramienta para la transformación de la realidad (Eroles, 2006).
Referencias Carlos Eroles (coord.). Glosario de temas fundamentales en Trabajo Social, Buenos Aires, Espacio Editorial, 2005. - Ángel A. Tullio. “El médico, los pacientes y los derechos humanos”, en Libro de Ponencias del Congreso Internacional de Derechos Humanos, Universidad Nacional de Lomas de Zamora, 1998. - Mónica Lamas. “El derecho a la educación y el trabajo social”, monografía presentada en la cátedra “Niñez, Familia y Derechos Humanos”, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, julio 2000. - Carlos Eroles. “Trabajo Social, bioética y derechos humanos”, en www.biosur.org.ar, con acceso en noviembre de 2006.
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